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La Albiceleste pulveriza el sueño de los aztecas

Actualizado el 28 de junio de 2010 a las 12:00 am

3 Argentina le enrostró una verdad enorme a México: todavía no está para competir contra el primer nivel

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La Albiceleste pulveriza el sueño de los aztecas

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Johannesburgo. México llegó al Mundial con ínfulas de grandeza y se va con un baño de realidad: todavía no puede aspirar al primer peldaño, menos contra una Argentina que acelera como locomotora.

La Albiceleste fue superior. El marcador no engaña, aunque el primer gol de Carlos Tévez haya sido en fuera de lugar. Fue otro gazapo de los árbitros, que se empeñan en echar a perder el Mundial, como si no bastara con el frío.

Los suramericanos no tuvieron la culpa del obsequio, que en todo caso les abonó el terreno para la goleada. México se hundió en la confusión, como si el tanto del Apache les hubiera derretido la armadura.

Argentina se ve más afinada conforme avanza la Copa. Esta vez no fue aquel duelo parejo del 2006, que se definió con un gol de Maxi Rodríguez en tiempo de descuento. El equipo azteca, inflado dentro de una burbuja de autocomplacencia, comprobó una vez más que todavía no está para grandes hazañas.

La bofetada contra Uruguay resultó un aviso. A estas alturas, el técnico Javier Aguirre sigue experimentando con la alineación. Le hizo a Guillermo Franco el favor de sentarlo en la banca, en vez de perjudicarlo con una nueva titularidad, y le dio campo a un Chicharito Hernández que debió ser estelar desde el primer día.

Argentina, en cambio, se muestra como un proyecto consolidado. Su delantera es un terremoto: diez goles en cuatro partidos, aunque ninguno haya sido de Messi.

La Pulga sigue batallando contra la custodia especial que le asigna cada rival. Pero mientras los zagueros distraen recursos para perseguir a Lio, alguna zona queda libre de patrullaje. Entonces aparece Gonzalo Higuaín, o Ángel di María, o en este caso Tévez: sobra quién active el cañón.

Error. El primer tanto jamás debió valer. El entrar y salir de defensas mareó al guardalíneas, que nunca se percató de cuántos mexicanos quedaban en el área.

Las pantallas gigantes del estadio reprodujeron la jugada, una abierta imprudencia que provocó el lógico reclamo azteca.

Como FIFA desprecia la tecnología, no hubo marcha atrás. México no tenía plan B y se le vino encima toda la metralla.

Argentina entró en calor. Luego de anotar dos veces más, metió compresión y se dedicó a dejar pasar el tiempo. Para qué andar con urgencias, si en cinco días viene otro partido.

México no se lució ni siquiera cuando le entregaron la pelota. Hernández descontó, pero fue una gota de agua al sol. El triunfo de la Albiceleste nunca estuvo en entredicho, y más bien quedó la impresión de que los chés pudieron conseguir más, si no hubieran bajado revoluciones para cuidar piernas y alistar el siguiente compromiso.

Los aztecas han progresado, mas aún no tienen con qué sustentar sus fantasías de campeonatos. No viven entre harapos, como la mayoría de la Concacaf, pero les falta joyas para entrar al palacio.

Argentina los puso en su lugar. Al equipo de Maradona le bastó con usar el acelerador 60 minutos y después pasó a otro asunto. La Albiceleste llega a cuartos de final con las alforjas repletas; ni siquiera le hacen falta goles de Messi.

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