Internacional

Un caníbal futurista

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

Quería comerse a alguien y puso un aviso en Internet. Pero el ingeniero alemán Armin Meiwes no solo encontró quien se dejara devorar gustosamente, sino que recibió ofertas de más de 200 voluntarios. ¿Acaso el mundo se ha vuelto loco?

Los psicólogos que entrevistaron a Armin Meiwes dijeron que este hablaba del crimen como un científico se referiría a su experimento. La industria cinematográfica quiere utilizar la trama en una película al estilo de Hannibal Lecter, interpretado por Anthony Hopkins (abajo). (Telefoto: Ap / La Nación).

Perplejidad, conmoción, incredulidad, repulsión... El mundo entero fue testigo, gracias a la amplia cobertura de los medios informativos, de cómo el ingeniero alemán Armin Meiweis contó, con lujo de detalles, cómo se comió a su colega Bernd-Juergen Brandes, después de que este respondiera a un anuncio de Internet en el que Meiweis solicitaba voluntarios: "Busco joven con edad entre 18 y 30 años, bien formado, para ser devorado".

El caso adquirió trascendencia internacional entre diciembre y enero pasados, cuando se realizó el juicio contra este caníbal del siglo XXI en la Audiencia Provincial de Kassel, en el centro de Alemania. El crimen no tenía precedentes en la historia judicial de ese país. En consecuencia, los jueces debieron transitar por terreno penal inexplorado para dictar sentencia contra el técnico informático de 42 años, quien, a estas alturas, se ha vuelto célebre con el mote de "el caníbal de Rotemburgo".

Lejos de acabarse tras la lectura de la sentencia, la polémica terminó de encenderse el 31 de enero, cuando los jueces dictaron ocho años y medio de cárcel, que bien podrían reducirse a cinco por buen comportamiento.

Diversos sectores han levantado sus voces de protesta y preocupación por el inquietante trasfondo del caso, en que Internet sirvió de punto de encuentro para los protagonistas. El juez que presidió el proceso alertó sobre la existencia de una subcultura en la red, mediante la cual se ha propagado, no solo pornografía infantil, sino también inclinaciones al canibalismo.

Además:
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    Indignado, Helmut Rüster, portavoz de Círculo Blanco, una organización dedicada a la protección de las víctimas de actos delictivos, opinó que la sentencia no está a tono con la gravedad del crimen, en que un hombre fue llevado a la muerte con increíble brutalidad y falta de escrúpulos.

    Rüster lamenta que el victimario haya despertado tanto interés y confía en que no surjan imitadores. "Si la historia es suficientemente depravada, siempre hallará espacio en los medios de comunicación", criticó.

    Fama grotesca

    Apenas había terminado Rüster de pronunciar estas palabras cuando trascendió que la historia del caníbal de Rotemburgo podría ser pronto la trama de un libro, ya que Meiwes piensa escribir su autobiografía durante su estadía en la cárcel.

    Además, según su abogado, ya hay varias ofertas para utilizar la historia en una película al estilo de Hannibal Lecter, el caníbal más famoso de Hollywood, interpretado por Anthony Hopkins en las secuencias El silencio de los inocentes, Hannibal y El dragón rojo.

    El caso, con sus insospechadas derivaciones, ha sembrado entre muchos una inquietud respecto a las excentricidades a que ha llegado el ser humano.

    Y es que la conducta de Armin Meiweis no puede considerarse una aberración aislada: él mismo aseguró que recibió 430 respuestas –la policía corroboró que al menos hubo 204– y sostuvo que "cientos o miles" de personas pretenden satisfacer sus deseos de comer carne humana o de ser comidos.

    ¿Dónde se encuentra la génesis de esta inclinación macabra?

    De acuerdo con una recapitulación del diario alemán Deutsche Welle –que le dio amplia cobertura al caso– Armin Meiwes era un niño normal, aunque algo retraído y apartado de sus compañeros de escuela. Sufrió las sucesivas separaciones de su madre y, al final de su pubertad, vivía solo con ella, sometido a una estricta disciplina. Estos antecedentes no son nuevos en la historia de los criminales más famosos del mundo.

    En su juventud, el caníbal presenció matanzas de animales para ser comidos y estas escenas –afirmaron especialistas al Deutsche Welle – pudieron haber influenciado su estado psicológico.

