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La columna de Barraza

El talento no se fabrica

Actualizado el 23 de junio de 2013 a las 12:00 am

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El talento no se fabrica

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Jorge Barraza. Periodista argentino, director de la Revista de la Confederación Sudamericana de Fútbol.
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Jorge Barraza. Periodista argentino, director de la Revista de la Confederación Sudamericana de Fútbol.

Buenos Aires

El rutilante éxito del Bayern Munich en la temporada europea 2012-2013 traducido en su triple corona alemana y continental, así como la llegada también del Borussia Dortmund a la final de la Champions desataron una serie de alabanzas “al excepcional trabajo de Alemania en divisiones menores”. Los periodistas del mundo se deshicieron en elogios al programa de promoción de talentos de la federación germana.

Los mismos ditirambos proferidos hace dos o tres años en honor de La Masía, la sin duda excelente escuela formativa del Fútbol Club Barcelona. Similares a los concedidos alguna década atrás al Ajax (del que ahora nadie se acuerda, ¿cerraron la academia...?).

Pocos señalaron que, de los 22 jugadores del plantel del Bayern que habitualmente aparecen en el equipo superior, 15 son contratados (los arqueros Neuer y Starke, los defensas Dante, Van Buyten, Rafinha, Boateng, los volantes Ribery, Javi Martínez, Luis Gustavo, Shaqiri, Robben, Tymoshchuk, los atacantes Mandzukic, Pizarro, Mario Gómez. El Bayern fue siempre un club comprador. Se abastece preferentemente de todos los demás equipos alemanes.

Tiene excelentes productos de la casa como Thomas Muller, Schweinsteiger, Lahm, Álaba, Kroos, Badstuber, pero no son mayoría. La aparición de varios cracks juntos casi nunca tiene que ver con ningún programa de formación, sí con la casualidad. Toda la grandeza que tiene actualmente el campeón de Europa se debe al surgimiento, en 1965, de tres fenómenos del fútbol: Franz Beckenbauer, Gerd Muller y Sepp Maier. Beckenbauer se enojó con la gente de su club, el Munich 1860, y se fue a probar al Bayern. Muller cayó de un pueblito de Baviera ya con 19 años y el técnico que lo probó no lo quería; tuvo que meter varios goles seguidos para que, a regañadientes, lo ficharan. Maier sí estaba estaba allí. En 1965, nos contaba el boliviano Ramiro Blacut, quien ganó el ascenso a la Bundesliga con el club bávaro y compartió con los tres cracks , “el Bayern era un club modesto, que apenas tenía instalaciones. Había alquilado un predio de una base militar norteamericana y se hicieron dos canchas y unos camerinos de madera, ahí entrenábamos”. Es decir, cero programa de formación. Ni se hablaba de eso. Y surgieron los tres monstruos juntos. Dios lo quiso, no el Bayern ni la Federación Alemana.

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Cuando el Barcelona de Guardiola ofrecía recitales futbolísticos al mundo, se exaltó pomposamente a La Masía como “La mayor fábrica de talentos del mundo”. Como si alguien pudiera fabricar a un Messi o un Xavi. Messi jugaba exactamente igual que ahora a los 8 años en Newell's, varios videos atestiguan las cosas asombrosas que hacía. Nadie le enseñó a gambetear ni a hacer goles. Le dieron, sí, una buena educación deportiva, el talento es producto de una inspirada noche de amor entre Jorge Horacio Messi y Celia María Cuccittini.

Benjamín Agüero es hijo del Kun Agüero y nieto de Diego Maradona. ¡Vaya si tiene genes de crack !, pero acaso de grande le pegue con los tobillos. Se hereda la afición, la pasión, no la clase.

Si La Masía pudiera fabricar estrellas el Barsa no hubiera gastado 60 millones de euros en Neymar. Pedía uno a La Masía como quien ordena una pizza: “¡Marche un talento para tres cuartos de cancha...!” Después del 0-7 frente al Bayern, la dirigencia del Barsa no fue a La Masía a buscar cinco nuevos genios. Empezó a juntar plata para salir al mercado. Ni siquiera han podido “fabricar” un arquero para reemplazar a Valdés. Hablan de pagar la disparatada suma de 23 millones por Handanovic, un esloveno del Inter de escasa notoriedad internacional. Tal vez deban pasar 150 ó 200 años para que el club catalán extraiga de su cantera otro puñado de pura sangres como Xavi, Puyol, Messi, Iniesta, Busquets, Valdés, Piqué, Cesc, Jordi Alba. Esos milagros no se producen, se dan. Una cosa es trabajar bien en formativas, otra es presumir de crear genios.

Ahora sucede que hay cierto estupor en Alemania porque su Selección acaba de quedar eliminada en primera ronda en el Campeonato Europeo Sub-21 que se realizó en Israel. Y, más inquietante que eso, no clasificó a los Mundiales Sub-20 (se está disputando en Turquía) y Sub-17 de Emiratos Árabes. Ni siquiera llegó a la fase final en los europeos de ambas categorías. ¿Y “el excepcional trabajo de Alemania en divisiones menores”...?

No existe en el fútbol ninguna fórmula mejor para el éxito que la formación de jugadores. Los juveniles nos dan a los hinchas la alegría de saberlos de nuestro club, sienten la camiseta, nos reportan frescura, esperanza, triunfos y, luego, dinero si logran ser transferidos. Para ello hay que disponer de infraestructura, organización, objetivos claros y, sobre todo, grandes maestros de inferiores. Gente como Pekerman. Y masificar la práctica. Cuantos más chicos jueguen, más canchas y profesores haya, más posibilidades de encontrar perlas. Le preguntamos a Kleiton Lima, técnico brasileño de fútbol femenino, por qué Estados Unidos es una potencia en esa rama; él trabajó varios años allá. Nos dijo: “Simple: en toda Sudamérica juegan algunos miles de chicas, en Estados Unidos son millones”. El fútbol masculino ya es masivo, pero la mayoría de los clubes no invierte lo necesario en la formación.

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El gran mérito de España en general, y del Barcelona en particular, ha sido el de acabar con la Furia (ese estilo de fuerza que nunca le dio satisfacciones y sí grandes amarguras) apostando a la técnica, a darle valor a la pelota.

Esa es la virtud de La Masía, inculcar un juego basado en la calidad, en la técnica. La misma idea que presidió al Ajax en su momento y que adoptó la Federación Alemana en estos últimos tiempos. Dejar de ser Panzers y amistarse con el balón, tratarlo bien, jugar al toque. En ello consiste su evolución y su éxito. No en fabricar cracks. Los talentos no se fabrican, nacen.

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