
Ilustración: José Céspedes/ Para La Nación. |
Como cada 14 de febrero, Cupido llegó ayer puntual a su trabajo y con unas cuantas flechas se encargó de enamorar a muchos perfectos desconocidos y de reavivar la pasión entre parejas de novios y esposos.
Pero a veces este angelito también hace travesuras y enreda en amores a parientes cercanos.
Esas uniones entre personas que comparten algún grado de consanguinidad reciben el nombre de endogamia y no son nada extrañas en la historia de la humanidad.
Antropólogos y genetistas coinciden en que el matrimonio de primos o parientes cercanos es muy común entre el 60 por ciento de los grupos étnicos del mundo. Y, por supuesto, Costa Rica no es la excepción.
"En algunos períodos la endogamia fue una práctica bastante común en nuestro país. De hecho, los aislados genéticos, esas regiones formadas por unas pocas familias que durante un tiempo solo se casaban entre parientes, eran abundantes en el siglo XIX", afirma el genetista Bernal Morera Brenes.
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Aunque de acuerdo con Morera la presencia de los aislados genéticos disminuyó a partir de la década de 1950 con la migración del campo a la ciudad, el amor sigue tocando los corazones de muchos parientes.
Tampoco han desaparecido las creencias tejidas alrededor de las relaciones endogámicas, como que los hijos de primos nacen con síndrome de Down, retardo mental o algún tipo de problema biológico.
Esas afirmaciones son algunos de los argumentos usados por ciertos sectores la sociedad para censurar las relaciones de pareja entre familiares. A estas se han unido las prohibiciones de la Iglesia Católica y los estudios científicos que vinculan las uniones consanguíneas con el desarrollo de enfermedades genéticas.
La consanguinidad es la relación entre personas que descienden, sea legítima o ilegítimamente, de un ancestro común. Algunas culturas prohíben los matrimonios consanguíneos por temor a los efectos negativos que puedan producir las relaciones sexuales entre parientes cercanos.
Por ejemplo, aunque en Europa no hay país alguno que proscriba tales matrimonios y en algunas regiones de Oriente Medio, África y Asia se prefieran las bodas entre primos carnales, en la mayoría de los estados de Estados Unidos existen leyes que vedan estas uniones. En total, solo 19 estados lo permiten, mientras en los otros 32 hay ciertas restricciones.
En Costa Rica, es la Ley Canónica de la Iglesia Católica la que establece un impedimento considerado como ley divina para el matrimonio entre padres e hijos, abuelos y nietos (línea directa de consanguinidad) y hermanos (segundo grado de línea colateral de consanguinidad).
Incluso, manda que nunca debe permitirse el matrimonio entre quienes estén unidos por un parentesco legal proveniente de la adopción o cuando haya duda sobre si las partes son consanguíneas en algún grado.
Para ninguna de estas uniones, la Iglesia permite la dispensa, un permiso girado por un obispo, a solicitud de los contrayentes, para anular el impedimento y realizar la boda.
Sin embargo, cuando se trata de matrimonios en el tercer y cuarto grado de línea colateral, o sea, entre tíos y sobrinos o primos hermanos, la prohibición católica se considera como ley eclesiástica y los contrayentes pueden pedir una dispensa.
Sobra decir que el impedimento de consanguinidad ya no invalida uniones de primos segundos (sexto grado de línea colateral), en los que el temor a procrear hijos con patologías es menor.
De acuerdo con el genetista Morera, este temor surge porque la ciencia ha demostrado que existen algunas anomalías genéticas que se dan con mayor frecuencia en uniones entre primos que entre individuos sin ningún nexo familiar.
"Todo ser humano tiene de cuatro a siete genes letales en su organismo que no generan ningún efecto porque presentan una sola ëcopiaí, pero si llegan a estar homocigotos, o sea, si encuentran un par idéntico y ambos son heredados a uno de sus hijos, este puede desarrollar una enfermedad", explica Morera.
"Obviamente, existen más posibilidades de encontrar esta ëcopiaí en una prima o un primo que en una pareja desconocida", añade.
Hace dos años, un estudio realizado por la Sociedad Nacional de Consejeros Genéticos de Estados Unidos reveló que, efectivamente, los primos y primas carnales que se casan entre sí tienen mayores probabilidades de tener hijos con males graves, pero no tantas como para justificar los tabúes que pesan sobre esos apareamientos.
"En términos generales, los riesgos no son demasiado altos. En el 93 por ciento de los casos no ocurre nada malo. Como consejeros genéticos, presentamos a la gente las posibilidades y los riesgos, y dejamos que ellos tomen las decisiones", explicó Arno Motulsky, profesor de ciencias genéticas en la Universidad de Washington.
"Se ha señalado que Costa Rica está constituida por poblaciones de alta endogamia, principalmente en las regiones centrales; sin embargo los estudios hechos en el país para establecer con exactitud la consanguinidad son escasos", aclara una investigación elaborada por Lorena Zumbado y Ramiro Barrantes, en 1991.
