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¿El mejor ‘9’  del mundo?

Actualizado el 03 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

La primera respuesta es que Falcao demuestra en cada partido que, si no es el mejor centrodelantero del mundo, quiere serlo.

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Buenos Aires.  Nosotros lo preguntamos, el diario Marca de Madrid lo afirma rotundamente en una tapa espectacular en la que Radamel Falcao García salta con los puños apretados celebrando uno de sus tres goles al Chelsea. El Tigre venía de liquidar al Athletic de Bilbao con tres zarpazos el domingo por la Liga. El viernes despanzurró al cuadro inglés con otros tres en Mónaco. ¿Que no sirven? ¿Que la Supercopa Europea es una copita? ¿Qué es lo que vale entonces? ¿Nada vale? Preguntémosle a los hinchas del Aleti si ese triunfazo no sirve, si no los alegró... La alegría, si está vivida, vale.

La primera respuesta es que Falcao demuestra en cada partido que, si no es el mejor centrodelantero del mundo, quiere serlo. O va en camino de... La segunda es: ¿si no es Falcao, quién?

Esos tres tantos son un muestrario bastante acabado de la mercadería que vende Falcao. En uno la pinchó de derecha ante la salida de Cech, en otro en que el arquero permaneció bajo los tres palos, la bombeó suave al ángulo con izquierda; en el tercero apareció fantasmalmente, superó por milímetros a su marca y tocó seco, bajo y rápido a un costado.

Tiene más para ofrecer: el cabezazo matador, el pique veloz que anticipa y gana, el olfato para capturar rebotes, la ubicación para estar siempre ahí donde pueda aparecer una pelota suelta.

Cada día se lo ve más completo, más pertrechado de recursos, más fuerte físicamente, más lúcido y sereno para resolver. La técnica no, ya la mostraba en sus comienzos en River.

Falcao nos acciona la evocación de Sergio Manteca Martínez, el uruguayo de Boca. Fuera del área era un jugador menos que discreto, de cinco puntos; en el área era una enciclopedia, sabía todo lo que un atacante necesita para convertir en gol cualquier jugada. Resolvía con inteligencia, rapidez y certeza. Era un verdugo. El colombiano es un jugador casi común a 20 o 25 metros del arco. En el área de 18 yardas es una fiera incontenible con un notable catálogo de soluciones para cada problema que la jugada le plantea.

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En el primero ante el Chelsea, en lugar de fusilar, la picó sobre el cuerpo de Czech y ante la desesperación de David Luiz, que pasó de largo, chocó contra un palo y cayó dentro del arco (¡lo devastador que puede ser el talento!). En el segundo, cerrados todos los huecos del arco por zagueros y arquero, la tocó suave por elevación al ángulo. Esto nos remite a una anécdota que nos refirió Carlos Caszely, aquel fenomenal delantero chileno de los 70. Fue un prodigio, lo subieron a la Primera con 15 años y tenía todo el entusiasmo de la edad. Le tocó debutar en Colo Colo junto a un notable centrodelantero, Mario Rodríguez, argentino goleador y campeón de la Libertadores con Independiente en 1964 y 1965. “Yo erraba goles porque quería fusilar a los arqueros. Un día en el vestuario, Mario me llamó y me dijo: ‘Pibe , ¿vos querés hacer goles? Nunca le pegués fuerte dentro del área’. Eso me quedó grabado”. La idea que le estaba expresando era “siempre a colocar”.

Eso hizo Falcao ante el Chelsea. Ese tipo de definición revela el grado de confianza a que ha llegado. Cuando un goleador tira suave es porque eligió el rincón donde meterla. Lo pensó, lo entrevió en la velocidad del juego. Eso habla de la seguridad que tiene frente al arco. Cuando un delantero tira a colocar no se puede hablar de suerte, sino de intención. Indica que ya aprendió todos los secretos del puesto.

Gonzalo Ludueña, el Hachita Chico , le puso el apodo de Tigre en las inferiores de River. ¡Qué acierto! Gonzalo es hijo de Luis el Hacha Ludueña, extraordinario centrocampista de Talleres de Córdoba en los 70, y hermano menor de Daniel, el Hachita , que lleva años en el Santos Laguna de México.

Dentro del área, Falcao tiene la voracidad, la fiereza, la fuerza y velocidad de un tigre en pelea. Lleva marcados 114 goles en 140 partidos en Europa, con una media de 0,81 por juego. Impresionante. Este era el “9” que necesitaba el Barcelona para continuar su reinado mundial. Los 40 millones de euros que el Atlético de Madrid pagó por Radamel parecen monedas al lado de los 40 que le costó Alexis Sánchez al Barça . El chileno ya es sindicado en Cataluña como “uno de los mayores fiascos de la historia del club”. Un poco duro o apresurado.

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La realidad es que no hace goles, no los prepara, no desborda, no genera juego, pelota que toca la juega hacia atrás y está permanentemente en el suelo. Se lo ve falto de confianza y de personalidad para revertirlo. No es el primer yerro importante del Barça. Primero la embarró con Ibrahimovic, el jugador más individualista que hayamos visto nunca. Pagó 65 millones de euros y con mucha suerte recuperó una quinta parte.

Con Drogba ya grande y en China, son poquísimos los “9” que pueden competir con Falcao. El único es Rooney, que sabe más que Radamel en el resto del campo, organiza juego y define; pero el inglés ya no juega tan metido en el pequeño rectángulo, se tira atrás para recibir y armar. Acaso Benzemá sea un “nueve-nueve” y es crack , de altísima técnica, goleador; mas, no lo vemos con la agresividad del colombiano, con ese deseo ardiente de anotar dos, tres, cuatro goles por tarde. Messi también es un terrible artillero, pero no es “9”. Es un “10” que juega por el medio, ligeramente a la derecha y aparece en el área como producto de la progresión de la jugada. Paolo Guerrero es un exquisito del área y la mete también, aunque sus números están lejos de los del Tigre. Si nos obligan a responder la pregunta decimos que sí: Falcao es el mejor “9” del mundo.

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