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Suramérica  llega fuerte

Actualizado el 17 de mayo de 2010 a las 12:00 am

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Buenos Aires

Estamos a 24 días del Mundial más caro y atípico de la historia. Cada enviado especial les costará a los medios alrededor de $15.000. Esto es contando el billete de avión, un buen hotel, comidas, movilidad, comunicaciones, etc. Para los turistas, la renta mensual por un apartamentito con dos camas en una zona agradable y segura se cotiza hoy en $13.000; los pasajes desde Suramérica están bordeando los $3.000.

Será, sin duda, una Copa muy distinta a las anteriores. Sudáfrica en general es un gigantesco enigma. Parece haber entusiasmo en su población negra (mayoría), pero no nos atreveríamos a afirmar que se trata de un país futbolizado como son los nuestros en América. Nunca han salido de allí jugadores ilustres, selecciones o equipos exitosos.

Se jugará en invierno, con muy bajas temperaturas, habrá un 50% de partidos nocturnos (5 y media de la tarde habrá entrado la noche en las nueve ciudades sede para los meses de junio y julio).

Se recibirán muchísimos menos visitantes extranjeros de lo esperado y los encuentros tendrán un marco mayoritario de público local. En un país no tradicional en futbol y con entradas de alto costo para aficionados de modestos recursos. ¿Se llenará el estadio de Bloemfontein cuando jueguen Suiza y Honduras? ¿Habrá reventa en Polokwane cuando choquen Argelia y Eslovenia? Son preguntas que solo se develarán en un mes o poco más.

Cuarenta y un mil policías aportarán un toque de tranquilidad, aunque no de espontaneidad a este Mundial. Para disgusto de las autoridades anfitrionas, se está frente a un escenario caro en un mundo en recesión, con el euro en caída libre y el dólar mirando respetuoso desde la cornisa. Se han cancelado cientos de miles de reservas. ¿Quién va a ir a que lo esquilmen?

Lastimosamente, tres ingredientes han conformado un cóctel que no es el mejor para Sudáfrica: Europa, aportante de la mayor cantidad de hinchas en los Mundiales, tiembla por los derrumbes económicos; el índice de delincuencia sudafricano, que no invita a viajar; y los precios onerosos.

Todo indica que el gran salvavidas de esta Copa, a la que siempre se le desconfió, puede ser el futbol en sí mismo, que haya grandes partidos y figuras inolvidables que pongan definitivamente la trastienda justo allí, en la trastienda. Y que el juego tienda un manto sobre todo lo demás.

En el atípico marco africano, habrá una Suramérica fuerte futbolísticamente. Podemos afirmar que nunca, en la historia moderna de los Mundiales, hubo una representación continental tan calificada. Los cinco van con excelentes dotaciones, técnicos importantes y una mentalidad de pretender lo máximo. Brasil, casi como una rutina, es candidato al título. Dunga ha sido criticado por no incluir a Ronaldinho y Alexandre Pato, incluso a Adriano en su nómina, sin embargo en el último año y medio su equipo dio muestras de solidez y confiabilidad. Puede no gustar el modo poco brasileño de regalar la pelota al adversario y esperar el contragolpe, pero no será pan comido para nadie. Solo pensar en los tres zagueros (Lucio, Juan y Luisao), gigantescos, atléticos, seguros, genera confianza en Brasil. Y adelante esperamos el genio de Kaká.

Argentina tiene, en conjunto, los mejores atacantes del mundo: Messi, Higuaín, Milito, Tevez, Agüero, Di María. Le tocan en su grupo los tres equipos más pegadores de los Mundiales (Nigeria, Corea del Sur y Grecia), aunque si le gana a los dos primeros y afirma su juego, puede llegar arriba de todo. Esto es así: si Argentina está bien, puede pelear el título. Se duda de la capacidad de Maradona como estratega, aunque deberíamos extenderle el crédito hasta la Copa del Mundo. Después de esta experiencia no tendrá excusas: sirve o no sirve para el cargo.

Chile nunca fue tan ilusionado a una cita universal. Está con la autoestima elevadísima. Cuenta con un entrenador (Bielsa) que es el ídolo nacional y tiene buen plantel. Terminó la eliminatoria a un punto de Brasil, está totalmente afirmado y convencido de su estilo y de sus posibilidades. Nadie en Chile quiere oír hablar de octavos de final; se piensa más allá.

Paraguay es dirigido igualmente por un entrenador muy capacitado y querido como Gerardo Martino. Posee un plantel muy unido, que ha creado una mística en torno a la Selección. El 100% de los paraguayos confía ciegamente en la Albirroja. Se le cayó el jugador estrella, Salvador Cabañas, pero nacionalizó de urgencia a Lucas Barrios, un argentino que fue goleador mundial en el 2008 y está brillando en Alemania. “Nuestro objetivo mínimo son los cuartos de final”, dice Carlos Gamarra, el veterano zaguero y capitán en Alemania 2006.

Por Uruguay apostamos que puede ser la gran sorpresa del campeonato. A un entrenador sabio (Tabárez) se le une un plantel joven y ya con experiencia. La Celeste va a mostrar el carácter, como siempre, eso podemos descontarlo. Y además tiene jugadores que pueden encantar como Luis Suárez, quien arrasa en Holanda; el infalible goleador Forlán, un lateral magnífico como Maxi Pereira y tres zagueros firmísimos: Lugano, Godín y Cáceres.

En futbol dos más dos son siete. Todo es impredecible. No obstante, podemos asegurarlo con confianza: jamás Sudamérica tuvo cinco embajadores de este nivel ni con igual preparación.

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