Desde la cueva

Javier Zúñiga: Caballero de metálica figura

José David Guevara M.
jguevara@financiero.co.cr


Foto: Frank Guevara/ Para La Nación.

Las piernas de Don Quijote son dos clavos largos; los brazos, un par de clavos más cortos y delgados; el tronco, la cabeza y el sombrero, un clavo de techo; incluso la espada es un clavo aplanado a golpe de piqueta... El caballero de la metálica figura.

Los bigotes del ingenioso hidalgo son de alambre fino; la lanza, un trozo de varilla aplanada en la punta; el escudo, una platina de un sobrante de lámina cortada con un troquel; la montura y los estribos son del mismo material, y las riendas están hechas de alambre trenzado.

Rocinante no se queda atrás. La cabeza y el tronco son de varilla de construcción; las patas, cuatro clavos que terminan con cascos forjados con tiras de platina; la cola es también un clavo; las orejas, dos puntas de clavos aplanadas, y los ojos, dos puntos de soldadura.

Sancho Panza y su asno son de los mismos materiales de Don Quijote y su rocín.

Los molinos del campo de Montiel, que el habitante de la Mancha confundió con gigantes, se asientan sobre piezas circulares que sobran de una troqueladora; el cuerpo de la torre es el huso metálico de unos hilos japoneses, y el techo y las aspas son, igualmente, sobrantes de láminas de metal.

Esta es la versión de los personajes de Miguel de Cervantes que don Javier Zúñiga Delgado crea en su rústico taller de artesano en San Juan de Dios de Desamparados, un galerón donde alicates, piquetas, limas, prensas, cepillos de acero, yunques, brochas, soldadoras de acetileno y welding, y otras herramientas inventadas o reformadas por su dueño comparten el espacio con motocicletas –una de las pasiones de este hombre, de 69 años, y sus hijos–, cascos, una pecera, fotos familiares pegadas en las paredes, hachas, lámparas, una piel de ardilla, un juego de dardos, cutachas y cientos de objetos más. "En este desorden tenés todo lo que necesitás", dice con una voz adicta a la tertulia.

También hay radios pues a este desamparadeño, que porta un anillo y una esclava con calaveras plateadas, no puede faltarle la música. De hecho, la conversación que mantuvimos con él fue amenizada por las voces de Gilberto Hernández –quien era su amigo–, Felipe Pirela y Memo Neira.

"Acompañado" por esos y otros cantantes, don Javier forja una enorme variedad de figuras: campesinos cargando leña, ancianas cocinando en estufas antiguas, avionetas, lectores sentados en bancas, dentistas atendiendo a pacientes, arquitectos dibujando, dinosaurios, arañas, saxofonistas, violinistas, basquetbolistas, surfeadores apoyados en palmeras con cocos de balines... Todas sus obras surgen de los sobrantes o desechos de hierro y otros metales.

Allí donde la mayoría ve chatarra o basura, este artesano encuentra una oportunidad de crear; por ejemplo, de un alicate perro que cualquiera habría condenado al relleno sanitario, él hizo un zancudo.

Sin embargo, su creación favorita, la que más veces ha hecho, es Don Quijote y sus personajes. "Me gusta la locura de Don Quijote, lo fuera de serie que es. Decía y hacía cosas a las que nadie más se atreve por miedo a ser tratado de loco o de estúpido", manifiesta este artesano que ha ganado premios dentro y fuera del país.

Y agrega: "Todo el mundo vive en conflicto, pero Don Quijote es un tipo estable. Algunos dicen que yo soy como él, y de veras, soy medio quijotesco –en su caso, Rocinante es una moto BMW de 1.000 centímetros cúbicos–. Por eso hago tantas figuras de él y me duele tanto venderlas".

Quizá esto explica por qué don Javier crea quijotes con tan peculiar material: porque una vez que se le conoce, el caballero de la Mancha es un clavo imposible de sacar.


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