Sociedad

Cuando tres son multitud

Andrea Vásquez

La tendencia mundial de no tener hijos traspasó fronteras y se hace cada vez más evidente en el país

Alejandra Cerdas cree en vivir sin imposiciones. Ella eligió rodearse de animales. (Foto: Marvin Caravaca/La Nación).

El libro del Génesis manda "ser fecundos y multiplicarse"; los papás buscan la perpetuación de su apellido; las niñas le cambian pañales a sus muñecas, y las abuelas tejen escarpines para la descendencia que aún no nace.

Contrariando todas estas tendencias o presiones sociales, Armando Gómez Poveda, de 28 años, asevera: "Mañana mismo me haría la vasectomía". Está tan convencido de que nunca quiere tener hijos, que lo único que lo separa de la cirugía es su valor económico.

Según Madeline Cain en el libro La revolución de no tener niños, para el año 2010 el número de parejas sin hijos será 44 por ciento mayor que en 1990.

Según datos del Estado de la Nación, en el 2003 hubo en Costa Rica 5.588 nacimientos menos que cinco años atrás y, de 1993 al 2003, la tasa de natalidad ha disminuido casi siete personas por cada mil habitantes.

Nunca antes -excepto en tiempos de plaga, guerra o profundas depresiones económicas- las tasas de natalidad en los países industrializados cayeron tan bajo, por tanto tiempo, afirma The New York Times.

¿Por qué Armando y otras tantas personas alrededor del mundo están renunciando a tener descendencia?

A los 24 años, Alejandra Cerdas Quesada había resuelto que no sería madre. Han pasado diez años y hoy, casada, sostiene su decisión: "No quiero parirle hijos a este mundo (...) Dentro de la naturaleza los seres humanos, sobramos".

Su esposo, Benjamín Castillo Lara, tuvo tres hijos en un primer matrimonio, de modo que Alejandra presumió que él ya estaría satisfecho con su paternidad y no la presionaría para tener hijos en su futura unión.

Transición
"Poco a poco, la maternidad y la paternidad se han convertido en opciones, en vez de imposiciones". Madeline Cain

Ella es de quienes piensan que el mundo no ofrece las condiciones para que sigamos haciendo encargos a la cigüeña, un postulado que esgrimen diversos grupos organizados alrededor del mundo.

Estas asociaciones son integradas por "no papás" o personas convencidas de que la diseminación de la especie puede traer más problemas que ventajas. Entre ellas están la Asociación Británica de No-Padres, Sin Niños por Decisión Propia, el Movimiento Humano para la Extinción Voluntaria y No Kidding.

Sus argumentos van desde la superpoblación y la trágica realidad mundial hasta razones más simples como un claro desinterés por la maternidad o paternidad o el tener otras prioridades (sobre todo, el trabajo).

"Los niños son bonitos de lejos, pero no hago química con ellos", dice Armando, casi disculpándose. Por el contrario, Alejandra dice tener una excelente relación con los hijos de su esposo, quienes frecuentan a menudo su casa.

Benjamín respeta la decisión de Alejandra, aunque creyó que, con el tiempo, cambiaría de parecer.

En cuanto a Armando, su primera esposa estaba de acuerdo con él en no tener familia, pero la actual sí desea ser madre, lo que ha conducido a un problema de pareja.

La sexóloga Carmen Aybar García afirma que este tipo de desacuerdo es común en muchos matrimonios.

Mitos

Según el diario español El País, en naciones como Francia, Noruega, Australia, Irlanda y Estados Unidos, es la mujer quien más se expresa en contra de la maternidad, debido a las dificultades que genera el doble rol de madre y profesional que trabaja.

La autora Madeline Cain asevera que la tendencia a no procrear ha sido el cambio más importante en la sociedad desde que la feminista Betty Friedan dijo, en los años 60, que la "feliz ama de casa, en realidad no era tan feliz".

Opina la psicóloga Mercedes Álvarez Rudín que la capacidad biológica de tener niños no implica necesariamente que las mujeres quieren ejercerla.

Su colega, la psicóloga Mónica Arias Lépiz, menciona los mitos más comunes que enfrentan estas personas: se dice que una pareja no constituye una familia por sí misma, que la decisión de no traer hijos al mundo se debe a traumas emocionales, que la masculinidad o femineidad se afianzan al ser papá o mamá, y que nadie se puede realizar plenamente si no tiene descendencia.

Sobre las mujeres, se repite que ser madre es la esencia de su género. Sin embargo, ¿dónde está el instinto maternal de aquellas mujeres que cometen abortos o infanticidios, o bien abandonan a sus hijos?

Según las expertas consultadas, el instinto materno es algo aprendido más que innato.

"Es una construcción cultural, impuesta por la fuerza de siglos de adiestramiento, mitos, mandatos religiosos y sociales y un cuidadoso entrenamiento desde la primera infancia", razonó la socióloga Montserrat Sagot.

Cuestión de opciones

Esta tendencia mundial se ha consolidado más en países desarrollados y sectores urbanos menos tradicionales; tanto que ha causado una implosión poblacional que ya preocupa a algunos.

El no tener hijos, junto con otros factores -como el aumento de la esperanza de vida- implica que cada vez habrá una población joven más reducida, hecho que tiene efectos negativos sobre el sector productivo.

La psicóloga Álvarez considera que este cambio en los patrones reproductivos también se vincula con modificaciones sociales.

"Antes, las familias necesitaban hijos para que ayudaran en el campo y colaboraran en la economía del hogar. Hoy es al contrario: los niños son una inversión económica y emocional que no todos pueden, o quieren, hacer", comenta.

Por eso, la clave parece ser una reflexión consciente que permita a cada quien tomar la decisión adecuada: ¿deseo realmente tener niños?, ¿compatibilizan con mi proyecto de vida?

La abuela de Alejandra tuvo catorce niños, y su mamá, cuatro.

Ella prefirió entregarse a sus seis perros, 24 gallinas, dos gallos, un gato, una vaca y un caballo.


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