Sociedad

Mi pareja... ¿tu pareja?

Vanessa Loaiza y Jairo Villegas

Ya existen en el país los bares swinger, donde las parejas se intercambian y se practica el sexo grupal y el exhibicionismo

La oscuridad de la noche oculta las figuras presurosas de las parejas. La metálica puerta negra está cerrada. Dos golpes en el metal frío son suficientes para que una mujer rubia y bajita les abra. En la calle, el viento helado sigue soplando, y adentro, el calor apenas empieza.

Lo que parece una vieja casa enclavada en uno de los más antiguos barrios de San José, es un club de "mentes abiertas", un bar swingers, donde se satisfacen fantasías y deseos carnales y de paso, se construyen "amistades".

Escondidos en el anonimato de una pared desnuda y sin rótulos, estos clubes están matriculando a San José en un movimiento mundial donde el concepto de fidelidad no es tan estrecho como un anillo de matrimonio o un noviazgo de muchos años. En estos bares se intercambian parejas, se promueve el sexo en grupo, el bisexualismo y el exhibicionismo.

Los ambientes swingers están restringidos para parejas de hombre y mujer, mujeres bisexuales o tríos de dos mujeres y un hombre. Los travestis y los caballeros solos no son recibidos, tampoco las parejas de hombres homosexuales.

Incorporarse a uno de estos clubes no es tan fácil. La mujer rubia y bajita de barrio La California lo escrutará de arriba hacia abajo, y luego decidirá si le permite entrar.

Por ahora, los clubes swingers parecen pequeñas comunidades de parejas, donde la mayoría ya se conocen y están acostumbradas no solo a los juegos sexuales, sino también a conversar de sus familias, hijos y empleos.

Aunque los propietarios de dos bares swingers en la capital negaron que en esos sitios se practique el sexo explícito, en sus páginas de Internet la historia que se muestra es otra.

Por ejemplo, en uno de estos lugares, en Los Yoses, la casa está acondicionada con un cuarto exclusivo para mujeres -al que cualquiera puede mirar desde fuera pues no hay puerta y algunas paredes son a media altura- y otro más para sexo en grupo.

Este sitio, con nombre de novela de Shakespeare, ofrece duchas calientes, paños, tarimas para bailar y tubos metálicos como los que decoran los salones de bailarinas exóticas.

En otro local, parejatotal.com, el "Cuarto rojo" es el último de los aposentos a los que se puede ingresar. Es el sitio idóneo para aquellas parejas que hicieron "química" y desean "ir más allá", según su página electrónica.

Sin embargo, como norma general de estos clubes, nadie está obligado a satisfacer las fantasías de otro: "No significa no". Si bien en estos ambientes es posible la venta de licor, el consejo de los administradores es que el alcohol en exceso no combina con el sexo. Tampoco se permite el consumo de drogas.

¿Cómo funcionan?

Marielos Arias, la propietaria de otro de estos locales al oeste de San José, reconoce que en estos lugares se llega a "conocer gente" y a tener contacto con otras parejas que disfrutan de este tipo de juegos.

Su establecimiento abrió en noviembre, y la dirección solo está disponible en Internet, porque no les interesa tener visitas "de curiosos ni mojigatos".

Tras décadas de dedicarse al espectáculo nocturno, Arias se declaró una de las fundadoras de los grupos de bailarines exóticos (maripepinos).

Ahora, tener un club swingers no la escandaliza pues considera que es una forma de vida para los que son más liberales y expresivos con sus cuerpos. "Esto no es un prostíbulo, ni un night club, ni una casa de citas", recalcó otro de los dueños, quien insiste en que los clubes swingers no son un negocio sino "un estilo de vida".

Eso sí, ese comportamiento sexual no va emparejado con el amor. Como recomendación para que nadie salga herido, se insiste en que "el sexo y los sentimientos no combinan bien".

El local de Marielos Arias recibe a los visitantes entre vaporosas cortinas rosadas y un San Nicolás de adorno, que sigue en su caja.

