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Los sacrificios de un tico para cumplir su sueño americano

Actualizado el 18 de julio de 2015 a las 04:11 pm

El viaje, la adaptación y tener una condición migratoria irregular son solo parte de los inconvenientes que enfrenta un nacional que busca una mejor vida a Estados Unidos.

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Los sacrificios de un tico para cumplir su sueño americano

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Manuel tiene su propia empresa, la cual está metida en la industria de la construcción. (Esteban Valverde)

Detrás de muchos ticos que viven en Nueva Jersey, Estados Unidos, hay historias en común. Cumplir el llamado sueño americano, pero sí digno de ser contado.

Para estos aficionados ver a la Selección Nacional ante México este domingo será como trasladarse al Estadio Nacional y volver a sentir el ambiente de San José cerca.

Uno de ellos es Manuel Ramírez, de 32 años, quien ha vivido 15 años en ese país. Cuando se fue no tenía claro el rumbo que le daría a su vida, pero ya no soportaba  ver la angustia de sus padres, quienes tenían su sustento en la agricultura, actividad que no alcanzaba para vivir.

La filosofía de vida de este oriundo de Bella Vista de Buenos Aires, Puntarenas es: "Dios y esfuerzo, sin importar lo demás", algo que sabe aplicar.

A sus 17 años, Manuel meditó, pensó y encontró una solución. Contra la voluntad de su padre, el jovencito decidió emprender una aventura que representaría un paso muy arriesgado en su vida. "Me voy para Estados Unidos, papá". Ramírez decidió alistar unas cuantas mudadas e irse a Nueva Jersey, donde un tío le ayudaría a encontrar un desahogo económico.

"Yo no pude terminar la escuela, de hecho solo estuve cuatro años. Nosotros sembrábamos mucho café, pero la situación nunca mejoró y tuve que venirme. No teníamos ningún futuro", recuerda.

Sin oportunidad alguna para obtener una visa, además de que económicamente no tenía el dinero para sacarla, el joven decidió intentar llegar al sueño americano vía México, por medio de los famosos coyotes.

"Yo tenía un tío que me dijo: '¿de verdad quiere hacerlo?' y yo le dije que sí, y como a la semana me llamó para contarme cómo iba a ser el proceso".

Lo que no imaginó aquel niño era lo que le tocaría vivir. Una semana tardó en llegar de Costa Rica a Estados Unidos, primeramente viajó en avión hasta tierras aztecas y de ahí tuvo que enfrentarse a diferentes experiencias que lo hicieron madurar en el tema de vida.

"Lo más impactante fue cruzar un río del lado estadounidense y ver huesos humanos. También nos tocó meternos a un río y casi me ahogo porque el coyote no pudo agarrar la varilla del otro lado del río, pero al final con Dios por delante logramos salir"

"Usted ve cosas impresionantes, por ejemplo algo que nunca se me olvidará es que entrando a Estodos Unidos hay un río y cuando lo logramos cruzar, encontramos huesos humanos en la orilla; ver eso me dio muchísimo miedo, pero yo sabía que tenía que seguir adelante".

Manuel también tuvo que subirse en árboles y ver desde ahí por donde patrullaban las autoridades estadounidenses, pero eso no fue todo. Cuando cruzaba zonas abiertas y veía un helicopetero, debía tirarse al suelo sin importar lo que hubiera, así fueran priedras, barro, polvo o arena, con tal de evitar que lo vieran.

La aventura tuvo un costo económico, ya que se endeudó por unos $5.000 (¢2,7 millones), con un interés del 5% de interés. 

"En mi primer trabajo ganaba a $5,75 (¢3.105) la hora. El primero fue limpiando un estadio. A los siete años de estar aquí comencé mi propio negocio, en el mundo de la construcción", contó.

Ya viviendo como un ciudadano más, aunque todavía no formaliza su situación migratoria, Manuel es dueño de su propia empresa, logró asumir todas las deudas de sus padres y además saldar la cuenta de su viaje.

"Mi papá ahora trabaja porque quiere, yo pagué las deudas de la casa, pagué la deuda del viaje. Ahora somos dueños de la pulpería del pueblo, además tenemos 20 manzanas de tierra, eso solo es gracias a Dios", cuenta.

Ramírez se fue con 17 años, asumió el papel de salvador para su familia, se arriesgó en alejarse de su país y de sus sueños de juventud para madurar a la fuerza en la vida y comenzar a ser el principal sustento de sus padres, pero todavía tiene dos sueños más por cumplir.

"Yo no puedo viajar a Costa Rica, por mi situación migratoria no puedo salir de acá. Tengo 15 años de no ver a mi mamá en vivo, además me da temor no poder ir a Costa Rica mientras mis abuelos estén vivos; yo solo le pido a Dios que me dé nuevamente la oportunidad de abrazarlos. Hoy si me ponen $100.000 o un tiquete a Costa Rica, no lo dudaré en elegir el tiquete", concluyó tragando grueso.

Este es solo un caso, pero que es muy común escuchar entre los cerca de 3.000 costarricenes que alentarán este domingo a la Selección Nacional ante México, y que además viven en Nueva Jersey.

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