Tecnología

¿Ángel o espía?

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

Un chip que se implanta bajo la piel permitiría localizar a personas secuestradas o perdidas... o terminar para siempre con la privacidad individual.

Las imágenes futuristas de películas como Misión imposible o Matrix parecen estar alcanzándonos. Para mediados de este año, la empresa estadounidense Applied Digital Solutions (APS) espera popularizar en Latinoamérica un chip que permitirá saber el paradero de personas secuestradas o perdidas utilizando un sistema de localización mundial basado en 24 satélites.

Además:
  • La familia Chipson
  • Controversia
  • La invención del dispositivo, conocido como "chip antisecuestro", ha sido recibida con aplausos e igual número de abucheos.

    En países como Colombia o México, donde el secuestro se ha convertido en toda una industria, el implante que permita la ubicación de un ser querido en cuestión de minutos podría significar la diferencia entre la vida y la muerte. Igual ocurre con las víctimas de enfermedades como el mal de Alzheimer, que limita por completo sus desplazamientos pues los familiares temen que el paciente sufra una crisis o se extravíe en plena calle.

    Pero casi desde que la empresa APS anunció, hace cinco años, que estaba desarrollando el implemento, las organizaciones de derechos humanos pegaron el grito al cielo porque temen que un mal uso de estos chips vulneren la intimidad del usuario.

    Por el momento, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó a la misma compañía la distribución de un dispositivo llamado Verichip que contiene datos de identidad e historial clínico de quien lo porta. Es una especie de "hermano menor" del poderoso PLD (Personal Located Device), que será una versión mucho más sofisticada con sensores para captar signos vitales (pulso, temperatura, nivel de azúcar en la sangre, etcétera) y un receptor vía satélite para localizar al portador. La empresa ya produce un beeper llamado Digital Angel que hace todo esto, y sus ingenieros están trabajando duro por lograr que todas sus funciones quepan en un objeto lo suficientemente pequeño como para que se pueda implantar.

    Mientras la era biónica avanza a pasos agigantados, el Verichip ya se ha implantado a varias personas en Estados Unidos, México, Argentina y Brasil por razones médicas principalmente. (Ver recuadro "La familia Chipson").

    Hace apenas diez días, Solusat, la empresa que comercializa el chip de identificación en México, puso oficialmente en venta este dispositivo. El director general de la compañía, Antonio Aceves, dijo al diario Reforma que con ello se pretende "permitir a organizaciones médicas y de seguridad tener el control de personas".

    Según la versión digital de Reforma, con solo utilizar un escáner –que funciona de manera similar a los lectores láser de las tiendas de autoservicio– es posible obtener de inmediato la información necesaria para realizar un cuadro clínico, algo que, de otra forma, tardaría dos o tres horas para hacerse.

    El Verichip emite una señal de radio con una frecuencia de 125 kilohertz que transmite un número de identificación exclusivo. Tal número es captado por un escáner y luego se utiliza para acceder a una base de datos informática donde se almacena el archivo del paciente.

    Sin embargo, la revolución apenas está por empezar, pues el PLD permitirá localizar a personas secuestradas en cualquier parte del mundo. Este sistema utiliza la red GPS (sistema de posicionamiento global) que emplea 24 satélites, los cuales "barren" todo el planeta.

    El dispositivo se insertaría, probablemente, en el músculo de antebrazo, entre el hombro y el codo, y el proceso de inserción sería igual al del Verichip. Consiste en anestesiar la piel del área donde se va a implantar y, con una jeringa especial que contiene el chip, se atraviesa la piel hasta llegar al músculo y después se dispara el dispositivo con un botón. Supuestamente, el encapsulado hace una reacción con el músculo de tal manera que se adhiere a la carne y no causa ningún efecto secundario.

    Por el contrario, retirar el chip no es tan simple como implantarlo. Se requiere de un médico que haga la incisión y lo desprenda del músculo.

