Economía

Grano de Cirrí de Naranjo se vendió a $3.010 el quintal en subasta internacional

Café de la primera cosecha de finca Fidel fue escogido como el mejor de Costa Rica

Actualizado el 21 de junio de 2013 a las 12:01 am

Familia dice que cuidan plantas ‘como si fueran hijos’, pues les han dado todo

Roya y otros hongos no tienen cabida en finca que está a 1.600 metros

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Café de la primera cosecha de finca Fidel fue escogido como el mejor de Costa Rica

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Lourdes de Cirrí. Naranjo. La primera cosecha de un café Villa Sarchí, de la finca Fidel, en un caserío naranjeño, se vendió el miércoles pasado a un precio 25 veces superior al del mercado internacional, tras ser escogido por catadores como el mejor de Costa Rica.

Francisco Javier Arrieta es mano derecha de su padre Oldemar Arrieta en los ‘chineos’ a la plantación de café. Él hace  la fumigación preventiva para mantener alejados    hongos como la  roya.  |  JORGE ARCE
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Francisco Javier Arrieta es mano derecha de su padre Oldemar Arrieta en los ‘chineos’ a la plantación de café. Él hace la fumigación preventiva para mantener alejados hongos como la roya. | JORGE ARCE

El secreto tiene varios factores: la altitud (unos 1.600 metros sobre el nivel del mar), el microclima, las aguas, el tipo de suelos (volcánicos) y, sobre todo, “el chineo” al cafetal de una familia que es ya la cuarta generación dedicada a esta actividad.

Cultivo del café (Gabriel Marín)

Quienes llevan el timón hoy son los esposos Oldemar Arrieta y Marlene Brenes, y sus hijos Francisco Javier, Marco Vinicio y Jorge Luis. Su trabajo se recompensó con la venta a $3.010 el quintal (46 kilos) de su café, en la subasta internacional del concurso Taza de la Excelencia.

‘Nos ha dado todo’. A las 9 a. m. de ayer, Oldemar estaba –como siempre, porque el café es su vida– metido entre cerros, en Lourdes.

Ahí, en la finca Fidel, de cuatro hectáreas, se cosechó el mejor café nacional, según los catadores.

Le ayudaban su hijo Francisco Javier y su esposa. Es una empresa familiar que aprovecha la experiencia de cuatro generaciones.

Ahora, la familia tiene todo controlado para garantizar la calidad final: desde el almácigo (plántulas), el cultivo, el mantenimiento del cafetal y hasta el beneficiado del grano. El año pasado lograron poner su propio microbeneficio.

Precisamente, con un ejemplar de almácigo en la mano, Oldemar fue tajante: “Esta planta nos ha dado todo en la vida, casa, alimento, trabajo, estudios de los hijos (dos son ingenieros y uno administrador). Y no solo a nosotros, sino desde la época de los bisabuelos”.

Parece que la dedicación les traerá ahora aún mejores tiempos. Coreanos, japoneses, estadounidenses, canadienses y australianos ya llegaron hasta Lourdes, interesados en comprar el café. También se acercaron empresas chinas.

El productor no pierde la cabeza. Piensa que ante ese interés, es tiempo de mejorar todo, pero especialmente el pequeño microbeneficio que apenas entró a funcionar en diciembre del 2012. La familia le quiere hacer una ampliación.

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También se fortalecerá la prevención contra los hongos de la roya y ojo de gallo, que no tienen cabida en las fincas de esta familia.

Por eso los catadores les dieron la mejor calificación este año.

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Marvin Barquero S.

mbarquero@nacion.com

Periodista de Economía

Periodista en la sección de Economía. Realizó sus estudios de Comunicación en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas de producción y de comercio exterior.

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