Una vez pasada la primera sala -donde se paga el derecho de admisión- hay dos aposentos más, que contrastan con los tonos pasteles y la fuerte iluminación del primer aposento.

En los salones internos sobra oscuridad y abundan las luces de neón. Los amplios sillones están arrecostados contra las paredes para que todos los visitantes puedan observarse bien, conocerse y conversar. En las esquinas, dos televisores enormes reproducen escenas de una película pornográfica. El ambiente se llena con musiquita romántica de los años 80.

El precio en estos locales oscila entre ¢6.000 y ¢10.000 por pareja y, a veces, solo la mitad de este pago es consumible en bebidas. Las mujeres que ingresan solas pagan cerca de ¢3.500.

Según Marielos, en su club solo se hacen "los conectes". La gente se conoce, conversa de sus gustos y, si quiere más intimidad, se va a un motel, a la casa de alguien "o a meterse en algún carro".

Lo mismo afirma el propietario del club swingers de barrio La California.

"Lo más que vas a ver aquí son dos senos expuestos o la estampa de alguien acariciándole una nalga a otra persona", agregó este hombre que ya frisa los 50 años y que se arrellanó en uno de los sillones de su club para conversar.

También es común que una noche los visitantes observen el show de una bailarina exótica, escasa de ropa y plena de sensualidad. Sus espectadores, igualmente, podrían llevar poca ropa encima o estar ataviados con sugestiva ropa de dormir.

Sin embargo, lo que ocurre en estos sitios, según sus páginas de Internet, es mucho más atrevido. También existen hoteles swingers y, en ellos, el costo de la noche asciende a $280.

Todo incluido

La investigación de La Nación reveló la existencia de por lo menos seis sitios con ambiente swinger en Costa Rica. Cuatro son clubes en la capital y dos más son hoteles, uno en San Carlos y otro en Santa Cruz, Guanacaste.

Este último se promociona en Internet como Patos Club y ofrece paseos en kayac, pesca, recorridos por el bosque y actividades en el salón debajo de la piscina, donde se rinde culto al hedonismo.

Aunque no hablan de actividades específicas, Patos se promociona como uno de los pocos lugares para vacacionar "donde puedes hacer cualquier cosa, en cualquier lugar y momento".

Los huéspedes pueden pasearse desnudos por la piscina y se les sugiere que aprovechen las playas cercanas, aunque no sean nudistas.

Las direcciones de estos clubes se manejan con cierta reserva. Según Marielos Arias, es la forma de asegurarse que la clientela esté formada solo por gente que disfruta del ambiente swingers y no se va a escandalizar por lo que ve.

Precisamente, antes de ingresar a un lugar de estos, los propietarios advierten que las escenas de celos están prohibidas. Más aún, se dice que si un individuo le reclama a su pareja porque la ve en brazos de otra persona, tal conducta es causa de expulsión.

El concepto de la infidelidad se trata aquí de otra manera. Para los swingers "es preferible saber con quién está su pareja y no imaginársela a escondidas en un motel".

Incluso cuestionan a las parejas que critican este estilo de vida. "Quizá les parezca mejor engañar a su cónyuge y tener relaciones a sus espaldas mintiendo día tras día, en vez de reconocer que han caído en una monotonía sexual y que deben buscar soluciones en conjunto, no por separado", recomienda la página parejatotal.com.

El tema de los bares y hoteles swingers es nuevo para las municipalidades, que incluso desconocen del funcionamiento de estos locales en sus cantones.

Tres alcaldes consultados anunciaron que investigarán la operación de estos negocios para determinar si están bajo la ley.

Johnny Araya, alcalde de San José, indicó que pedirá una indagación al Departamento de Patentes para verificar que estos sitios tengan una patente comercial. Si detectan que esta licencia tiene otros usos adicionales, podrían clausurar los establecimientos.

Igual advertencia realizó la municipalidad de Montes de Oca, mientras, Pastor Gómez, alcalde de Santa Cruz, dijo desconocer las operaciones del hotel de playa y aseguró que no han dado ningún permiso, por lo que también ordenará una investigación.

