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Keylor Navas:El portero de todos, insignia de una familia

Actualizado el 03 de junio de 2014 a las 05:37 pm

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Keylor Navas:El portero de todos, insignia de una familia

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Hoy es una figura de clase mundial, es la esperanza de todo un país.

Ayer, era tan solo un niño surgido de una zona humilde, uno más de los que corrieron en las antiguas calles de lastre de Barrio San Andrés, en Pérez Zeledón.

Y como la mayoría de las historias de futbolistas, la de Keylor Navas se desarrolla entre la dureza económica y los golpes sociales.

La diferencia está en cómo las enfrentó: siempre con una meta, con un objetivo claro, el cual ya está materializándose en las palmas de esas manos salvadoras que todos los costarricenses confían que lo detengan todo ahora en Brasil.

Fue criado en gran medida por sus abuelos maternos, Juan Gamboa y Elizabeth Guzmán, un hombre tan serio como se ve su nieto en la cancha y una mujer tan risueña como este se ve fuera de ella.

Juan Gamboa, abuelo de Keylor Navas, y Steven Gamboa, tío, mostraron la cancha de Barrio San Andrés, donde el arquero mejengueaba.    | GRACIELA SOLÍS.
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Juan Gamboa, abuelo de Keylor Navas, y Steven Gamboa, tío, mostraron la cancha de Barrio San Andrés, donde el arquero mejengueaba. | GRACIELA SOLÍS.

Sus padres, separados ya hace algún tiempo, se marcharon en búsqueda del sueño americano para que Keylor y Keylin, de cuatro y un año en ese momento, pudiesen aspirar a algo más en el futuro. Ahora también existe Kimberly.

“Todavía tengo grabado como cuando antes de irnos al aeropuerto, en la casa de mi hermana, él se me quedó viendo y con lágrimas en los ojos me decía, 'no se vaya, por favor no se vaya'. Casi me parte en dos”, dijo Sandra Gamboa el martes, ya no como una niñera en Estados Unidos, sino como una maestra sentada en el sillón del hogar y refugio de la infancia del guardameta.

Cambio.  No obstante, bajo la premisa del vaso medio lleno, ese cambio le deparó ciertas bondades a aquel chiquillo inquieto, flaco y moreno.

Primero, le dejó su conocida espiritualidad, valor intríseco de un sólido matrimonio de zona rural y de la década de los 50, el cual le fue heredado y que él ahora comparte con su esposa Andrea, su hijastra Daniela y, seguramente, con su hijo recién nacido, Mateo.

Segundo, le dio también algunos de los lazos más fuertes que tiene en su vida, más allá de lógicamente sus abuelos. Uno es el de su tío Steven, que le lleva tres años y con quién compartió prácticamente todo hasta los 14, cuando Keylor se marchó a la “gran” San José fichado por Saprissa. Él es su “hermano”. También, el de su primo Andrey Fuentes, quien vivía solo a un par de cuadras. La diferencia con él es de nueve meses. Otro "hermano" más.

Junto a ellos rió entre travesuras. Como la pedrada accidental al carro de la profesora más prestigiosa de la zona o como la leche de magnesia en el fresco de crema de Steven para que no se fuera a una fiesta.

Junto a ellos también lloró entre dificultades. Como cuando se sintió solo o afectado por los problemas entre sus padres o como cuando el propio Steven estuvo cerca de morir, aquejado por la enfermedad de Hodgkin (linfoma maligno).

Keylor Navas de  niño, sobre una tapia de la casa de sus abuelos.  |  GRACIELA SOLÍS / FAMILIA GAMBOA
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Keylor Navas de niño, sobre una tapia de la casa de sus abuelos. | GRACIELA SOLÍS / FAMILIA GAMBOA

Sin embargo, ninguna de esas subidas y bajadas lo sacó del camino que toda su familia dice tomó abiertamente desde los ocho años: el de ser futbolista profesional, estar en la Sele y jugar en el extranjero.

Su padre Freddy Navas, exjugador con Pérez Zeledón, recordó para este relato el primer remate que le hizo a su hijo, con tres años, así como la sorpresiva buena técnica con la que lo detuvo.

Mientras tanto su madre trajo a la conversación los casi diez kilómetros que los sábados por la mañana a veces Keylor caminaba hasta la cancha de Pedregoso, su primer equipo en liga menor.

Por su parte, su entrenador de infancia, Juan de Dios Madriz, rememoró como a veces iba a buscarlo a la casa en una “Suzuki 80” porque sin él no se podía jugar.

Otras aficiones. Empero, antes de aprender a volar, Navas aprendió a manejar y antes de eso a cabalgar. Son sus otras dos aficiones.

Entre los cuentos favoritos de la familia está el “gajo” rojo y con el freno de mano sustituido por un pedazo de madera, el cual pintaron con alusiones a la Tricolor para pasear por Pérez Zeledón durante los partidos de Japón y Corea 2002. Keylor, de 15 años, era el conductor. Dicen que en el iban hasta 11 personas. 

Otro es el del caballo feo, mejor referenciado como “la mortadela”, que con diez años quería comprarle a Macho Mora (no el entrenador), dueño de una finca en la que el arquero alimentaba y montaba a los animales. Dicen que se dejó otro ejemplar, uno menos feo y que ensilló con su cobija de dormir.

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