Economía

La agenda de la austeridad

Actualizado el 04 de junio de 2012 a las 12:00 am

Economía

La agenda de la austeridad

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La agenda de la austeridad - 1
ampliar
La agenda de la austeridad - 1

Hace 75 años, John Maynar Keynes afirmó: “El auge, no la depresión, es el momento correcto para la austeridad”. Y estaba en lo cierto. Aunque usted tenga un problema de déficit de mucho tiempo –¿Y quién no lo tiene?– recortar el gasto cuando la economía está profundamente deprimida es una estrategia contraproducente, porque solamente profundiza la depresión.

Entonces, ¿por qué está Gran Bretaña haciendo exactamente lo que no debía hacer?

A diferencia del Gobierno de España o el de California, digamos, el gobierno británico puede tomar prestado libremente, a tasas de interés históricamente bajas. Entonces, ¿por qué está ese gobierno reduciendo drásticamente la inversión y eliminando cientos de miles de empleos del sector público, en vez de esperar hasta que la economía esté más fuerte?

Durante los últimos años, he formulado la pregunta a un número de seguidores del gobierno del primer ministro David Cameron, a veces en privado y a veces en televisión.

Todas estas conversaciones siguieron el mismo arco. Empezaron con una mala metáfora y terminaron con una revelación de motivos ulteriores.

La mala metáfora –que seguramente usted ha oído muchas veces– iguala los problemas de la economía nacional con los problemas de la deuda de una familia. Una familia que se endeuda demasiado, dice el cuento, tiene que socarse la faja. Por eso si Gran Bretaña, como un todo, se ha endeudado demasiado –lo que ha hecho, aunque en su mayoría se trata más de deuda privada que de pública–, ¿no debería hacer lo mismo? ¿Qué hay de malo en esta comparación?

La respuesta es que una economía no se parece a una familia endeudada. Nuestra deuda es en su mayor parte dinero que nos debemos uno a otro; aún más importante, nuestros ingresos vienen en la mayor parte de cosas que nos vendemos uno a otro. Su gasto es mi ingreso y mi gasto es su ingreso.

Entonces, ¿qué sucede si todo el mundo de manera simultánea recorta marcadamente el gasto en un intento por pagar la deuda?

La respuesta es que los ingresos de todos se vienen abajo: mi ingreso disminuye debido a que usted está gastando menos y su ingreso disminuye porque yo estoy gastando menos. Y, conforme nuestros ingresos caen en picada, nuestros problemas de deuda empeoran, no mejoran. Esto no es nada nuevo. El gran economista estadounidense Irving Fisher lo explicó en detalle, allá en 1933, cuando resumió lo que el llamó “deflación de la deuda” con el conciso y expresivo eslogan “cuanto más pagan los deudores, tanto más deben”.

PUBLICIDAD

Los eventos recientes, sobre todo la espiral de la muerte provocada por la austeridad en Europa, han ilustrado dramáticamente la verdad de la percepción de Fisher.

Y se saca una moraleja clara de este cuento: cuando el sector privado está tratando desesperadamente de pagar deuda, el sector público debe hacer lo opuesto: gastar cuando el sector privado no puede o no quiere hacerlo. Claro, por todos los medios, equilibremos el presupuesto una vez que la economía se ha recuperado, pero no ahora. El auge, no la crisis, es el momento propicio para la austeridad.

Como dije, esta no es una idea nueva. Entonces, ¿por qué tantos políticos han insistido en buscar la austeridad durante la depresión? Y, ¿por qué no corrigen el rumbo cuando la experiencia confirma las lecciones de la teoría y la historia?

Bueno, ahí es donde la cosa se pone interesante. Porque cuando uno presiona a los “austeridanos” respecto a lo malo de su metáfora, casi siempre recurren a afirmaciones apegadas a ideas más o menos como esta: “Pero es esencial que reduzcamos el tamaño del estado”.

Ahora bien, estos alegatos a menudo van de la mano con afirmaciones de que la crisis económica como tal demuestra la necesidad de reducir el gobierno.

Pero eso manifiestamente no es verdad. Veamos los países que mejor han capeado la tormenta y casi en la parte más alta de la lista se encuentran naciones con gobiernos grandes como Suecia y Austria.

Y si uno, mira, por el otro lado, a las naciones que los conservadores admiraban antes de la crisis, uno encuentra que George Osborne, el ministro de Hacienda y el arquitecto de la actual política económica de Gran Bretaña, describe a Irlanda como “un brillante ejemplo del arte de lo posible”.

Mientras tanto, el Instituto Cato alababa los bajos impuestos de Islandia y esperaba que otras naciones industriales “aprendan del éxito de Islandia”.

Por lo tanto, el empuje a la austeridad en Gran Bretaña no tiene nada que ver realmente con la deuda y los déficits; tiene que ver con usar el pánico del déficit como una excusa para desmantelar programas sociales. Y esto es, por supuesto, exactamente lo mismo que está sucediendo en los Estados Unidos.

PUBLICIDAD

En justicia, los conservadores británicos no son tan crudos como sus contrapartes estadounidenses. No claman contra los males de los déficits en un minuto y en el siguiente exigen gigantescas reducciones de impuestos para los ricos (aunque el gobierno de Cameron, de hecho, ha recortado significativamente la tasa máxima de impuestos).

Y, en general, parece menos decidido que la derecha de los Estados Unidos a ayudar a los ricos y castigar a los pobres. Sin embargo, la orientación de la política es la misma, igual que lo es la falta fundamental de sinceridad de los pedidos de austeridad.

La gran interrogante en esto es si el evidente fracaso de la austeridad en cuanto a producir una recuperación económica va a llevar a un “Plan B”. Tal vez. Pero mi suposición es que aunque se anunciara un plan de tal naturaleza no llegaría a mucho. Porque la recuperación económica nunca fue el punto, el empuje a favor de la austeridad fue usar la crisis, no resolverla. Y todavía lo es.

Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

  • Comparta este artículo
Economía

La agenda de la austeridad

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota