Economía

Invierta, despójese y prospere

Actualizado el 01 de julio de 2013 a las 12:00 am

El nuevo plan de acción climática de Obama es, hasta cierto punto, una guerra contra el carbón, porque reducir el uso que hacemos del carbón va a ser, necesariamente, parte de cualquier esfuerzo serio por reducir las emisiones de gas invernadero. Su ruta es imponer límites a las emisiones de carbono por parte de las plantas eléctricas.

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La semana pasada fue muy profusa en cuanto a noticias en los Estados Unidos, incluyendo los derechos electorales, el matrimonio entre homosexuales y Paula Deen. Pese a todo esto, es de destacar la poca atención que los medios informativos dieron al nuevo “plan de acción climática” del presidente Obama. Descontemos, si le parece, el espantoso discurso que hizo cuando dio a conocer la propuesta. Esto, sin embargo, es algo de gran envergadura. Porque en esta ocasión Obama no estaba promoviendo legislación que sabemos no se va a aprobar. El nuevo plan, más bien, está diseñado para que dependa de acción ejecutiva. Esto significa que, a diferencia de esfuerzos anteriores por atender el cambio climático, puede evitar a los antiambientalistas que controlan la Cámara de Representantes.

Los republicanos comprenden esto y están pataleando debido a la frustración. Todo lo que pueden hacer, parece, es criticar fuertemente (y tal vez asustar a la administración hasta el punto que dé marcha atrás). Sin embargo, resulta interesante que en este momento no parecen ansiosos por atacar la ciencia climática, tal vez porque eso los haría parecer irracionales (algo que, de todas maneras, son). En vez de eso, están apuntando al ángulo económico, denunciando a la administración Obama por hacer una “guerra al carbón” que va a destruir empleos.

¿Y saben qué? Tienen razón a medias. El nuevo plan de Obama es, hasta cierto punto, una guerra contra el carbón, porque reducir el uso que hacemos del carbón va a ser, necesariamente, parte de cualquier esfuerzo serio por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero hacer la guerra al carbón no destruirá empleos. De hecho, nueva y seria regulación de las emisiones de efecto invernadero podría ser exactamente lo que nuestra economía necesita.

Así las cosas, ¿cuál es el plan? En lo principal, Obama anunció su intención de usar los poderes de la Agencia de Protección Ambiental para imponer límites a las emisiones de carbono por parte de las plantas eléctricas. Tales plantas no son la única fuente de gases de efecto invernadero, pero sí dan cuenta de alrededor del 40% de las emisiones. Lo que es más, regular las emisiones de las plantas eléctricas es una práctica estándar; ya tenemos políticas que limitan las emisiones de estas plantas de contaminantes tales como el dióxido de azufre y mercurio, por lo que si se añade el carbono a la lista no se trata de una gran desviación, al menos en principio.

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Pero, ¿imponer límites al carbono no elevaría el costo de la electricidad? ¿Y eso no destruiría empleos? La respuesta es: sí y no.

Sí, las nuevas reglas sobre las emisiones de carbono aumentarían los costos de la generación de electricidad. Las compañías eléctricas probablemente cerrarían algunas viejas plantas que funcionan con carbón, a cambio de utilizar alternativas más caras pero de menor emisión, renovables como en el caso de la eólica, si bien recurrirían principalmente al gas natural. Lo que es más, se verían forzadas a invertir en nueva capacidad para reemplazar las fuentes viejas.

El presidente de EE. UU.     Barack Obama seca su  rostro en una presentación acerca del cambio climático, en la Universidad Georgetown, en Washington. El 25 de junio él  presentó su plan de acción climática. | C. GREGORY/THE NYT
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El presidente de EE. UU. Barack Obama seca su rostro en una presentación acerca del cambio climático, en la Universidad Georgetown, en Washington. El 25 de junio él presentó su plan de acción climática. | C. GREGORY/THE NYT

Todo esto, en verdad, conduciría a recibos por electricidad un tanto más altos, aunque ni siquiera cercanos a lo que los sospechosos de siempre afirman. En realidad es algo divertido: los derechistas adoran alabar el poder de los mercados libres y declaran que el sector privado puede manejar cualquier problema, pero después giran en redondo e insisten en que el sector privado sencillamente alzará las manos por la desesperación y colapsarán ante las nuevas reglas ambientales. La lección real de la historia –por ejemplo, de los esfuerzos por proteger la capa de ozono y reducir la lluvia ácida– es que las empresas por lo general pueden reducir las emisiones de forma mucho más barata de lo que uno piensa, en el tanto en que la regulación sea flexible para permitir soluciones innovadoras. Aún así, algún costo habrá. ¿Y esto no va a destruir empleos? En realidad, no.

Siempre es importante recordar que lo que aqueja a la economía de los Estados Unidos en este momento no es la falta de capacidad productiva sino la falta de demanda. El estallido de la burbuja de la vivienda, el exceso de deuda por vivienda y lo inoportuno de los recortes en el gasto público han creado una situación en la que nadie quiere gastar; y debido a que su gasto es mi ingreso y mi gasto es su ingreso, esto conduce a una economía deprimida en todos los aspectos.

¿Cómo empeoraría esta situación al obligar a la industria eléctrica a limpiar su actividad? No lo haría, porque ni los costos ni la falta de capacidad están constriñendo a la economía en este momento.

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Y, como ya he sugerido, la acción ambiental podría en realidad tener un efecto positivo. Supongamos que las empresas eléctricas, para cumplir con las nuevas reglas, deciden cerrar algunas de las plantas existentes e invierten en nuevas y de bajas emisiones. Bueno, eso significa un aumento en el gasto y más gasto es exactamente lo que nuestra economía necesita.

Bueno, todavía no está claro si algunas de estas cosas van a suceder. Algunas de las personas con las que hablo son cínicas respecto a la nueva iniciativa climática, pues creen que el presidente en realidad no va a seguir hasta el final. Todo lo que puedo decir es: espero que estén equivocados.

Casi al final de su discurso, el presidente instó al público: “Inviertan. Despójense. Recuerden que no hay contradicción entre un ambiente sano y un fuerte crecimiento económico”.

Normalmente, uno se sentiría tentado a descartar esto como algo procedente de una persona que trata de rechazar con un gesto la necesidad de tomar decisiones difíciles. Pero, en este caso, fue simple buen sentido: Podemos invertir en nuevas fuentes de energía, despojarnos de viejas fuentes y, en realidad, fortalecer a la economía. Entonces, hagámoslo.

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

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