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Tercera fecha del Verano 2011

En el último suspiro del juego fue cuando la Liga respiró

Actualizado el 23 de enero de 2011 a las 12:00 am

Un penal de Cristian Oviedo en tiempo de reposición le dio la victoria a los manudos

Puntarenas rozó la hazaña pero le faltó el fuelle para aguantar el embate manudo

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Alajuela. Liga Deportiva Alajuelense padeció y sacó un triunfo, 3 a 2, en el último suspiro, ante el Puntarenas, que por un buen rato pareció capaz de darle una bofetada al campeón nacional del Invierno en su propia casa.

Los manudos, una vez más, vinieron de atrás para sacar una victoria.

Sudaron más de la cuenta y casi pagan caro una actitud displicente en buenos tramos del cotejo ante los porteños.

“Ya van 25 minutos, es hora de un gol nuestro”, dijo un aficionado liguista.

El comentario, subjetivo, permite hacer otro apunte, un poco más de conjunto: a esa altura, el partido estaba más ayuno de buenas jugadas que de anotaciones.

El uso y abuso del pelotazo no hace un juego agradable a la vista. Los manudos se excedieron en ese recurso, pensando en Leandrinho y Argenis Fernández, pero se toparon con un valladar porteño de hasta ocho hombres enfrente de su meta Ólger Ruiz.

Sin embargo, no fue que los visitantes se “colgaron del travesaño”; más bien, con orden y un rápido regreso a sus predios les evitaba andar en sustos.

Puntarenas llegó arropado en la prudencia y sin deseos de poner la otra mejilla; pero tampoco salieron temblando de miedo.

Seis minutos después de aquella “reflexión” del seguidor manudo, llegó el gol del Puntarenas. El estupendo gol de Rafael Rodríguez dejó con el “Jesús en la boca” a todo el liguismo; sin embargo, fue el de Ariel Santana el que los dejó con el ceño fruncido.

No hay mal que por bien no venga: ese tanto despertó a los jugadores liguistas, que aterrizaron y se dieron cuenta de que estaban jugando de casita.

Gabas y Leandrinho pusieron orden en la casa rojinegra en cosa de 15 minutos.

A esas alturas, los porteños tenían diez hombres en la cancha, por la expulsión de Heliut Farrier, en uno de esos típicos caso de autoflagelación en los que suelen incurrir los equipos pequeños.

Con el empate lo que vino fue una rayería sobre la meta de Ruiz, que dio frutos con un gol de tiro de penal de Cristian Oviedo, justo cuando se llevaban dos minutos de reposición.

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Fue un triunfo sufrido, pero como se dice: “Lo dulce sabe mejor con lo amargo”. Y anoche, de verdad, que los manudos tragaron grueso por buen rato.

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