Me siento obligado a aceptar este reto que me pide mi pueblo

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com


Abel Pacheco, conciliador en la hoguera: Unos dicen que es "una gran persona"; otros aseguran que no tiene méritos para gobernar. Abel Pacheco afirma que solo cumple con su deber.

Por estos días exhibe un rostro adusto. Las tribulaciones en la recta final de la campaña han terminado por minar un poco su usual afabilidad. Pero, conversador infinito como es, basta con acicatearlo un poco para que se afloje y empiece a surgir el verbo de contador de historias que lo caracteriza.

Además:

  • Expediente médico
  • Finanzas
  • Familia
  • Trayectoria
  • Galería de fotos
  • Su reloj se ha convertido en uno de sus peores enemigos. Aunque la puntualidad es un rasgo distintivo de su personalidad, Abel Pacheco de la Espriella no tiene estilo para mutilar una agradable plática a causa de su apretada agenda, que a duras penas cedió una hora –finalmente fueron dos– la tarde del jueves antepasado.

    Cuanto se le observa detenidamente en sus actividades proselitistas o se ahonda en el libro abierto que es su vida, más difícil es ubicar un chip que parece no encajar en la circunstancia electoral actual: ¿cómo y por qué alguien como Abel Pacheco terminó, en el atardecer de su vida, inmerso en la turbulencia de una contienda electoral?

    Y es que hasta hace poco él mismo hablaba de su reticencia y hasta de sus limitaciones para ser candidato a la Presidencia.

    Por ejemplo, el 12 de marzo del 2000, en la Revista Dominical, aseguró: "Yo al principio decía que cómo yo, que no sé nada de economía, me iba a meter en una cosa así. Hasta que llegó un momento en que pensé que si la gente lo quería, no podía negarme. (Ö). Estaba considerando lo de la precandidatura cuando me viene el derrame, que me quita la mitad de la vista o un poco más al principio. He ido recuperándome, pero todo lo que es el lado izquierdo, sencillamente no veo. Y un político que no vigile la izquierda está listo".

    Tres años antes, el 7 de abril de 1997, la periodista Any Pérez le preguntó qué cosa le provocaba risa: "Que aspiro a la Presidencia, porque no es cierto", confesó entonces. Y en noviembre de 1999 dijo a La República que antes de conocer el apoyo popular que le conferían las encuestas estaba pensando retirarse, porque estaba "muy viejo para los discursos y los pleitos partidistas".

    Por los demás

    Don Abel no se inmuta cuando se le interroga sobre la incongruencia entre lo que dijo en estas y otras publicaciones y lo que finalmente decidió hacer. "Lo que pasa es que después de haber dicho que no, Luis Fishman (candidato a la segunda vicepresidencia), hace una segunda visita a mi casa y me entra por el lado con que a mí me manejan, por el de la responsabilidad, de lo que pasa con mi país si yo no acepto.

    "Entonces yo pongo en la balanza las dos cosas: una es mi vida feliz de pensionado rodeado de nietos, contando cuentos, escribiendo, sembrando, paseando por mí país que amo. Del otro lado, una vida infernal de Presidente, de sacrificio constante, de insultos. Yo digo: bueno lo que a uno le gustaría como ser humano es un atardecer tranquilo. Yo tengo una pensión que me permite vivir bien y no soy ambicioso, tengo con poco. Pero pienso en mis nietos, en los de mis amigos, en que, en efecto, soy un hombre que sabe rodearse, que soy inteligente a no dudarlo, que tengo respuestas, que soy además muy trabajador y que puedo aliviar mucho los males de Costa RicaÖ y digo ¡idiay, a la mano de Dios!".

    La respuesta deja flotando una sensación de añoranza de todo aquello que tuvo que sacrificar.


    "El diablillo me dice : "¡Ves, por idiota! podrías estar muy tranquilo", y el angelito me dice: "Es tu deber".

    El tono coloquial y dicharachero permea el diálogo.

    –Es decirÖ ¿lo embarcaron? ¿Está arrepentido?

