De reojo

'In dubio' pro Camila

Gerardo Bolaños G.


Pocos días después de oficiar en el Macizo de la Muerte una llamada "Misa Cósmica", de "compromiso con la creación", monseñor Hugo Barrantes salió por radio en defensa del indefendible cura que mandó al sacrificio a una perra con exquisito nombre de mujer.

Para defender al indefendible que hizo lo inexcusable, Barrantes olvida que todas las criaturas sensibles tratan de evitar el dolor. Un perro puede ser impertinente, pero no por eso merece sufrimientos innecesarios, que además indisponen a la comunidad.

Monseñor Barrantes argumentó que aplicarle eutanasia al animal tibaseño era un "mal menor", como matar plagas. Refleja una voluntad de dominación sobre los demás seres vivos, que impide entender a los humanos el sufrimiento de los animales. En su momento, el cegar conejos para probar cosméticos también era considerado un "mal menor".

Theillard de Chardin, el desaparecido jesuita y antropólogo francés evocado por Barrantes durante la misa ante los coyotes, quetzales y tigrillos del páramo de Las Vueltas, sostenía que las conciencias individuales formarán una "mente mundial" mejorada. Todavía no.

En su exculpación, sostuvo Monseñor que el hombre es un "ser superior". Sin duda no tenía en mente al montón de psicópatas y abusadores de niños que circulan por ahí.


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