Entretanto, durante las noches josefinas estos clubes continúan albergando tan singular "estilo de vida".


¿Qué está permitido?

El movimiento swinger en Costa Rica permite a las parejas estas actividades sexuales:

  • "Intercambio suave" de pareja: Relaciones íntimas en grupo en las que el intercambio de pareja es parcial: las terceras personas solo acarician -o se dejan acariciar- por los miembros de la pareja.

  • Intercambio "completo": En este caso, las parejas pueden intercambiarse por mutuo acuerdo.

  • Bisexualismo femenino: Se trata de mujeres que llegan con su pareja del sexo opuesto y, allí tienen relaciones íntimas con pares de su género.

  • Tríos: Relaciones sexuales entre tres personas: dos mujeres y un hombre. Puede ser que el hombre permita a su pareja tener intimidad con otra pareja, o viceversa.

  • Vouyerismo: Consiste en mirar, de forma oculta, a personas desnudas o en plena actividad sexual.

  • Exhibicionismo: Cualquier persona puede mostrar su cuerpo a un extraño.

  • Fetichismo: Los participantes pueden utilizar objetos para estimular sus genitales o los de otros.

    Fuente: Reglamentos que aparecen en sitios de Internet de clubes josefinos.


    Línea peligrosa

    Por Yuri Lorena Jiménez

    En los años 60, cuando surgieron públicamente los primeros swingers en medio del movimiento hippie, la opción de intercambiar parejas podía considerarse algo sumamente fuera de lugar. Sin embargo, hoy son mayores las licencias que se da la gente en materia de sexo.

    Así, algunos opinan que esta opción no debe considerarse necesariamente una conducta "anormal", sino que tiene que ver con la búsqueda de alternativas a la opción de una pareja monogámica.

    Así opina el psicólogo clínico y terapista de pareja Albam Brenes, quien, sin embargo, advierte que incursionar en este tipo de prácticas conlleva una serie de riesgos que al final pueden atentar contra la estabilidad emocional de uno o de ambos miembros de la pareja.

    Este "estilo de vida" que tuvo su boom en la década pasada en las principales metrópolis del mundo (como Nueva York o Madrid), finalmente ha cautivado a algunos adeptos en el país.

    "El swinging ha existido durante mucho tiempo, lo que pasa es que se ha dado a nivel privado y, como acto privado, y acaba siendo igual que tantas otras cosas que se vuelven lícitas en la vida de una pareja. Pero ya si estamos hablando de salas y de negocios dedicados a promoverlo, habría que ver hasta qué punto es una decisión propia de la pareja o existe influencia de la propaganda", se cuestiona el especialista.

    Brenes considera que existe un tipo de swinging que muchas parejas practican, y tiene que ver con la afición a estimularse viendo películas pornográficas. "Para ciertos efectos, están compartiendo la vida sexual con los personajes de esa película".

    Un aspecto cuestionable, desde el punto de vista del especialista, es si en estos casos siempre existe un acuerdo total entre la pareja.

    "Qué tanta certeza tenemos de que los dos miembros de la pareja están totalmente de acuerdo? Con 31 años trabajando en este negocio, tengo una certeza muy relativa, parcial y discutida, de que en la práctica todos acabamos haciendo ciertas cosas para complacer a nuestra pareja. Y en muchos casos, los niveles de complacencia llegan a ser excesivamente altos, casi patológicos".

    Finalmente, opina, es muy difícil que estas prácticas no conlleven complicaciones posteriores. "Acaban dándose involucramientos, y al final se da un vacío emocional muy desagradable. Es muy difícil que se haga tan mecánicamente como se supone que se hace".

    En un reportaje sobre el tema publicado en enero del 2004 en el diario The New York Times, la doctora Megan Fleming, psicóloga clínica y terapeuta sexual del Centro Médico Beth Israel de Nueva York, advirtió que existen peligros psicológicos potenciales: "Una fantasía sexual muy ardiente no necesariamente se traduce en algo que se disfruta en la vida real. En una fantasía, uno controla todo lo que sucede. En la realidad, en cambio, no es así".


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