    –Es como en las fábulas, uno tiene de un lado un diablillo y del otro un angelito, y todos los días el diablillo me dice: '¡Ves, por idiota! Vos podrías estar muy tranquilo', y todos los días el angelito me dice: 'Estás haciendo tu deber, tu pueblo te lo pide'. Idiay yo le sigo creyendo al angelitoÖ ¡qué vamos a hacer!".

    Al parecer, el angelito de don Abel lo aconseja más de la cuenta. Se niega reiteradamente a pagar con la misma moneda lo que considera ofensas, y hasta infamias, que han llegado junto con la satisfacción del "deber cumplido" tras aceptar la candidatura.

    Y aunque sus asesores de imagen se esmeran en hacer su trabajo, él reconoce que los escucha pero no les hace caso, algo que muchos de sus seguidores agradecen por la llanura, espontaneidad y el desempacho de llamar a las cosas por su nombre.

    Las preguntas a quemarropa no lo inmutan en lo más mínimo; al menos no las que se refieren a su vida personal. Porque, según sus adversarios y, en algunas ocasiones, la prensa, cuando de asuntos de estado se trata la historia es otra.

    Pero don Abel ni siquiera levanta la ceja con los cuestionamientos delicados, de esos que "dicen que se dice". Minutos antes había hablado sin reparos del divorcio de sus padres, de las tres veces que fue expulsado del colegio o del problema personal que tuvo con uno de sus hermanos por parte de padre, al que, hasta la fecha, no le dirige la palabra.

    Raíces

    Su historia de vida comenzó hace 68 años. Viviendo en Limón con su esposo, doña Marta de la Espriella viajó a San José para dar a luz al que sería su único hijo, el 22 de diciembre de 1933. Seis semanas después regresó al Caribe y por eso los primeros recuerdos de don Abel están marcados por el verdor de la región en la que aprendió a caminar y a hablar. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años y a partir de esa edad se crió en Barrio Amón, con su mamá y sus abuelos maternos, quienes ejercerían gran influencia sobre él.

    La primaria en la Buenaventura Corrales transcurrió normal, pero a su llegada al colegio tuvo varios tropiezos, pues en un esfuerzo por darle lo mejor, su familia lo matriculó en un instituto privado donde el nivel de vida de los compañeros estaba muy por encima del suyo.

    "Entonces me da por molestar y fregar y me pasan a otro colegio, pero es la misma historia; después a otro y lo mismo: 'Mejor que se lo lleven'. Mi familia ya entra en crisis y deciden meterme al colegio de Los Ángeles a mitad de año; ¡bendita la hora! Ahí hice una gran amistad con el padre Marciano Díaz, de quien estuve siempre pendiente hasta que murió. Fue él quien me dio psicología, literatura e historia, las tres cosas que yo hago hoy. Ahí se me quitaron todos los males de indisciplina".

    Don Abel viajó más tarde a México para estudiar medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y luego, gracias a una beca de don Francisco Chico Orlich, se especializó en psiquiatría en Louisiana State University.

    Estando en México, a la edad de 20 años, decidió participar junto con el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia en la llamada "invasión del 55" a Costa Rica, un fallido intento de golpe de estado que se fraguó en Nicaragua, cuando era gobernada por Anastasio Somoza García. Ha pasado casi medio siglo, pero Pacheco todavía sigue siendo cuestionado por su intervención en este hecho.

    Incluso, algunos le han atribuido haber matado a alguien en la contienda. "Eso es mentira, lástima que no hay récords de los combates que hubo y de dónde estuve yo. Lo de la invasión fue así: a mí me dicen –y yo creo– que van a quitar las garantías socialesÖ hoy no creo eso, pero vivía metido en la casa del doctor Calderón Guardia y yo no tenía por qué no creerle al Doctor (Ö) Yo participé exclusivamente en un combate en PuercosÖ ahí no hay muertos. Más bien capturamos a una gente y yo le salvo la vida a un soldado que amarran en una tanqueta y gritaba que él era calderonista, que él trabajaba con el gobierno por necesidad. Y lo solté.

