Por: Álvaro Cedeño 5 octubre, 2015

Cuando salimos a caminar a campo traviesa, no nos vamos quejando de las irregularidades del camino. Más bien, en todas ellas encontramos reto y diversión que nos demandan atención y esfuerzo. En cambio, cuando vamos caminando por la acera, cualquier irregularidad nos disgusta y nos lleva a lamentar su estado.

¿Cuál es nuestra expectativa sobre nuestra vida habitual? ¿Queremos que sea un trayecto rectilíneo en una buena acera, ojalá no muy concurrida? ¿O con realismo aceptamos que se parece más a una caminata a campo traviesa? ¿Y en este caso, nos resulta divertido precisamente porque demanda atención y esfuerzo y a veces las cosas no salen como esperábamos? ¿O tomamos esas dificultades como algo indeseable?

Lo rutinario se puede hacer con el piloto automático. Nos ahorra energía y esfuerzo. Podemos hacerlo mientras nuestra mente vuela lejos de ahí y la probabilidad de hacerlo bien es alta.

Lo no rutinario produce incertidumbre, demanda creatividad a cada paso. Existen riesgos. La probabilidad de error es considerable.

Es posible que distintos tipos de persona se sientan bien en una u otra situación. Posiblemente escogerán la actividad rutinaria quienes temen mucho al mal resultado, son muy susceptibles al estrés, tienen gran necesidad de control sobre el entorno, no han aprendido a gestionar el riesgo. Estos escogen caminar por la acera.

En el otro extremo están las personas diligentes. A las que ahora llamaríamos emprendedoras. Esas ven las cosas con realismo: a veces salen mal; a veces cuestan más de lo que se pensaba; las que salen mal no afectan su autoestima; están satisfechos si solo les salen mal cuatro de cada diez. Estos escogen caminar a campo traviesa.

Nuestro gusto y disfrute para uno u otro terreno, pueden cambiar.

Nuestros rasgos personales no son ladrillos. Pueden cambiar en función del asunto, circunstancias, crecimiento personal y, sobre todo, de la conciencia que vayamos teniendo sobre ellos.

Aceptemos que nuestro vivir habitual es un andar a campo traviesa. Además de realista, esa aceptación nos ayuda a mantener la alerta y el buen ánimo para sortear las irregularidades del camino.