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Barraza: Un galés, el más caro de la historia

Actualizado el 15 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Barraza: Un galés, el más caro de la historia

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Jorge Barraza. Periodista argentino, director de la Revista de la Confederación Sudamericana de Fútbol.
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Jorge Barraza. Periodista argentino, director de la Revista de la Confederación Sudamericana de Fútbol.
Buenos Aires. El precio parece de oferta: 99 millones de euros; pero es el mayor fichaje de la historia del fútbol.

Gareth Bale, galés, 24 años cumplidos el 16 de julio, nunca campeón, pasó del Tottenham al Real Madrid y revolucionó el mercado. La pregunta inmediata que se hace el hincha común es: “¿Los vale?” El precio lo ponen el mercado y las urgencias.

Se trata de un jugador espectacular, sin un ápice de duda. Su virtud más resaltante es un poderoso y preciso remate de zurda, una bomba con la cual ha marcado 60 goles entre el Southampton y el Tottenham y once en la selección galesa.

Parecen pocos, es cierto, pero es obligatorio puntualizar que en sus primeros años actuaba como marcador lateral izquierdo y luego, justamente para explotar su cañonazo, lo fueron adelantando en el campo; pasó a ser carrilero y, por último, extremo izquierdo.

Además hay que considerar los equipos donde jugaba: modesto el Southampton, media tabla el Tottenham. Ahora tendrá compañía galáctica al lado.

El jugador blanco. No esperen ver un habilidoso.

Desde luego posee buen control de bola (nadie paga tal dineral por un futbolista sin técnica de dominio), pero su fuerte, más allá del remate, pasa por otro lado: una extraordinaria agresividad, un carácter tremendo, ideal para cuadro grande. No le va a pesar la camiseta ni el precio de su pase.

Para el rival, la clave consiste en no dejarlo patear; al menos no darle plena libertad de hacerlo, encimarlo para quitarle espacio o entorpecerle siempre esa opción. Anulado su disparo, es un jugador controlable.

El Madrid, que presume de señorío, se hace una vez más con una estrella mediante procedimientos poco éticos.

Ya podríamos patentarla como “la gran Madrid”: primero seduce al jugador, le calienta la cabeza, lo pone contra el club y luego se sienta a conversar. Desestabiliza y luego negocia. Así hizo con Robinho, con Cristiano Ronaldo, con Zidane y muchos otros. Intolerablemente ruin.

Bale tenía contrato vigente con el Tottenham, que por nada del mundo quería transferirlo.

Pero cuando un jugador decidió irse, no lo para nadie. Viola contrato, palabra, lo que sea. En esos casos (que son muchos) los gremios de futbolistas no emiten comunicados de repudio.

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El mismo accionar utilizó la señorial institución con el técnico Carlo Ancelotti, que estaba cómodo y con contrato en el Paris Saint Germain. Y el PSG feliz con él. Pujó y pujó hasta quitárselo.

Ahora los clubes de Europa pueden respirar en paz: por seis meses el Madrid se ha retirado del mercado.

Pero ya circulan fuertes rumores de que busca un “9” galáctico. Quien tenga uno, que se vaya poniendo en remojo.

No era ensencial Bale para reforzar al Madrid. En absoluto.

Razones. En su posición el club blanco tiene a Di María y tenía a Ozil (lo traspasó al Arsenal por 50 millones para hacer caja y pagar al galés). Excelentes ambos.

Tampoco conlleva el objeto de vender camisetas, aunque ya se habrán despachado muchas con el número 11 de Bale. Nada de eso.

Su pase responde a una estrategia de imagen: tapar con un fichaje superestelar la falta de triunfos.

Es sistemático. Se hace una presentación fastuosa y se monopoliza la portada de los diarios. Hasta se lo presenta a mediodía para que entre en directo en los noticieros de ese segmento.

Esto disimula la campaña anterior, la deja en el olvido y renueva la ilusión de la gente. Al hincha lo halaga saber que su club es poderoso, que trae al que se le canta.

Pero como bien dice Alfredo Relaño, criterioso columnista de As, “el objetivo no debería ser presumir de club rico, sino de club que gana títulos”.

Desde 2003 en adelante el Madrid ha ganado 8 títulos frente a 23 del Barcelona. Y este con un fútbol celestial. That is the question...

Ego. “Cristiano Ronaldo es el jefe, el mejor jugador del mundo”, declaró con diplomacia Bale al ser presentado en el Bernabéu.

Muy bonito; pero habrá dos gallos en el gallinero.

En el Bernabéu no quieren tocar ningún cablecito que haga explotar la bomba, por eso hasta dijeron que su pase costó 91 y el de Cristiano 94, no quieren herir la susceptibilidad del divo portugués.

Será lindo ver qué acontece cuando haya un tiro libre a favor. Es la especialidad de ambos.

¿Cristiano le va a ceder el lugar? ¿El feroz temperamento del galés soportará que siempre ejecute el portugués?

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Recordamos una anécdota contada por José Luis Chilavert, entrañable amigo.

Llega a Peñarol en el 2003, van en punta y toca el clásico con Nacional.

El juez da un tiro libre para los aurinegros y Chila sale disparado del arco para ir a ejecutarlo, como era su costumbre en Vélez Sarsfield y en la selección paraguaya.

En eso toma la pelota el ídolo mirasol, Pablo Bengoechea, mortífero artillero en cobros de falta, y la acomoda para pegarle.

“Corrí 70 metros insultándolo –recuerda Chila–. Dejá esa pelota ahí... Pateo yo... Mirá si me voy a volver al arco como un pollo mojado y que todos vean que no me dejó patear. Ni loco. La tiré afuera, pero pateé yo”.

Roces de estrellas. Ayer, frente al Villarreal , debutó el futbolista más caro de la historia. Un galés.

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