Economía

Alemania se aferra a su receta de austeridad

Actualizado el 20 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Berlín descarta un viraje en su política económica tras las elecciones de septiembre y solo baraja suavizar los recortes

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Alemania se aferra a su receta de austeridad

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                         La canciller alemana, Angela Merkel, suele decir que a Europa le va a costar 10 años salir de la crisis. | ARCHIVO
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La canciller alemana, Angela Merkel, suele decir que a Europa le va a costar 10 años salir de la crisis. | ARCHIVO

Berlín (El País Internacional). Macizo y robusto: así es el edificio que alberga el despacho de la canciller Merkel en Berlín y así son también las convicciones de los líderes alemanes, que a estas alturas es casi como decir los líderes de la Unión.

Puede que la recuperación en Europa tarde más de lo esperado, y puede que EE.UU., Reino Unido y Japón estén algo mejor porque han sido más atrevidos en las políticas económicas. El caso es que Alemania está convencida de que su receta (austeridad y reformas) es la mejor de largo, asegura con rotunda convicción una alta fuente en Berlín.

Y eso difícilmente va a cambiar: las fuentes consultadas en la capital alemana, del más alto nivel, sugieren que la política económica europea, que ya ha empezado a suavizarse, se puede seguir puliendo en función de los resultados de las elecciones en septiembre y del devenir de la crisis económica, pero poco más. Que nadie espere ningún giro radical, más allá del tiempo extra en algunos países para recortar el déficit o el renovado acento sobre las políticas sociales para luchar contra el desempleo juvenil.

Los programas y, sobre todo, las ideas de los grandes partidos (democristiano y socialdemócrata) apenas difieren en lo fundamental: a Alemania le fue bien con las reformas, y a Europa le va a ir igual de bien, apuntan representantes de ambos partidos, si elude la ruta fácil de las peticiones al BCE, si opta por recortar gasto y reformar en lugar de sucumbir a la tentación de subir impuestos como el IVA, según un alto cargo alemán, que critica esa medida en países con problemas como Grecia.

Berlín, al menos, no se va a oponer a dar más tiempo para que Francia y España, por ejemplo, recorten sus déficits, pero a cambio quiere reformas -sobre todo laborales-, y pronto. Además, Berlín señala que aún hay que hacer mucho por ganar credibilidad en el saneamiento de la banca. Y ahí apunta a España, a cuyo Gobierno responsabiliza de no haber usado el grueso de los 100.000 millones de euros del rescate.

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La literatura comparada no favorece a Europa: EE.UU. se recupera, mientras la UE acumula año y medio en recesión.

Junto a las fuentes oficiales, que hablan con la estricta condición del anonimato, la conclusión entre los analistas es parecida: “A Berlín no le preocupan las críticas porque las ve como malas interpretaciones de la realidad por parte de quienes cuestionan su liderazgo. En realidad, Alemania ni siquiera desea liderar: solo le preocupa que no haya más transferencias a otros países. Una parte de la ciudadanía no lo aceptaría, y por eso surgen fenómenos como Alternativa para Alemania, el partido favorable a salir del euro”, explica Stephan Homburg, del Instituto de Finanzas Públicas.

Ese sentimiento está muy extendido. De ahí que los analistas consideren “muy dudoso” que Merkel abandone las recetas de consolidación y reformas aún después de los comicios, dice el analista Jörg Bibow.

“'El Gobierno sabe que está cada vez más solo y que un frente común del Sur le deja en minoría en Bruselas y en el BCE con las elecciones cerca. Eso le obliga a abrir la mano. Pero a la vez Merkel está convencida de la necesidad de las reformas, y de ahí no la va a sacar nadie”, avisa Ansgar Belke, del influyente DIW.

En público, Merkel suele decir que a Europa le va a costar 10 años salir de esta. En privado, varias fuentes oficiales martillean una y otra vez con una idea fuerza: hay que desconfiar de las salidas fáciles de la crisis. Hay que invertir hoy en sufrimiento, en suma, para evitar dosis mayores el día de mañana. Ese es el mantra, casi místico, en las cancillerías.

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