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La pasión latina, europeizada

Actualizado el 02 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Buenos Aires

Walter tiene 21 años; como casi todo joven latinoamericano, gusta del fútbol. Su equipo favorito en la PlayStation es el Bayern Munich; en el fútbol real prefiere el juego del Barcelona. Es un sábado por la mañana, se tira sobre el sillón del living y pregunta: “¿Qué partido hay de Inglaterra?” El padre le responde: “Manchester United-Liverpool”. “Buenísimo, me lo miro...” Luego consulta si el Barça juega por la tarde o el domingo. Ni habla del fútbol local.

Los miércoles espera ansioso algún partido de Champions League , si es el Barcelona, mejor; sino verá con agrado Bayern-Arsenal o Atlético de Madrid-Milan o al Paris Saint Germain contra quien juegue. Pasa en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, incluso en Brasil... Millones de latinoamericanos, especialmente jóvenes, se aficionan cada día con Real Madrid, Manchester United, City, Chelsea, Juventus...

No han dejado de ser de Boca, de Peñarol, de Colo Colo, de Millonarios o de Corinthians, pero sin duda les atrae más aquel producto que llega por TV. Para mejor, pueden verlo gratis, en la comodidad de la casa, en un televisor de 42 pulgadas, en alta definición... ¡Si parece que uno está en el Camp Nou! Y repiten diez veces el golazo de tiro libre de Messi o la apilada de Robben por derecha.

¿Me pasará a mí solo? Es lo primero que uno se pregunta. Llega el fin de semana y empezamos a buscar el mejor menú en la Bundesliga, en la Premier o en España. Y a mitad de semana, si hay Champions , es una propuesta deliciosa. Es una realidad: gusta más lo internacional que lo local.

El único torneo nuestro que motiva es la Libertadores. No tiene las superestrellas de allá, pero sigue siendo atractiva la Copa, es competencia continental, el marco de competición es prolijo y siempre depara emoción. En la Copa pueden verse partidos vibrantes, de alta tensión.

Aún así, veamos lo que dice Pedro Canelo, redactor deportivo de El Comercio de Lima en Internet: “La noticia de Atlético Mineiro campeón de la Libertadores tuvo 15.000 visitantes; un partido de Champions de primera fase del Barcelona tiene 30.000”.

Las causas de esta europeización del gusto (el sentimiento es otra cosa, se mantiene fiel a los clubes de acá) son varias: en primer lugar, la globalización que permite la familiaridad con el fútbol y los equipos europeos, algo que antes no existía.

De jovencito comencé a simpatizar con el Atlético de Madrid por Ramón Heredia, Cacho, un notable zaguero de San Lorenzo contratado por el club de Manzanares. Cacho fue una especie de Beckenbauer criollo, un zaguero de inmensa clase; pero era una simpatía lejana, de interesarse por los resultados y la campaña, no más. Lo de ahora es diferente: los muchachos compran la camiseta del Atlético o del Madrid, miran sus partidos, sueñan con ir a verlos a España.

El segundo motivo es la ley Bosman (diciembre de 1995, a raíz de un juicio entablado contra su club por un ignoto jugador belga –Marc Bosman– ) la Unión Europea decretó la libertad total de trabajo una vez cumplido el contrato de un futbolista y, lo más trascendente, la desaparición de los cupos de extranjeros. Esto hizo que los grandes clubes de España, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia, se lanzaran a contratar cantidades de futbolistas foráneos, muy especialmente suramericanos. Se llevaron todo lo mejor que teníamos; se lo siguen llevando.., y cada vez más jovencitos. Consecuencia: allá se formaron equipos poderosísimos, acá quedó lo del fondo del tarro.

Además está la cuestión del orgullo: si un compatriota marca goles o es figura en Europa, nos gusta, simpatizamos más por su equipo, y lo seguimos en todos los juegos.

Una tercera razón es que este fenómeno comenzó en la era de las comunicaciones, del marketing , la televisión en gran escala, la explosión de Internet... Tenemos una amplísima oferta de fútbol europeo por TV casi todos los días. Las cadenas de deportes abren cada vez más señales para transmitir más partidos al mismo tiempo, a un público inmenso y ávido.

Otro factor es que las ligas de Europa no ofrecen un partido de fútbol sino un producto futbolístico maravillosamente empacado.

La Premier League presenta cada encuentro del fútbol inglés por TV como si fuera los Oscar. Es de un buen gusto notable. Así jueguen Sunderland con Stoke City, dan ganas de mirarlo. Nosotros vendemos futbolistas; ellos, fútbol. Seguimos exportando materias primas, como hace 150 años: trigo, café, cuero, madera, jugadores...

Ni hablar del poderío. Manchester United le paga $575.000 por semana a Wayne Rooney. El presidente del Bolívar de La Paz, Guido Loayza, nos informa que el presupuesto de todo el año de su plantel completo es de $1.612.000.

En selecciones nunca estuvo tan fuerte América. En clubes, la competencia es más flaca. Incluso los brasileños han decaído. En el último Mundial de Clubes, Atlético Mineiro ni llegó a la final; lo eliminó el Raja Casablanca de Marruecos. En 2010 le pasó lo mismo al Inter de Porto Alegre: lo cortó de entrada el Mazembe, un ignoto equipo congoleño.

Nada es para siempre, desde luego; sin embargo, va a costar horrores revertir la actual tendencia eurpeísta de los hinchas. No hay indicios de que caigan los clubes de allá; peor, no se vislumbra un crecimiento de los de acá.

Para ello, hace falta imaginación, esfuerzo, decisión, disciplina. ¿También tendremos que ir a comprarlos en Europa?

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