La ruta del paladar

Cuando salí de Cuba



La noche es joven y el cálido viento del verano transporta el sonido de un bolero dulzón y triste hasta los oídos de Escargot. Las notas vienen de un coqueto local que huele a palmera, a daiquirí y a humo de tabacoÖ (no vimos la sección de "no fumadores"). Surge la nostalgia por una época perdida, quizá salpicada por un poquito de Hemingway y gotas de Nicolás Guillén.

Además:
  • La Guagua
  • Despensa
  • La Guagua es un local que nos transporta a la Cuba de los años 50 y este lazarillo gastronómico desea felicitar a sus dueños por haber logrado una atmósfera única y un prolijo cuidado en todos los detalles: iluminación, música, mantelería y decoración.

    Pero dejemos atrás la lírica y vamos al menú, que es un enorme periódico donde se enumeran varias peculiaridades de la comida cubana, y una que otra pincelada de sazón contemporánea.

    El servicio de los impecables meseros de guayabera blanca, oportunos y corteses, tiene un efecto de laberinto, pues nunca supinos a ciencia cierta quién nos atendió y las órdenes llegaron al compás turbulento de un eco caribeño.

    Como diría Tres Patines, "oye chico, vamo de atrás paíadelante". Empecemos por el final, porque los postres son excelentes. El Queque capuccino (¢1.300) es un esponjoso capirote de pasta de queque horneado a la perfección, y el Arroz con leche (¢1.300) viene perfumado a especies, con la justa ración de dulce, y con los granos cocidos hasta el punto perfecto: ni blandos ni tiesos. Inigualable.

    Otra delicada alternativa es la Jalea de guayaba con queso crema (¢1.200), pero la nota guarachera es el Pudín diplomático (¢1.300) una pieza dorada de espumoso pastel con frutillas y dulce de leche al lado.

    En el capítulo de los platos fuertes, uno puede elegir tres guarniciones, pero... ¡Ojo! Según nos contó el mesero, el Congrí (arroz y frijoles) vale por dos. Probamos la yuca que estaba excelente, con su justa ración de ajo y mantequilla (salsa tipo "mojo"). Los platanitos maduros no sacaron tan buena nota porque faltaron a su dulzura.

    Ropa vieja (¢3.100) es un enorme plato de carne en hebras, aliñada con tomate natural, que rima muy bien con la guarnición de arroz blanco y la orden de frijoles colorados con aroma a cerdo. Su precio, hay que decirlo, nos pareció algo elevado.

    De carnes, pedimos el Boliche relleno (¢3.350): cuatro jugosas y gruesas tajadas de "mano de piedra" rellena de longaniza de buena calidad y con una espesa salsa de carne.

    Gran desilusión nos produjo el Pollo La Guagua (¢3.650). Según el menú, este plato viene con tres salsas: una de guayaba, otra de cebolla caramelizada y mojito con tomate. El plato que probamos era una triste pieza impalpable de filete de pechuga; la salsa de cebolla nunca llegó a la mesa y la de guayaba, honestamente, deben rectificarla.

    Por suerte, no todo fue pesar. Los Tamales al estilo cubano Ayaca (¢1.250) son una refinada mezcla de maíz y lechón que llegaron a la mesa hirvientes y envueltos en hojas de maíz. Como estos, la Sopa de pollo (¢1.350) habría sido capaz de hacernos olvidar cualquier resfrío.

    Bien por la Papa rellena (¢850), una enorme esfera de puré de papa colmada de carne en picadillo. Muy gustosa.

    En cambio, los Tostones (¢850) tenían un sabor a aceite que urge enmendar.

    Los refrescos son muy buenos y, pecando de cubanos, probamos el de "fruta bomba", aunque en el menú se lea como "Papaya" (¢950). Rima bien con el emparedado de carne llamado Pan con Bistec (¢2.300), sencillo pero muy risueño.

    Si usted quiere probar cocina de la de antes, sin tanta fusión, cosas nouvelle o sabores paradójicos, le recomiendo darse una vueltita en "guagua".


    La Guagua

    Calificación:

    Ubicación: Plaza Itskatzú, radial a Santa Ana.

    Teléfono: 288-5112.

    Precios: Unos ¢7.500
    por persona (incluye plato fuerte, entrada y postre, impuestos y propinas, pero no bebidas).


    Despensa

    La manera tradicional de limpiar una olla de acero inoxidable es con agua tibia o caliente y jabón. Mas, para que desaparezcan los arañazos, un excelente consejo es frotar su superficie con una pasta a base de ceniza y aceite de oliva.

    Para recuperar el brillo, hay que pasarle un paño humedecido con una mezcla de agua y alcohol. Y para quitar las manchas negras que se le hacen a la olla tras haber cocinado verduras, debe llenarse el fondo con agua caliente y un chorrito de limón.


    © 2004. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com