En tres decenios perdieron más del 78% del área usadaen esa actividad

Por: Marvin Barquero 4 junio, 2015
El condominio Hacienda Gregal muestra el avance inmobiliario en La Unión, frente a la agricultura. En 25 cantones el área agrícola cayó más del 40% en tres décadas. | JORGE ARCE
El condominio Hacienda Gregal muestra el avance inmobiliario en La Unión, frente a la agricultura. En 25 cantones el área agrícola cayó más del 40% en tres décadas. | JORGE ARCE

Las áreas destinadas a actividades agropecuarias prácticamente se extinguieron en cinco cantones de Costa Rica, pues disminuyeron por encima del 78% en los últimos 30 años.

Así lo demuestra una comparación de la cantidad de hectáreas dedicadas a la producción agrícola en 1984 y en el 2014, de acuerdo con la información de los dos últimos censos nacionales agropecuarios.

La información, preparada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) a pedido de La Nación, indica que los cambios más evidentes se presentaron en Tibás, Escazú, Belén, Flores y Curridabat.

En Tibás, el área cultivada pasó de 695,3 hectáreas en 1984, a tan solo 4,3 hectáreas registradas en el 2014, para una caída del 99,4%.

En el caso de Escazú, la baja fue de 1.091 hectáreas en 1984, a apenas 57,6 hectáreas en el 2014; en Belén cayó de 731 hectáreas a 66 hectáreas; en Flores de 811 a 199 hectáreas y, en Curridabat, de 946 hectáreas a 204 hectáreas, según revelaron los censos.

Al contrario, solo en nueve cantones se registró un aumento en la extensión dedicada a la producción agropecuaria.

Cantones que bajan y suben.
Cantones que bajan y suben.

Se trata de Coto Brus, Guatuso, Hojancha, Valverde Vega, San Mateo, Pococí, Talamanca, Limón y Tarrazú, todos ubicados fuera del Valle Central. Coto Brus pasó de tener 41.452 hectáreas en 1984 a 52.104 hectáreas en el 2014, el aumento mayor del país (26%).

Recaudación. Las municipalidades de algunos cantones reconocieron que el cambio implica una mejoría en la recaudación del impuesto a los bienes inmuebles, al tiempo que conlleva retos en la prestación de servicios y convierte estas zonas en dormitorios y sitios con intenso flujo vehicular.

Irene Bravo, vicealcaldesa de Tibás, explicó que en ese cantón josefino apenas tienen tres terrenos de vocación agrícola y que el cambio dramático de uso de la tierra acarrea algunos problemas para ese gobierno local: la presión de la población por más áreas verdes, y por ser lugar de paso, un tránsito muy elevado.

Para Ana Lucía Hidalgo, vicealcaldesa de Flores, la posición geográfica de ese lugar le concede atractivo como dormitorio, además de ser un sitio donde aún se pueden encontrar cualidades rurales y las calles no sufren todavía por congestión.

El alcalde de Belén, Horacio Alvarado, estimó positivo el mayor ingreso en impuestos, pues las tierras se dividen en propiedades más pequeñas, pero lamentó que el área central del país se quede sin actividad agropecuaria.

En Coto Brus, donde más creció el área agropecuaria entre 1984 y 2014, el alcalde Rafael Ángel Navarro resaltó que se debió principalmente a la ganadería y la necesidad de las familias de cultivar para subsistencia.

Navarro advirtió de que, con el cobro diferenciado del impuesto de bienes inmuebles al agro, los ingresos de ese ayuntamiento caerán un 50% en el 2016.