    Luego, en medio de otras anécdotas relacionadas con su retirada de la contienda, don Abel repasa un hecho que, a su juicio, explica un poco su actitud en aquel momento. "Mi tío Rigoberto fue el primer muerto del 48, al que no solo mataron por la espalda, desarmado y herido, sino que le cortaron el pene, se lo metieron en la boca y se lo mandaron a mi tía y a mis primos".

    Poco después de este episodio, ya de vuelta en México, don Abel se casó con su primera esposa, Elsa Muñoz, madre de sus primeros cinco hijos: Abel, Elsa, Yolanda, Sergio y Valeria. Se divorciaron 16 años más tarde.

    "Yo tuve una mala experiencia con ese matrimonio. Cuando nos divorciamos ella se fue y se llevó a los niños para México, cuatro volvieron conmigo, otra hizo vida allá, ahora cuatro viven aquí y una en México. Tengo una excelente relación con mis hijos, pregúnteselo a ellos. Con la mamá sí no, yo no me hablo con ella", cuenta con sinceridad.

    Hasta hace poco don Abel tuvo una pensión alimenticia a favor de su exmujer, que se convertía en un impedimento de salida si no depositaba el monto adelantado que la ley estipula. "Ya no tengo impedimento, pero lo tuve por mucho tiempo por cosas de iras mal controladas. Pero yo de mi gusto le doy una suma mensual por medio de mi hija".

    Desde hace 26 años rehizo su vida junto a Leila Rodríguez Stahl, quien fue Miss Costa Rica a principios de los 60 y actualmente se dedica a la pintura. Con ella procreó a su hijo menor, Fabián, de 20 años.

    "Siempre he estado rodeado de mujeres bellas", afirma don Abel con un tono poético. Y después de conocer a doña Marta de la Espriella, su madre, que a sus 88 años es un dechado de coquetería y dignidad, o a su hija Yolanda (la vocera de los hermanos Pacheco), no queda duda de sus palabras.

    Yolanda, quien es maestra de preescolar en la escuela Saint Anthony, defiende a capa y espada la capacidad de su padre para gobernar. "Él nos crió de la mejor forma que puede hacerlo un padre, ojalá pueda llegar a la presidencia y transmitir a los ticos todo lo que nos ha enseñado a nosotros, ser trabajadores, independientes y honestos", asegura Yolanda, sin disimular las inflexiones de emoción en su voz.

    Doña Marta asiente con cada palabra y, madre al fin, aflora su resentimiento contra quienes han ofendido a su hijo: "Viera qué tristeza cuando salió la grabación aquella donde Araya se burlaba de él. Aquello de que estaba a los dos lados del mostrador, y lo del maquinazo y no sé qué", dice doña Marta ya con los ojos un poco aguados.

    Para hablar del carácter del candidato surge una pregunta específica: ¿Qué piensan de lo que dice alguna gente en el sentido de que don Abel será un títere de Luis Fishman?

    "No, jamás, de ninguna maneraÖ ¡vea a ver si lo puede manejar! Él no se deja mangonear de nadie, no es terco pero es plantado, le gusta escuchar y va a hacer un gobierno de unidad, pero es muy fuerte de carácter", puntualiza su hija.

    Gesta en el Chapuí

    Médico al fin, uno de los mayores orgullos de Abel Pacheco fue haber capitaneado lo que él llama "la gran revolución psiquiátrica de Costa Rica", cuando asumió en 1965 la dirección de lo que entonces era el Asilo Manuel Antonio Chapuí y que, al cabo de 16 años, se atribuye haber convertido en Hospital Nacional Psiquiátrico.

    "De un lugar donde había lepra, tuberculosis y piojos, con ratas que merodeaban y pacientes que dormían en el suelo entre excrementos, cubiertos con un saco de gangoche, yo hice un hospital escuela alabado por todo el mundo".

    Pero al final de la ardua faena, un buen día se hastió cuando la Junta de Protección Social, administradora del hospital, le dijo que debía conformarse con "un jabón para cada nueve locos".

