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Delegación tica se hospeda en hotel Irazú

El hotel donde las lámparas ganan medallas de oro

Actualizado el 13 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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El hotel donde las lámparas ganan medallas de oro

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                         Unas horas antes de su debut contra Honduras, el equipo costarricense de beisbol miraba el partido entre el FC Barcelona y AC Milan por la Liga de Campeones de Europa. Celebraron ruidosamente el triunfo culé. | LUIS NAVARRO
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Unas horas antes de su debut contra Honduras, el equipo costarricense de beisbol miraba el partido entre el FC Barcelona y AC Milan por la Liga de Campeones de Europa. Celebraron ruidosamente el triunfo culé. | LUIS NAVARRO

En un pasillo del Hotel Irazú suena la tonada de Debi Nova, pero diferente. Si se quiere, con una tonalidad mejorable.

La puerta del cuarto la abre Sarita Morales y descubre un salón de manicure con ínfulas de karaoke. Glenda Davis, sentada en una mesa repleta de esmaltes y limas, alista las uñas de Shantely Scott. Ellas son del equipo tico de revelo y, en la cama, descansa junto a ellas la lanzadora de bala Silvia Piñar.

Ninguna quiso asumir como propia la canción y dijeron que fue obra compartida.

Por los pasillos del Hotel Irazú vienen y van atletas ticos como esas hormigas que parecen siempre ocupadas pero sin un rumbo claro. Son de Pérez Zeledón o de Belén, de Curridabat o de Limón.

Tal vez por estas dos semanas, este recinto se haya vuelto más representativo del país que la Asamblea Legislativa.

Durante la última semana y media, el hotel se ha convertido en capital del deporte tico, una mezcla de deportistas y jerarcas, de entrenadores y bicicletas tiradas a medio pasillo. El jardín donde reposan las vacas del Cowparade se convirtió en ring improvisado de boxeo.

En la recepción, a unos metros del mostrador donde está colgada una manta de apoyo a los ticos, el presidente del Comité Olímpico Nacional, Henry Núñez, habla con dos contadores mientras espera a un periodista.

Las camisas blancas con la leyenda “Costa Rica” en la parte alta de la espalda están en todo lado: al borde de la piscina, descansado sobre ganchos en los cuartos, almorzando o tomando el ascensor.

Es la villa olímpica prometida y nunca entregada. Es lo que hay.

Descanso. No, ella casi nunca los ve. Es que ellos siempre están en carreras o descansado. Sí, son desordenados, pero no tanto como los que han llegado de otros países.

“Y viera, cuando una está adentro limpiando el cuarto y ellos llegan, hasta piden permiso para entrar”, explica Yolanda González, mucama del hotel.

Unos 20 metros y dos carros de limpieza más allá, Graciela Hernández señala hacia la lámpara con más medallas de los Centroamericanos: es sencilla, de pared, con pantalla de vidrio y una luz serena. Nada que llame la atención.

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“Ahí una chiquilla de patinaje dejaba colgada todas sus medallas”, confiesa la mucama, quien contó al menos seis preseas.

Una vez en sus casas, ¿en cuál vitrina quedarán las medallas?

No se sabe, pero aquí se sienten tan cómodos los atletas que tienen la sana costumbre de premiar al mobiliario.

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