
En el albergue de la AHPPA, en San Rafael de Heredia, Limona aún luce nerviosa. Le cuesta mucho acercarse a otros animales. (Foto: Adrián Arias/Para La Nación). |
Ni siquiera porque su nombre es Limona, alguien podría intuir la dramática historia de esta perra blanca de mirada desolada, una de las mascotas más consentidas en el albergue de la Asociación Humanitaria para la Protección Animal (AHPPA) en San Rafael de Heredia.
Hace 15 días, la encontraron hecha un puño en Sixaola. Estaba hambrienta, tenía su abdomen abultado y su estado era crítico pues los cachorros habían muerto en su vientre y se le había desatado una severa infección.
Era su primer embarazo porque, a lo sumo, Limona tiene año y medio de edad, solo que su vida no ha sido fácil. Y de esto dan fe sus colmillos superiores, los cuales desarrolló mucho más que la mayoría de los perros. Este fenómeno -explican sus actuales cuidadores- probablemente se debió a las muchas peleas que ha debido librar en la calle para sobrevivir.
Pablo Mena y su hermano Javier no tuvieron corazón para dejarla abandonada en aquel sitio. Por eso, la colocaron en una perrera y la llevaron hasta el albergue de Heredia, donde fue operada de emergencia.
Estos dos voluntarios de la AHPPA hicieron lo mismo con otros animales que corrían peligro tras las recientes inundaciones que azotaron a la zona atlántica. Con ayuda de varios veterinarios curaron, vacunaron y castraron a aquellos individuos que lo necesitaban.
"Ya habíamos hecho algo parecido el año pasado. ¿Cómo íbamos ahora a quedarnos con los brazos cruzados? La gente se preocupa por las personas, pero se olvida de que los animales también sufren con estas tragedias de la naturaleza", comentó Pablo quien el 12 de enero pasado preparó su pequeño camión y, en compañía de su hermano, realizó un recorrido por varios poblados limonenses.
Así fue como se toparon con la pobre perra -a la que decidieron dar el nombre de Limona- y con muchas otras víctimas -que también "bautizaron"- como Yamir, un zaguate que se dejó morir a los días de ser rescatado de un lodazal; Bribri, que presentaba unas terribles llagas en todo su cuerpo pero ya está como nuevo; Turri, hallada en Turriabla cuando ya venían de regreso, o Chiqui, una perra de ojos saltones que precisamente el martes abandonó el albergue de la AHPPA porque encontró un dueño en Orotina.
A lo largo del camino, además de perros desamparados en las calles, los Mena también divisaron gran cantidad de animales en pésimo estado; muchos de ellos mal nutridos, pese a que tenían dueño. Es el caso de algunos perros y gatos cuyos huesos resaltaban bajo su pelaje o el de vacas, cabras y cerdos que desfallecían de hambre.
"La gente en esos lugares no tiene qué comer, y menos sus animales. Por eso, les repartimos alimentos. A las vacas, por ejemplo, les regalamos un camión lleno de bananos y se los acabaron en seguida", explica Lilian Schnog, presidenta de la AHPPA.
Desde el área metropolitana, ella siguió paso a paso el operativo de los hermanos Mena y gestionó la ayuda de algunas empresas como OL'Roy, que obsequió varios sacos de concentrado para mascotas.
A estos modernos San Franciscos de Asís les tocó además darle sepultura a muchos animales que quedaron sin vida en las orillas o predios, debido al desbordamiento de los ríos.
"Viera cómo se reían de nosotros, pero no nos importó. No todo el mundo comprende lo que uno siente por estos seres. Yo salí de Limón con el alma destrozada al ver cómo están algunas criaturas", afirmó Pablo, a quien desde niño le gustaba auxiliar pájaros, perros o gatos que hallaba malheridos en los alrededores de Escazú, su pueblo natal.
Ahora que ya pasó la emergencia, los Mena no se arrepienten de lo hecho en Limón, menos cuando visitan el albergue de Heredia y observan cómo muchos de los perros que rescataron han vuelto a vivir, e incluso, ya son fuertes candidatos para ser adoptados.
Limona es el mejor ejemplo. Aunque todavía se muestra nerviosa y decaída, ya está fuera de peligro. Le encanta que la mantengan en brazos y le acaricien la cabeza. "Lo que más deseamos ahora es que encuentre un buen dueño, alguien que comprenda su triste historia y le dé lo que nunca ha tenido", replica Lilian, mientras observa unas fotos en que la perra aparece postrada en una calle de Sixaola, tal y como la encontraron en medio de las inundaciones.