    El Verichip mide 1,2 centímetros de largo por 2 milímetros de ancho, un tamaño similar al de un grano de arroz, aunque más alargado. En la piel queda una pequeña cicatriz que se borra con el tiempo. El precio aproximado en la actualidad es de $200 y en 128 bits puede almacenar información como el tipo de sangre, alergias que padece la persona, su presión arterial, datos financieros confidenciales, el nombre, teléfono y hasta una foto del portador.

    Antisecuestros

    Sin embargo, es el próximo paso de esta insólita tecnología lo que ha desatado la mayor polémica: ¿Qué es más importante, la seguridad o la privacidad?

    Quienes han sido víctimas del flagelo del secuestro han levantado la voz en favor del chip. Una encuesta realizada en Colombia en diciembre, por la agencia IBLNews, dio a conocer demostró cuánto quisieran los colombianos contar con este avance tecnológico y la razón es obvia. En este país se registra el más alto índice de secuestros del mundo: un promedio de 8,71 secuestros por cada 100.000 habitantes.

    El secuestro en Colombia es toda una industria a pequeña, mediana y gran escala, y un verdadero calvario nacional.

    Los casos se cuentan por miles y los testimonios también.

    Nepomuceno López, gerente de una empresa de suministro de combustibles fue secuestrado por el frente 57 de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1996. Estuvo 46 días en manos de la guerrilla y después fue liberado. Ahora, tres años después de haber vivido la etapa más difícil de su vida, daría lo que fuera para que esto nunca le volviera a pasar.

    El empresario López ha asegurado a IBLNews.com que aunque se ha salvado una vez del secuestro, su condición económica le convierte en –lo que llaman en ese país– "un secuestrable": "Las amenazas contra mi vida o la de mi familia no cesan y daría lo que fuera para que, en caso de que me secuestren otra vez, mi esposa y mis hijos supieran dónde estoy y pudieran avisar lo más pronto posible a la policía".

    Pero grupos defensores de la privacidad se están empezando a preguntar si no existe todo un espectro de situaciones en las que se podría obligar a las personas a implantarse el dispositivo.

    "Los chips de identificación son una forma de 'correa de perro' electrónica, una forma de control digital", ha dicho a los medios Marc Rotenberg, director ejecutivo del Electronic Privacy Information Center (EPIC, por sus siglas en inglés o Centro de Información Sobre Privacidad Electrónica). "¿Qué pasa si un empleador impone como condición para contratar a un patrono que se implante el chip?", cuestiona Rosenberg.

    Este dijo que el EPIC ha presentado una solicitud de información en el marco de la Ley de Libertad de Información para conocer los detalles de la aprobación del Verichip por parte de la FDA.

    El chip también ha provocado la alarma de algunos cristianos que temen que sea la "marca de la bestia" a la que se alude en la Biblia. Decenas de sitios web hacen referencia a las implicaciones satánicas de la tecnología.

    Y es que la seguridad también está contemplada en el plan comercial de Verichip. La compañía ya tiene firmado un acuerdo con el Departamento de Prisiones de California, que piensa utilizar el Digital Angel para controlar los movimientos de los reos en libertad condicional. La idea es que el dispositivo llegue a funcionar como un documento de identidad a prueba de robos y falsificaciones, como si fuera una licencia de manejo puesta bajo la piel.

    En una secuela directa de los atentados del 11 de setiembre en Estados Unidos, la empresa incluso sugiere que los tripulantes de los aviones comerciales usen este identificador para impedir que los terroristas se infiltren haciéndose pasar por ellos. "Viajo mucho, y me gustaría estar seguro de que el capitán del avión es quien dice ser", expresó Richard Seeling, ejecutivo de Applied.

    ¿Pueden exigir los gobiernos y aerolíneas que los pilotos se implanten el chip? "Creo que tenemos derecho a ello", comenta Seelig. "Nuestras vidas están en sus manos".