    "Así. Ni siquiera les dijeron 'enfermos', simplemente 'locos'. ClaroÖ ¡como ellos no tenían que ver cómo limpiaban a un paciente lleno de excremento de pies a cabeza!".

    El diferendo llegó a dimensiones insospechadas cuando don Abel les dijo, según recuerda, que si no le cedían más jabones, él simplemente se iba. "¡Y me van diciendo!: 'Idiay síÖ ¡váyase!'".

    En cuestión de minutos don Abel se convirtió en un desempleado. Esa misma noche de miércoles asistió a sus reuniones de siempre con "los Pacheco, los primos de Cartago". Después de contarles lo que le había pasado, uno de ellos, Mario Sotela Pacheco, propietario de canal 6, lo contrató en ese mismo instante para que le dirigiera los programas del departamento cultural del canal. Fue el inicio de una trayectoria de 25 años en televisión que comenzaron con el programa Un instante de poesía.

    "Fue un rotundo fracasoÖ ¡ni mi mamá lo veía!", rememora entre risas. Pero la semilla estaba sembrada y pronto don Abel se dio a conocer en programas como Ayer y hoy en la historia y Leyendas y tradiciones nacionales, para posicionarse de una vez por todas, a lo largo de 22 años (desde 1979), con sus popularísimos Comentarios con el doctor Abel Pacheco, que llegaron a su fin hace poco más de un año.

    En el ínterin, Pacheco también tuvo su oportunidad como empresario cuando fundó El Palacio del Pantalón, atendido personalmente por él y cuyos comerciales de televisión popularizaron frases ideadas por el mismo doctor, como la alegoría del famoso Indiana Jones convertido en Desampa Jones, o aquel otro de "¡Cuidado con el virus de la moda furris!".

    Y ahí, a su tienda ubicada en plena Avenida Central, en las inmediaciones del Mercado Central, llegó un buen día Miguel Ángel Rodríguez, por entonces candidato, para ofrecerle una diputación por San José para las elecciones de 1994. Después de dos tamales y un par de cafés en el bar Imperial (a una cuadra de la tienda), Pacheco accedió. Pero luego le trocaron la oferta para presentarlo en la papeleta de Limón y, finalmente, para que ocupara el puesto de vicepresidente.

    "Bueno diay –recuerda don Abel que les dijo–, ustedes me tienen de diez pa'la goma, pa'rriba y pa'bajo, y a mi pobre mujer se la está llevando la trampa ahí en la tienda. Entonces me ofrecieron un puesto como asesor en caso de que no ganáramos, porque ya como vicepresidente me iba a quedar sin tienda y sin nada".

    Efectivamente, Rodríguez perdió las elecciones de febrero de 1994. Por esta razón, dice don Abel, durante su gestión como presidente del Partido Unidad Social Cristiana se le pagó un salario de ¢300.000 mensuales, de los cuales –asegura ante la consulta, y con papeles en mano– pagó los respectivos impuestos.

    Como él dice, "el que quiere tienda que la atienda", así que el negocio decayó hasta cerrar. Ya para 1998, quedó electo diputado y, hace un año, después de varios sondeos populares en los que encabezaba la intención de voto de los socialcristianos, cedió por fin a la tentación, deber, ego o reto, de postularse como precandidato para transformarse en la opción presidencial del PUSC, después de vencer a don Rodolfo Méndez Mata en la convención interna.

    En su carrera política se distanció del expresidente Rafael Ángel Calderón Fournier en 1997, cuando Pacheco era presidente del partido y fustigó a Calderón y a varios correligionarios por viajar a México invitados por el polémico empresario Carlos Hank González, ya fallecido.

    De ahí la ausencia de del exmandatario en la presente campaña política, algo que, sin embargo, no ha evitado que Pacheco siga liderando las encuestas.

    Pero, tal y como él lo previó tantas veces cuando dijo que no se postularía, el camino ha sido espinoso.

    Rosas y púas

    Si bien hasta sus adversarios coinciden en que Abel Pacheco es un hombre honrado y de buen corazón, muchos le achacan ineptitud para gobernar.

