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El cruel negocio detrás de los niños futbolistas en Latinoamérica

Actualizado el 29 de julio de 2013 a las 12:50 pm

La FIFA prohibió las transacciones de menores, pues tiene tintes de tráfico de menores. Sin embargo, los clubes disfrazan los fichajes contratando a sus padres u ofreciéndoles becas.

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Santiago de Chile

No todas las historias de niños futbolistas son como la de Lionel Messi. América Latina es una reconocida cantera de talentos, pero esconde un turbio mundo de negocios en torno a menores que sueñan con abandonar la pobreza, según una investigación periodística.

A Nelson Bustamante un agente lo descubrió a los 14 años cuando hacía acrobacias con una pelota en un semáforo de Chile y lo vendió por $300.000 al Brescia, un club de Italia en el que niño vivió su adolescencia solo y en el que nunca debutó.

Aimar Centeno estuvo más cerca. Con 16 años, ganó un reality televisivo en Argentina por ser el mejor niño futbolista entre 12.000 que se presentaron y fue probado en el Real Madrid. En el primer ejercicio con pelota se lesionó y fue descartado. Hoy se dedica a la venta de gaseosas.

Historias como estas fueron investigadas durante dos años por el periodista chileno Juan Pablo Meneses, autor del libro Niños Futbolistas, que será publicado en Latinoamérica en agosto y que tuvo una primera edición en España.

Al inicio de su investigación, Meneses se propuso comprar un niño futbolista para descubrir las historias y el negocio tras la búsqueda de grandes estrellas.

Neymar celebra el gol que le anotó ayer domingo a España en la final  de la Copa Confederaciones, ganó Brasil, 3-0.
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Neymar celebra el gol que le anotó ayer domingo a España en la final de la Copa Confederaciones, ganó Brasil, 3-0. (AFP)
Recorrió las canchas de tierra de Perú, Argentina, Ecuador, México, Brasil, Colombia y Chile en busca de un jugador y recogió cientos de testimonios.

La mayoría le repetía que su sueño era jugar en el Barcelona y que con su primer sueldo les comprarían muebles o mercaderías a sus padres.

“Los niños que triunfan han sido sobrevivientes de miles de cosas, lejos de sus familias, con la responsabilidad de ser el sostén económico de la familia. No son niños, son trabajadores”, dice Meneses.

El negocio es, según el periodista chileno, un ejemplo más del paradigma económico de la región. “Es el tema de siempre: la materia prima vendida a precio ridículo. La diferencia es que acá son personas”.

Los derechos sobre un niño menor de 12 años que juega en un club amateur de Latinoamérica cuestan unos $200, mientras que si el niño está inscrito a un equipo federado, oscilan entre los $1.000 y los $6.000, según Meneses.

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Tras la compra, es necesario entrenarlo, promoverlo, que viaje a hacer pruebas en clubes europeos, hasta poder venderlo.

El niño futbolista más caro es el brasileño, y el más exportado es el argentino. El jugador uruguayo, en tanto, es el que más rinde, porque suele adaptarse sin problemas y muchos de ellos cuentan con pasaporte europeo, un detalle que vale mucho para su proyección. Perú, Chile, Colombia o Ecuador lanzan estrellas solo eventualmente.

La FIFA prohibió las transacciones de niños futbolistas tras una petición de Brasil para regular este mercado, que tiene tintes de tráfico de menores. Sin embargo, los clubes disfrazan los fichajes de niños contratando a sus padres u ofreciéndoles becas.

La mayoría de los pequeños que viajan a países europeos no llegan a triunfar, y quedan entrampados lejos de su casa, sin dinero ni futuro, en muchos casos abandonados por aquellos que los vendieron.

Según Meneses, la tendencia actual en Latinoamérica es comprar a los niños a los diez años. La competencia entre ojeadores es feroz, existen 5.200 agentes autorizados por la FIFA, además de los clubes amateurs y las escuelas de fútbol promovidas por grandes clubes como el FC Barcelona o el Real Madrid.

“Hoy a los 14 años todos los chicos tienen representantes”, le cuenta el exagente de Diego Maradona, Guillermo Coppola, a Meneses. Antes “no había esta cacería de ahora. Pero (...) la globalización lo ha permitido”.

En el fútbol latinoamericano, el negocio ya no consiste en ganar campeonatos, sino en la venta de jugadores, que sólo en Argentina representa el 35% de la facturación anual del rubro, más que los derechos televisivos, entradas o auspicios.

“Hay muchos chicos que sueñan con ser Messi. Pero el fenómeno nuevo es que ahora hay muchos jóvenes empresarios que sueñan ser el que descubre a Messi, que paga 15.000 euros y al cabo de unos años cuesta 130.000”, asegura.

Encontrar al nuevo Messi o Neymar comprando niños futbolistas “es como jugar a la lotería, al capitalismo milagro”, afirma Meneses. Las estadísticas dicen que sólo un 0,1% de los niños lo conseguirán.

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