Tinta fresca

La piedra de los ecos

Aurelia Dobles


El juego aquel de relacionar palabras, dejar divagar la mente, la asociación libre que decían los surrealistas. ¿Hacemos el ejercicio?

A Moisés se le abrieron las aguas a su paso. En el monstruoso tsunami que condensó recientemente el enojo brutal del mar, a los gitanos de las islas y a los animales se les abrieron las aguas de la intuición para ponerse a salvo.

Caminar sobre las aguas, o desplazarse, correr, luchar encima de ellas, como en el duelo con espadas de la película china Héroe.

La espada en la piedra, la del Rey Arturo y su tabla de la corte redonda. Barajemos: Les regalo al Rey, déjenme la carta de la Qüina y liberemos la espada para dejarnos la redonda piedra de los ecos: la que de pequeña es una piedrilla cualquiera y que crece, ¡crece!, y se vuelve roca que reproduce los ecos. Como la Piedra de los Ecos, de la Enciclopedia de Todas Las Cosas, de Hrabanus Maurus (alemán de por ahí del siglo X, descubierto gracias a la generosa cultura de Silvia Kruse).

La enciclopedia de todas las cosas puesta en contemporáneo: Internet. Ciberespacio inaprensible, el mundo mediado, intermediado a través de la prótesis de ojos, oídos, piel y abrazos que es la pantalla de una compu, o de una tele.

Atrofiados nuestros sentidos, la Naturaleza -esa que se subleva y produce tsunamis- se nos vuelve un libro cerrado. Un libro al que además le hemos ido arrancando páginas, banal y despreocupadamente.

"Civilizados, cultos" y sofisticados, rodeados de prótesis tecnológicas, las que no precisan los gitanos "incultos, incivilizados" para salvarse de la furia del mar.

No es que proponga ingenuamente vivir como la comunidad de Los Guerreros del Arcoiris de la Luz Viviente, que se desnudaron en bucólica y anacrónica promiscuidad saltando por cataratas y arenas en Coto Brus el año pasado, y alternativamente en otros paisajes del mundo.

La cultura es irreversible, no hay vuelta de hoja ni hoja de parra que tape el árbol del conocimiento acumulado. No podemos prescindir de este. Pero algo debemos analizar en el libro de historia transcurrida para recuperar el dedo sobre el renglón de la vida en armonía con el cosmos.

Lanzar la primera piedra, la última. ¿La tabla de piedra de los diez mandamientos?

La piedra de los ecos. La que se ablanda, la que crece. La que hace crecer.

Yo traigo esta piedra con jeroglíficos para sumarla al montículo de piedras de un altar milenario desenterrado, redescubierto, y me hinco.


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