    En el debate del 7 de enero en canal 7, uno de los pocos puntos en que hubo consenso entre los otros tres candidatos participantes –Rolando Araya, Ottón Solís y Otto Guevara– tuvo que ver con la intervención de don Abel: todos dijeron que lució cansado, evasivo, sin ideas ni ganas de debatir. Guevara y Solís destacaron, eso sí, sus dotes de "excelente persona" y "con mucho amor".

    Pero don Abel insiste en que su actitud se debió a que no quería pelear. "Esos son matariles de canal 7, que yo estoy cansadoÖ¡sólo ellos saben! Lo que sí pasó en el debate es que estaba aburrido de la necedadÖ cansado no. Aburrido de esta babosada de preguntas, esta misma cosa de buscar que uno se pelee con los otros; yo estoy aquí por amor a Costa Rica, no por odio a nadie".

    De su condición física y médica da fe su médico personal, Manuel Eduardo Sáenz Madrigal, director de la unidad de Cardiología de la Clínica Bíblica, quien lo trató durante la crisis cardiovascular que sufrió el 6 de enero del 2000, y quien también ha atendido en chequeos de rutina de cardiología al candidato del Partido Acción Ciudadana, Ottón Solís.

    "Abel es un paciente portador de presión alta correctamente controlada. Tuvo una lesión vascular que superó por completo después de la rehabilitación y gracias a su disciplina para tomar los medicamentos. Hace poco le hice una prueba de esfuerzo y salió perfectamente; él sigue la dieta recomendada y camina tres kilómetros diarios, puede llevar una rutina normal como cualquier persona", afirmó Sáenz.

    Sin embargo, Alberto Cañas, toda una institución liberacionista que hoy integra las filas de Ottón Solís, que comparte con Pacheco el gusto por la literatura y la política y se siente unido a él por una gran amistad, ni siquiera cree que la limitación para gobernar que se la achaca tenga que ver con su salud.

    "Es un hombre muy bondadoso, me encantan sus libros y no sólo lo leo sino que lo releo. Pero yo encuentro que su preparación, su experiencia y su cultura no lo acreditan como un estadista, sino como un hombre bueno".

    Cañas también criticó severamente la "pobre" gestión de Pacheco como diputado.

    Según un reporte suministrado por la oficina de prensa de la campaña de Pacheco, en 42 meses él presentó 54 proyectos de ley de variada índole.

    Eliseo Vargas, jefe de fracción del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) defiende la gestión de don Abel. "Es uno de los diputados más constructivos; siempre busca el entendimiento. Es de los que más proyectos ha presentado y la mayoría van orientados hacia el sector social y hacia lo que es él: un humanista".

    Por su parte, Manuel Antonio Bolaños, también compañero de fracción y de la la comisión de Asuntos Hacendarios, aseguró que don Abel "es uno de los más disciplinados, puntuales y consecuente con los principales programas que impulsa el gobierno".

    En la bancada liberacionista se intentó conocer el criterio de las diputadas Sonia Picado y Alicia Fournier, pero ambas prefirieron abstenerse porque las unen lazos sentimentales o familiares con don Abel.

    El liberacionista Oscar Campos sí manifestó su apreciación en forma vehemente. "Don Abel llegó a calentar el campo, casi ni hablaba y mucho menos discutía... hasta que empezó a salir en las encuestas. Ahora dice que presentó no sé cuántos proyectos pero muchos no son de él, y los que sí, son risibles, tanto que no se discutieron porque ni a sus propios compañeros les interesó. Abel nunca ha peleado proyectos importantes, lo que le interesó al final fue hacer bulto porque Luis Fishman le decía que tenía que presentar un proyecto todos los días. Para todos nosotros es evidente que Fishman es el lazarillo de don Abel".

    Campos incluso fue crítico con la bancada verdiblanca. "Nosotros debimos poner en evidencia esto en su momento porque somos los mejores testigos de su incapacidad para visualizar problemas reales, y ni qué decir de las soluciones, vea la clase de proyectos: que había que poner un policía en cada hidrante para que no los dañaran, o el que quería exonerar de impuestos a las ollas y sartenes de hierros sin esmaltar...es risible", dijo Campos.

