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Con  el técnico no se puede fallar

Actualizado el 21 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Con  el técnico no se puede fallar

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Buenos Aires

El Rey de Copas, protagonista de tantas hazañas y tardes de gloria, el de los triunfos milagrosos y jugadores extraordinarios se está yendo a la “B”. Es triste verlo a Independiente como un enfermo terminal, escuálido y ojerizo, listo para que pase la guadaña. Un club de 108 años que nunca descendió, con 16 títulos internacionales y 16 nacionales, con 85.000 socios hoy, en su peor momento. Le quedan 10 partidos para intentar la proeza de la salvación

“El descenso sería la consecuencia de un deterioro institucional que viene de años”, dicen los analistas. No coincidimos. Independiente posee un activo magnífico que son sus cinco millones de hinchas y su masa societaria, tiene cuantiosos recursos. Las deudas se arreglan. No presenta un deterioro que impida pagar sueldos o contratar jugadores, su presupuesto anual para el plantel profesional suma muchos millones de dólares. Las condiciones laborales del entrenador son buenas. El público llena el estadio...

El problema es más sencillo: elige muy mal a los técnicos. Al menos los últimos 20 han sido incompetentes para sacarlo adelante. El último, Américo Gallego (se le pidió la renuncia el lunes anterior) tomó al equipo en la posición 15 en los promedios; 24 partidos y ocho meses después lo dejó 18. Y jugando horriblemente, pese a recibir un apoyo irrestricto de la gente, que lo tenía como un ídolo. Hizo un desastre, estaba asustado y ahora se va cuando ya el enfermo no tiene remisión.

Y el plantel no es mejor porque también fichan muy mal. Aún así tiene material como para salir adelante. Desciende, si desciende, porque no acierta con un técnico competente desde hace años. Todos dejan la situación peor.

Bueno nunca es caro. Esto nos recuerda una anécdota de un gran dirigente del pequeño club Bella Vista de Montevideo, don Sebastián Bauzá (padre del actual presidente de la Asociación Uruguaya). Bauzá presidió durante 25 años al cuadro de José Nasazzi. Fue en 1980. Acababan de acordar la contratación del entrenador argentino Miguel Ángel Basílico. Ya había salido Basílico de la reunión y los demás dirigentes se mostraban preocupados. Creían que Bauzá le había ofrecido demasiado dinero para una entidad modesta. Pero Bauzá, después de haber conversado mucho con Basílico, estaba convencido de sus cualidades. Les dijo a sus pares de directiva: “El día más importante en la vida de un club es cuando contrata al técnico. Ahí no podés fallar. Si acertás, te despreocupás, todo lo demás lo vas llevando. Y este, sabe”. ¡Qué verdad!

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El DT, si es bueno, nunca es caro. Consigue triunfos, se generan ingresos, se acercan los patrocinadores, se valoriza el plantel...

Ningún santo hace milagros sin jugadores. Mourinho se autoproclama el mejor del mundo, y vive pidiendo refuerzos. Si el técnico es capaz y trabajador, sabe de futbol y tiene liderazgo, los éxitos llegan; al menos se vive tranquilo.

Basílico realizó una campaña notable en el club 'Papal' (tomó sus colores amarillo y blanco de la bandera vaticana) y lo llevó por primera vez a jugar la Libertadores.

“Papá le daba una importancia capital a eso -cuenta Sebastián hijo-. Iba a la escuela de técnicos y preguntaba quienes tenían los mejores promedios. Y les ofrecía contrato en Bella Vista. Así pasó con el Maestro Tabárez. Le dijeron que era el mejor de su clase y le dio su primer trabajo en la Quinta División de nuestro club. Así descubrió también a Sergio Markarián, que era gerente general de Acodike, una empresa de gas, y lo convenció de que se dedicara solo al futbol, porque le veía grandes condiciones. Y Sergio lo hizo. Su esposa puso el grito en el cielo, porque él tenía una carrera como ejecutivo y una seguridad económica y dejaba eso para dedicarse al fútbol. Y no en el Real Madrid, ¡en Bella Vista...!”

Lo imprescindible sigue siendo lo mismo de hace cien años: saber de fútbol. Porque para acertar con el técnico o los refuerzos se necesita eso: saber del tema. Hay una frase que hemos escuchado mucho en los últimos tiempos: “¿El nuevo presidente? Buena persona, gran empresario, pero no sabe mucho de fútbol”. No es un detalle menor.

Tener un buen director técnico calma los nervios y mejora todo. Colombia puede dar fe de cómo un buen entrenador puede cambiar incluso el humor nacional. El futbol cafetero vivía en estado de convulsión hasta que apareció el sedante llamado Pekerman. Argentina es una muestra perfecta al pasar de Maradona a Sabella.

El futbol no es tan sencillo como el público cree a veces, pero es más simple de lo que lo venden desde adentro. Si se acierta en lo esencial, lo demás se soluciona. Como señala Juan Ramón Carrasco: “En fútbol, lo importante es hacer gol, todo lo demás se puede arreglar”. La elección del técnico es igual.

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