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Refuerzan seguridad por manifestación antes del partido Brasil-México

Actualizado el 19 de junio de 2013 a las 10:00 am

Copa Confederaciones es el caldo de cultivo para protestas por descontento social en el gigante de Suramérica.

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Brasil y México se preparan (AFP)

Fortaleza, Brasil (AFP). La policía de élite brasileña refuerza la seguridad en las ciudades sede de la Copa Confederaciones tras masivas manifestaciones contra los gastos del Mundial 2014, incluido en Fortaleza (noreste), donde algunos miles de manifestantes intentaban acercarse este miércoles al estadio antes del partido de Brasil y México.

 Oficiales de policía vigilaron la manifestación de hoy en Fortaleza. / AFP
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Oficiales de policía vigilaron la manifestación de hoy en Fortaleza. / AFP

Agentes de la fuerza nacional, que depende de la policía federal e interviene en disturbios sociales o en situaciones excepcionales, refuerzan cinco de las seis sedes de las Confederaciones, en los estados de Río de Janeiro, Bahía, Minas Gerais, Ceará y el Distrito Federal de Brasilia, indicó el Ministerio de Justicia en un comunicado, sin dar más precisiones.

“¡Brasil, vamos a despertar, un profesor vale más que Neymar!”, corean los manifestantes en Fortaleza, ubicados a 3 km del estadio Castelao y en su mayoría jóvenes, como en el resto de las protestas que han llevado a las calles de Brasil a más de 250.000 personas para exigir un transporte público mejor y más barato, y una salud y educación pública de calidad.

Las protestas reflejan el hartazgo de parte de la población, en su mayoría de clase media, con la clase política que dirige a la sétima economía del mundo, donde a pesar del crecimiento y la reducción de la pobreza en la última década persisten enormes problemas sociales.

“Mientras usted ve televisión, yo cambio el país. Fútbol no, queremos educación”, se lee en una pancarta, denunciando los $15.000 millones de dinero público que se invierten en el Mundial de Fútbol 2014, del que la Copa Confederaciones es su ensayo general y se celebra en seis ciudades del país hasta el 30 de junio.

La seguridad en Fortaleza, la capital de Ceará, una ciudad de 3,5 millones de habitantes y extensas playas, rodeada de dunas gigantes, fue reforzada también por la policía estatal, con 6.000 efectivos adicionales.

Otras manifestaciones tenían lugar o están previstas el miércoles en Sao Paulo, Brasilia y Río Branco.

La última gran protesta reunió la víspera a unas 50.000 personas que se manifestaron pacíficamente en Sao Paulo, aunque unos 300 jóvenes sembraron el caos frente a la alcaldía, que intentaron invadir antes de incendiar una camioneta de la televisora Récord, un quiosco policial y saquear tiendas.

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En la zona sur de Sao Paulo, cientos de personas marchaban esta mañana.

“Por ahora es una manifestación pacífica”, informó una responsable de prensa de la policía a la AFP.

La televisora Globo muestra una columna de manifestantes bloqueando la autopista Anchieta, que conecta la capital paulista con la gran Sao Paulo y el puerto de Santos.

Tras una semana de grandes protestas en todo Brasil, las autoridades federales y locales empezaron a tender la mano a los manifestantes admitiendo la legitimidad de sus demandas y dando pasos para la anulación del aumento los boletos de transporte.

Porto Alegre (sur), Recife (noreste) y otras ciudades brasileñas anunciaron el martes reducciones en el precio del transporte público tras las multitudinarias protestas de los últimos días.

El alcalde de Sao Paulo, Fernando Haddad, aceptó revisar la tarifa de los autobuses tras una reunión con integrantes del Movimiento Pase Libre, según los cuales las manifestaciones continuarán hasta que se revoque el aumento.

Eduardo Paes, el alcalde de Río, donde el lunes tuvieron lugar las mayores y más violentas protestas del país con 100.000 personas en las calles, admitió que el transporte público es de “muy poca calidad” y dijo también que está dispuesto a negociar el valor del pasaje de autobús.

Y la presidenta Dilma Rousseff, que prometió que escuchará a los manifestantes y explicó las manifestaciones a raíz de la corrupción, hizo el martes un viaje relámpago a Sao Paulo para reunirse su padrino político, el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2010) y con el alcalde Fernando Haddad.

A un año del Mundial-2014 y con la llegada del Papa y la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en julio, las protestas cuestionan la capacidad de Brasil para organizar grandes eventos y la efectividad del gobierno para contener la elevada inflación –6,5% en base anual–, así como la desaceleración de la economía.

Los brasileños, que cada día pasan horas en autobuses y trenes en muchos casos deficientes y al mismo tiempo ven cambiar el paisaje de sus principales ciudades con estadios monumentales, dan muestras de indignación.

“Es el comienzo de la primavera tropical”, dijo a la AFP uno de los manifestantes de Sao Paulo, Givalnido Manoel, en referencia a los movimientos populares en el mundo árabe.

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Otras protestas tuvieron lugar el martes en una treintena de ciudades más pequeñas, entre ellas Juazeiro do Norte (Ceará, noreste), donde la policía debió colocar al alcalde en un camión de transporte de valores durante horas para protegerlo de una multitud que protestaba contra recortes de sueldo de profesores.

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