    En la recta final de una campaña de infarto, don Abel suele sortear las críticas siempre con sencillez y decoro.

    En diciembre pasado, en una disertación sobre los resultados de las encuestas, dejó a su entrevistador sin repregunta cuando dijo: "¡Idiay! Lo peor que puede pasar es que el pueblo, democráticamente, escoja a otra persona para gobernar el país. Yo sería el primero en felicitarlo, decir muchas gracias e irme para la casa tranquilo. Pase lo que pase, mi mensaje seguirá siendo de honestidad, trabajo y amor por este país".


    Expediente médico

    Según su médico de cabecera, Manuel Eduardo Sáenz Madrigal, don Abel Pacheco padece de presión arterial alta e hiperglicemia, aunque en su estado actual, ambas afecciones se encuentran controladas.

    Toma regularmente dos medicamentos.


    Finanzas

    Su casa de habitación: El lote mide 560 metros cuadrados y se ubica en residencial Geroma, en Pavas. La casa tiene 460 metros de construcción.

    Otros inmuebles: Finca Coyotepe en Esparza, 5,2 hectáreas (la finca pertenece a la Sociedad Leylabel S.A., conformada por Abel Pacheco, Leila Rodríguez y el hijo de ambos, Fabián Pacheco. En 1996 Abel Pacheco cedió su parte a su hijo Fabián, aunque se reservó el derecho del usufructo).

    Vehículos: Un Toyota Camry, 1994. Un Toyota Tercel 1999.

    Participación en sociedades: No tiene.

    Ingresos regulares:

    ¢800.000 al mes, salario que percibe como diputado de la Asamblea Legislativa.

    Deudas: No tiene.

    Declaración jurada de impuestos sobre la renta:

    No declara porque no posee bienes a su nombre.


    Familia

    Nombre: Abel Pacheco de la Espriella.
    Nacimiento: Limón, 22 de diciembre de 1933.
    Padres: Abel Pacheco Tinoco y Marta de la Espriella.
    Hermanos: Daniel, Rita, María, Carlos y Claudio.
    Esposa: Casado con Leila Rodríguez Stahl desde hace 26 años.
    Hijos: Abel, Elsa, Yolanda, Sergio, Valeria y Fabián.


    Trayectoria

    Profesión: Médico psiquiatra con especialidad en rehabilitación psiquiátrica. Como médico general trabajó en Guápiles (1960-1961); Puriscal (1961-1962) y el Hospital Psiquiátrico Manuel Antonio Chapuí (antes Asilo Chapuí) (1962 - 1978). Asumió su dirección durante los últimos 15 años de su gestión allí.

    Propietario del Palacio del Pantalón (1979 - 1995) y comentarista de televisión (1978-2001)

    Premio Nacional Aquileo Echeverría.

    Cargos políticos:

    Candidato a la Vicepresidencia por el Partido Unificación Nacional (1978).

    Candidato a la Vicepresidencia por el Partido Unidad Social Cristiana (1994).

    Presidente del Partido Unidad Social Cristiana (1996-1998).

    Diputado del PUSC (1996-1998) (1998-02).


    Galería de fotos

    1 (Ver imagen aparte) Pacheco posee una sólida vocación literaria y ha recibido varios premios nacionales e internacionales por sus obras.

    2 (Ver imagen aparte) Una foto de infancia con los primos de la Espriella: atrás, Francisco Eduardo; adelante, Eduardo, Carlos Manuel, Abel y Marta Eugenia.

    3 (Ver imagen aparte) En su álbum familiar abundan las fotos de Abel disfrazado con toda clase de trajes. Aquí, vestido de charro mexicano a los 7 años.

    4 (Ver imagen aparte) Yolanda, su hija, y doña Marta, su madre, bromean con los gustos culinarios de don Abel. "Por ejemplo, el pan untado con ayote sazón".


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