    Alcances peligrosos

    El caso parece abrir portillos impensables. Por ejemplo, el gobierno británico ha contemplado la posibilidad de implantar un chip bajo la piel de los acusados de pederastia para combatir ese tipo de crímenes. Según el periódico inglés The Observer, este implante permitiría tener a todos los sospechosos localizados día y noche vía satélite. Supuestamente, el chip permitiría controlar la presión arterial y el ritmo cardíaco del individuo y así sería posible saber cuándo está atacando.

    Como era de esperar, los defensores de los derechos humanos calificaron la propuesta como "un horror total".

    Aunque, desde la perspectiva tecnológica, es evidente que los chips antisecuestros están más cerca que nunca de ser insertados, también es un hecho que la tecnología ha avanzado al mismo ritmo que las regulaciones sobre privacidad en Estados Unidos.

    Así las cosas, para el segundo semestre del año se espera una ardua batalla de dos posiciones antagónicas que, irónicamente, tienen en común su origen: el signo de los tiempos.


    La familia Chipson

    En agosto del año pasado, el mundo se conmocionó con la noticia del secuestro y asesinato de Jessica Chapman y Holly Wells, dos preciosas niñas inglesas.

    El horror de que esa tragedia se repitiera en su familia hizo que Paul y Wendy Duval decidieran colocarle a su hija Danielle, de 11 años, un microchip que les permitiera localizarla en todo momento. La medida fue imitada por otros padres de familia británicos, pese a las críticas crecientes en el sentido de que, en favor de su seguridad, convertirían a sus hijos en "seres teledirigidos a distancia".

    Unos meses antes, en Estados Unidos, la compañía Applied Digital Solutions (ADS) había anunciaba que la Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos (FDA) había aprobado el uso del Verichip, un microprocesador del tamaño de un grano de arroz mediante el cual se puede conocer todo lo concerniente a la identidad de quien lo porta. Este sería el precursor del chip de localización de personas por vía satelital que la misma empresa anuncia tener en el mercado para mediados del 2003.

    En medio de una polémica similar a la que se suscitó en Inglaterra, una familia completa de Boca Ratón, en Florida, aceptó implantarse microprocesadores bajo la piel. En su caso, las razones que imperaban eran de orden médico.

    "Es una elección libre. Llevar un chip bajo la piel nos salvará la vida.; permitir el acceso a mis datos privados puede evitar que muera en una emergencia", ha afirmado Jeffrey, el padre de la familia, que completann su esposa Leslie y su hijo Derek. Aunque su apellido es Jacobs, a partir del implante, han comenzado a ser llamados por la prensa estadounidense "los Chipson".

    Jeffrey, de 48 años y cuya vida ha transcurrido de hospital en hospital, superó la enfermedad de Hodkin (similar a un cáncer linfático) y sufre malformaciones en la espina dorsal y el cuello. Como secuela del tratamiento, padece atrofias y pérdidas súbitas del conocimiento. "No puedo acordarme ni de los diez medicamentos que tomo diariamente. ¿Cómo podría relatarle a un médico todo mi historial en una situación crítica?".

    El extenso expediente clínico de Jeffrey fue determinante para que su familia fuera la elegida, pues miles de personas se postularon para convertirse en "los Chipsons".

    Y es que Derek, el hijo adolescente, también es alérgico a algunos antibióticos y hasta el día en que se le instaló el chip, llevaba colgado del cuello un medallón con sus datos médicos.

    Desde ese momento (en febrero del 2002), la familia Jacobs se dedicó a recorrer los Estados Unidos en la función de portavoz de ADS. De marzo a diciembre pasados, la entidad pretendía convencer a más de 3.000 personas para que siguieran los pasos de la familia de Florida.

    Superada esa etapa, ADS redirigió sus avances tecnológicos al llamado "chip antisecuestro", que intenta mercadear especialmente en Latinoamérica. Mediante este, sería posible localizar a la gente por vía satélite.

    "Los Chipson" aseguran que están encantados con el paso dado. "Realmente el implante nos ha dado una sensación de seguridad".


    Controversia

    En minutos, el chip permitiría rastrear a la persona donde quiera que se encuentre, de ahí el origen de la polémica: ¿Qué es más importante, la seguridad o la privacidad?


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