    A los 18 años, Armin se mudó con su madre a una enorme casa que la familia poseía en las afueras de Rotemburgo. La residencia tenía 44 habitaciones y los amigos de Armin la llamaban "la casa de los espíritus". Posteriormente ingresó al ejército, donde destacó por su disciplina. Apoyaba a los subalternos y tenía buenas relaciones con ellos. Incluso llevaba a su madre a las excursiones de su brigada.

    Terminado su servicio en el ejército, trabajó como técnico de computación en un centro informático de Kassel y también allí se le consideraba diligente y eficiente. Sin embargo, le gustaba leer libros sobre caníbales, muertes y asesinos en serie. Además, coleccionaba partes de cuerpos de muñecas que guardaba en un cofre para que su madre no se enterara.

    Ella falleció en 1999 en la casa de Rotemburgo y después de su muerte, Armin se quedó solo en el mundo. Fue cuando empezó su carrera criminal por Internet. En el archivo fotográfico que tenía en su computador había imágenes de crímenes, accidentes, cuerpos abiertos y otras fantasías violentas.

    Foros como "Gourmet" o "Caníbal-Café" se convirtieron en la plataforma desde la que compartía con otros sus extraños anhelos.

    Pero Meiwes era muy apreciado entre los vecinos de la aldea de Wuestefeld, cerca de su casa de Rotemburgo. De lo único que se murmuraba en el pueblo era de sus inclinaciones homosexuales, precisa el Deutsche Welle .

    Adictos a la perversión

    No tardaron en aparecer los primeros contactos, gente interesada en su inusual inclinación. Primero, un cocinero puso a su disposición a dos de sus ayudantes para que fueran degustados. Armin habría podido devorarlo pero, ante las dudas de la víctima, lo dejó marchar. El banquete solo tenía sentido si la víctima también estaba de acuerdo.

    Luego, en un chat, conoció a Bernd Brandes, un ingeniero de Berlín. Este se declaraba bisexual y, según contó, la tortura formaba parte de sus rituales sexuales cotidianos. Quedaron en verse un fin de semana para poner a prueba sus instintos caníbales y, tras varias horas de conversación, Brandes pidió al caníbal que le amputara el pene.

    "Córtalo de una vez", dijo la víctima. La ingesta de alcohol y medicamentos en grandes cantidades hizo que no sintiera dolor. Meiwes cortó el miembro en dos trozos, los puso sobre el sartén y los aderezó con pimienta, sal y ajo. Fue así como Bernd pudo comerse sus propios genitales. Acto seguido, lo asesinó sobre una mesa y grabó todo con una cámara de video: segmentos de varios días para un total de 12 horas de filmación que fueron minuciosamente observadas por el tribunal que lo juzgó.

    Interrogado después sobre los motivos que llevaron a la víctima a ofrecerse, Armin dijo no entender la felicidad que mostraba Bernd.

    El ingeniero descuartizó el cuerpo de su colega y conservó la carne. Después de dos días, vio cumplido su deseo de comer carne humana: en los videos aparece comiéndose a su amigo con papas, verduras y vino tinto chileno. Luego diría a la policía que la carne humana tiene un sabor "parecido" a la carne de cerdo.

    Mas no le bastó con satisfacer su capricho. En los meses siguientes buscó nuevas víctimas y fue justamente esa actitud la que, un año después del asesinato, permitió a la policía dar con su paradero. Un estudiante de Innsbruck denunció a Meiwes, quien en los foros de Internet aseguraba haber probado la carne humana. "Espero encontrar pronto otra víctima porque la carne se está acabando", escribió en un correo electrónico a un amigo.

    En las audiencias –detalla el Deutsche Welle– el imputado admitió la ferocidad e inmoralidad de su acto, pero rechazó las acusaciones de homicidio pues, desde su punto de vista, fue un acto de eutanasia, ya que –dijo– la víctima esperaba morir de esa manera.

    En su defensa, el abogado de Meiwes, Harald Ermel, afirmó que su cliente recibió a otros cuatro hombres en su casa, pero los dejó marcharse. "Eran un maestro, un cocinero, un empleado de hotel y un estudiante. Los tenía colgados del techo por los pies y no podían librarse por sí mismos. Uno se sintió indispuesto y los otros no quisieron continuar, por lo que los dejó ir a todos", explicó.

