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El día en que el fútbol desató la locura en Nicaragua

Actualizado el 29 de marzo de 2017 a las 04:54 pm

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La afición nicaragüense estalló en locura al ver cómo Juan Barrera marcó el 3-0 ante Haití. (AFP)

El béisbol, deporte rey de Nicaragua, quedó en segundo plano cuando la selección del país vecino logró una espectacular remontada, que le valió para clasificar por segunda vez en la historia a una Copa Oro.

En la tierra del pinolillo hubo fe en su equipo a pesar de que llegaba al juego de ida con una desventaja de 3-1. Por eso, el Estadio Nacional de Managua lució sus mejores galas, con una afición que no paró de apoyar, a pesar de los silencios nerviosos que yacían sobre el escenario cuando el 0-0 se alargaba.

Esos instantes de incertidumbre fueron interrumpidos al minuto 83 ante la algarabía por un penal sancionado contra el nicaragüense Fernando Copete, en una falta inexistente. Que la infracción no existiera no es importante cuando la esperanza por la victoria se asomaba en el reducto pinolero.

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Juan Barrera, al que la televisión nicaragüense llama El Iluminado, cobró el penal al 85'. La fe y la locura empezó a crecer cuando el atacante fue a recoger al balón del fondo de las redes, con la misma velocidad con que un aficionado se metió al campo a celebrar.

"Pensé que si caía un gol caían más", cuenta el técnico Henry Duarte, técnico costarricense al mando de la selección blanquiazul y quien junto a la cancha elevó una oración al cielo.

Sus plegarias fueron escuchadas. Dos minutos después, el mismo Barrera, la estrella de la noche y de muchas otras noches del fútbol nicaragüense, metió el segundo de cabeza aprovechando una mala salida del portero haitiano. Y apenas otros dos minutos después, Barrera acrecentó la locura al marcar el tercero.

En la algarabía el entrenador tico fue expulsado por meterse a celebrar a la cancha. Al 94' fue expulsado Barrera, cinco minutos después de recibir su segunda amarilla por quitarse la camiseta en la celebración.

Con el pitazo final los aficionados no dejaron de brincar y apoyar a sus héroes.

Según cuenta Duarte, la fiesta dentro del estadio se alargó por 45 minutos, hasta que los jugadores salieron a la cancha a celebrar con los aficionados.

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De ahí la locura se fue a la calle, con un desfile hasta la Plaza de la Victoria, donde celebraron con la Juventud Sandinista, en una fiesta que se alargó hasta la 1 a. m.

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