Contar con un beneficio propio es prioritario; país pasó de 94 a 206 de ellos

Por: Marvin Barquero 23 mayo, 2014

La Bandera de Dota. La familia Navarro Porras guarda en las faldas del cerro Las Vueltas, en una finca bordeada por las aguas cristalinas del río Parrita, el secreto para producir el mejor café del país, según catadores.

Aunque su tradición cafetalera viene desde hace cuatro generaciones, hace apenas cinco cosechas decidieron reconvertir la plantación, explicó Josué Navarro Porras, uno de los hijos.

La meta fue pasar del tradicional productor que recoge el grano y lo entrega a un gran beneficiador (industrial), a otro que instala su propio microbeneficio y toma el control de esa área del proceso.

Además, la familia dedicó toda una “pasión que no se puede describir” al cultivo del café, adujo Luis Enrique Navarro, el padre.

Claves. La dedicación lleva a cuidar todos los procesos: desde la calidad de la planta que siembran, la atención con fertilizantes, la deshija, la poda, la recolección (en esta finca está en manos de indígenas panameños, algunos vienen desde hace 15 años), hasta el beneficiado y el secado del grano al sol y no con hornos.

Todo eso se une a una altitud de 1.900 metros sobre el nivel del mar, el tipo de suelos de la región de Los Santos, las horas sol (luminosidad) y las variedades sembradas, para garantizar un producto final de muy alta calidad.

El entusiasmo de una familia que trabaja unida es el ingrediente final: el papá, Luis Enrique Navarro; la mamá, Guiselle Porras; y los hijos Josué, Luis Enrique y Dayana Navarro Porras.

¿El resultado? Ganar con diferentes microlotes cuatro de los primeros cinco lugares en el concurso de calidad Taza de la Excelencia 2014, que terminó el viernes pasado. Además, que compradores de Japón, Corea del Sur, Eslovenia, Australia y Estados Unidos visiten su finca y el microbeneficio Monte Copey, donde aceptan pagar por el grano un precio muy superior al de la bolsa, el cual los Navarro Porras se reservaron.

El papá (de sombrero) Luis Enrique Navarro, la mamá Guiselle Porras, junto a sus hijos Dayana, Josué y Luis Enrique (camisa azul), le apostaron todo al negocio del café, con gran éxito. | ALBERT MARÍN.
El papá (de sombrero) Luis Enrique Navarro, la mamá Guiselle Porras, junto a sus hijos Dayana, Josué y Luis Enrique (camisa azul), le apostaron todo al negocio del café, con gran éxito. | ALBERT MARÍN.

La Taza de la Excelencia es un concurso de participación voluntaria. Para escoger el mejor café del país, las muestras son calificadas por reconocidos catadores.

Tendencia. La reconversión de los cafetales realizada por la familia Navarro Porras es parte de una tendencia que han seguido otros productores en el país.

El cambio toma cada vez más fuerza, según lo demuestra la cantidad de beneficios activos inscritos en el Instituto del Café de Costa Rica (Icafé).

En el periodo 2002-2003, Costa Rica tenía 94 firmas beneficiadoras de café. Ese número subió hasta 206 empresas en el 2013-2014, para un aumento del 119%.

Cantidad de beneficios
Cantidad de beneficios

Ronald Peters, director ejecutivo del Icafé, detalló que la reconversión para vender grano de alta calidad se presenta en todas las zonas cafetaleras del país, pues los productores pretenden obtener mejores precios por su cosecha.

Pero es necesario tener “una pasión, dedicación y conciencia en ese trabajo”, advirtió.

“No es algo fácil, es algo que se logra en base a unidad familiar y años de trabajo. Hay que tener esas cualidades para poder ser exitoso”, agregó Peters.

Sin embargo, resaltó que la mayor parte del volumen del café nacional se vende todavía por medio de cooperativas o beneficios privados. Estos también buscan colocar sus lotes en mercados de alta calidad para mejorar su cotización.

Roberto Mata, gerente de Coopedota, dijo que para la zona es una gran satisfacción ganar la Taza de la Excelencia y señaló que la Cooperativa tiene algunas estrategias para lograr precios mejores para sus más de 800 asociados.