De hecho, ese estudio realizado hace 13 años, es la investigación más reciente sobre endogamia en Costa Rica. Abarcó las provincias de San José Heredia, Alajuela y Cartago, y cubrió un período de 109 años (1860-1969).
A partir de los datos tomados del archivo de la Curia Metropolitana y los archivos parroquiales de la Iglesia Católica, Zumbado y Barrantes estudiaron la frecuencia de los matrimonios consanguíneos, en relación con el total de uniones realizadas en ese lapso.
Entre los resultados de la investigación, ambos encontraron un descenso general de la consanguinidad en el tiempo y pudieron determinar que la mayor parte de las uniones consanguíneas en Costa Rica se dan entre primos hermanos y primos segundos.
Además, al analizar detalladamente cada parroquia, se encontraron variaciones significativas entre ellas. San Pedro de Poás, Belén, San Isidro de Heredia y Acosta son las localidades con los más altos valores de consanguinidad. A estos pueblos, les siguen San Juan de Tobosí, Puriscal, Tibás y Grecia.
"En el mundo occidental, hay una tendencia hacia la disminución en la consanguinidad. Este es un resultado esperado en vista de la rápida desintegración de los aislados genéticos en este siglo, acelerada por el desarrollo de las vías y medios de comunicación que traen como consecuencia el aumento de las migraciones y las hibridaciones interétnicas", indican ambos investigadores en las conclusiones de su trabajo.
Sin embargo, y como dice Bernal Morera, esas uniones entre parientes cercanos heredaron a la población costarricense una lista de males genéticos que, desde los tiempos de la Colonia, han pasado de generación en generación.
"Enfermedades como hemofilia, hemoglobina S, sordera, ceguera, Charcot-Marie, fibrosis quística o fenilcetonuria, han sido la herencia común de la endogamia", sostiene el genetista.
Pero a pesar de las prohibiciones, los tabúes y las enfermedades, el amor siempre encuentra la manera de salir invicto. Y por más que se alarmen padres y abuelos, ni el mejor de los jardineros puede evitar que algunas ramas de su árbol genealógico se mezclen entre sí.
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Cada tarde, don Eliécer y doña Leila se sientan abrazados a conversar como si aún fueran aquel par de muchachitos que se enamoraron hace 48 años. (Foto: Sylvia Guardia/ Para La Nación).
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Al regresar a su casa, lo primero que hace don Eliécer Esquivel Alfaro es taparle los ojos a su esposa y estamparle un tierno beso en la mejilla. Después, ambos se sientan abrazados en la banca del corredor, a gastar la tarde conversando.
Viéndolos así, tan acaramelados en su hogar, en Aguas Zarcas de San Carlos, cualquiera pensaría que se conocen de toda la vida.
Y así es. Eliécer tenía 10 años cuando nació su prima Leila Esquivel, hace seis décadas. La vio crecer, la chineó y hasta jugó con ella.
Quizá por eso sus tíos nunca creyeron que aquellas visitas a la casa, cada dos semanas, podían tener más de un propósito.
"Él tuvo varias novias, pero no pensaba casarse con ellas porque decía que me tenía en mente, elegida para esposa. Me dio tiempo de crecer, pero la verdad es que no fue mucho, porque cuando yo tenía 15 años me dijo que si quería ser su novia y yo lo acepté. Después habló con mis papás y como lo querían mucho, no se negaron al matrimonio", cuenta doña Leila.
Tres meses después de la declaratoria, el primer día de julio de 1956, ambos desfilaron hacia el altar.
Claro, antes tuvieron que pedir permiso en la iglesia de Ciudad Quesada y, de paso, soportar las reprimendas del cura párroco.
"Yo trabajaba en una barbería de Ciudad Quesada y hasta ahí llegó el padre Sancho preguntando por mí, porque se había encontrado a una antigua novia mía llorando en la casa cural y ella le había contado que yo me iba a casar con una prima hermana", recuerda el entonces peluquero.
"¿Cómo es eso de que te vas a casar con una prima? ¿Es que no hay más mujeres?, me preguntó. Diay sí, es cierto padre le respondí, pero ¿por qué voy a mantener yo una ëhijuemialmaí que ni familia mía es?", termina contando entre risas.
Del matrimonio Esquivel Esquivel nacieron cuatro hijos y 13 nietos y, contrario a los temores de la pareja, ninguno de sus descendientes heredó alguna enfermedad genética.
"Antes quizá no habían investigado tanto, uno no sabía que si era diabético y se juntaba con un primo, los hijos podían salir como un terrón de azúcar", dice doña Leila, hoy de 62 años.
No era la primera vez que se daba un matrimonio entre los miembros de la familia Esquivel. Los suegros de don Eliécer y los abuelos de ambos también eran primos hermanos y se presume que, debido a esas uniones, dos tías y dos hermanas de doña Leila, heredaron un mal que las dejó ciegas.
Por eso hoy ambos consideran que su hogar ha sido bendecido y no se arrepienten de haber luchado por un amor que creció cuando ellos eran solo dos primitos.