    Los psiquiatras que evaluaron a Meiwes concluyeron que no estaba demente, pero sí gravemente perturbado. A muchos les preocupa lo que pueda ocurrir cuando salga de la cárcel, aunque él ha dicho que desea someterse a psicoterapia mientras está en prisión.

    Y, por insólito que parezca, ya existen sitios electrónicos que agrupan a sus seguidores.

    Debido a signos como este, es que la revista alemana Der Spiegel lanzó la pregunta: "¿Dónde estamos viviendo? ¿Se ha perdido la medida de lo que separa lo normal de lo anormal, lo correcto de lo equivocado?".

    Elaborado con información de las agencias de noticias AP, EFE, Reuters y AFP, los diarios Deutsche Welle, Clarín y El Mundo, y la revista Der Spiegel.


    Sadismo a la venta

    Los adictos al sadismo consideran como un tesoro las videocintas de este grotesco banquete, consideradas como snuff movies (películas en las que se tortura y asesina solo para registrar los hechos por medio de fotos o videos).

    Expertos entrevistados por medios europeos, estiman que la cinta de "el caníbal de Rotemburgo", que muestra cómo este descuartiza y se come a su víctima, puede valer más de $60.000 en el mercado negro.

    Por eso la Audiencia de Kassel rodeó de fuertes medidas al trío de casetes que contiene las escenas. Solo dos agentes y un funcionario tienen acceso a ese material, pero se dice que hay copias.

    De acuerdo con un reportaje del diario El Mundo, de España, las escenas grabadas superan la más atrevida de las ficciones.

    Al principio, Meiwes y Bernd aparecen fumando y charlando. A las 6:30 de la tarde, el primero procede a cortar el pene del berlinés, quien se había tomado 20 pastillas para dormir, dos frascos de jarabe y media botella de licor sin diluir. Ambos cocinan e intentan comerse la parte amputada pero, tras freír y hervir el pene (lo que redujo considerablemente su tamaño), concluyen que es complicado de tragar.

    Desangrándose, Bernd se marcha a la bañera y pierde el conocimiento diez horas después. Con cuchillos de cocina, el otro empieza a trocearlo. "Movía la cabeza de un lado a otro. Se ve un movimiento bucal", dijo un forense presente en la proyección del vídeo. Un corte en el cuello le provoca la muerte al berlinés, cuyo cadáver termina en el refrigerador de Meiwes.

    Entre los aficionados a este tipo de cintas impera la teoría de que el grueso de ellas no son auténticas. De ahí el valor que han dado a este video en particular.


    "Banquetes" similares

    Armin Meiwes no está solo en sus perversiones. En diciembre pasado, en Taipei, un taiwanés confesó haber comido carne humana. El hombre fue detenido por el asesinato y descuartizamiento de la vendedora de seguros Shih Chin-Chih, de 28 años, pero la policía llegó a tiempo para encontrar el cuerpo desmembrado. Sin embargo, el hombre confesó que hace 12 años se había comido a otra agente de seguros que visitó su tienda.

    Después del asesino en serie Jeffrey Dahmer, quien –a principios de los años 90– mató y se comió a 17 adolescentes en el estado de Minnesota, Estados Unidos, el caso más grave de antropofagia en ese país ocurrió en enero del 2001.

    Los vecinos de Great Falls, en Montana, descubrieron aterrorizados que habían participado en un macabro agasajo preparado por Nathaniel Bar-Jonah, quien los invitó a comer tallarines y guisos hechos con carne de un niño asesinado.

    El hombre, quien estuvo recluido 12 años en un centro para enfermos mentales en Massachusetts, habría matado a otros menores en más localidades del país.

    Pese a que él se declaró inocente, la policía lo vincula con el secuestro de Zachary Ramsay, de 10 años, en 1996. Las autoridades creen que, después de darle muerte de un balazo, se llevó el cuerpo a su casa, donde lo cortó en trozos para cocinarlo... y compartirlo.

    Mas la locura no termina aquí. En noviembre, la cadena de televisión británica Channel 4 desató una gran polémica al mostrar al artista chino Zhu Yu mientras se comía el cadáver de un recién nacido. Él declaró que "ninguna religión prohíbe el canibalismo" y que "en China ninguna ley prohíbe comer personas".


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