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Bryan y su destino

Actualizado el 28 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Bryan y su destino

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Dicen que Bryan Ruiz rechazó al Boca Juniors, con todo y sus 109 años de historia y un arsenal de trofeos y conquistas: 30 títulos caseros y 18 internacionales. Es el Real Madrid de América. Si los rumores son ciertos y fue el jugador quien dijo que no, ¡ qué lujo el suyo!

Según el diario británico The Observer , el superclásico Boca- River está de primero entre los 50 espectáculos deportivos por ver antes de morir. Si mirarlo es una experiencia trascendente, jugarlo debe ser como ir al cielo, tocarlo con las manos y traerse un pedazo de nube. ¡Qué lujo el de Bryan!

Al margen de si fue la cláusula de rescisión o la voluntad del jugador lo que le impidió llegar a la Bombonera, es hora de que Ruiz se replantee su carrera. Después de su tremendo paso por el Twente holandés, vino a menos en el futbol inglés, se cotizó a lo grande en el Mundial, pero volvió al Fulham, en segunda división.

Alguna vez lo escribí y el tiempo me dio la razón: que el fútbol inglés no era para él. Y no lo fue. Si pretende irse al alemán le pasara lo mismo. Puede que en España tenga una buena actuación, que vuelva a ser ídolo en Holanda, que conquiste el futbol francés. Pero que no insista en Inglaterra y se aleje de Alemania. A Italia también debe verlo de reojo.

No se trata de menospreciar el caudal futbolero de La Comadreja. Es fino con la pelota, elegante, intuitivo, buen pasador, defiende bien la bola con el cuerpo y tiene facilidad para el gol. Pero en el despliegue físico, en la potencia para ir y volver, en el temple para chocar y ganar, allí nos queda debiendo. ¡El gran Aquiles también tenía un punto débil en su talón!

Le pasó hasta al último ídolo de Boca cuando fue a España. Riquelme era un Fórmula Uno en la conducción de la pelota y el desequilibrio, pero un coche tirado por tortugas a la hora de recorrer distancias. Su rapidez mental y facilidad para hacer trazos exactos no fueron suficientes para hacerlo triunfar en Barcelona y Villarreal.

Al exmanudo le pasa eso. No es exactamente lento en el devenir de los juegos, pero le falta velocidad. Y es frágil en el choque contra los mastodontes que gobiernan la liga inglesa, o que se encargarían de él en Alemania o Italia.

A los 29 años, es hora de que escoja bien y vaya a una liga donde pueda ganar dinero, pero sobre todo, tenga la oportunidad de colocar su nombre entre los inolvidables.

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