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Cuando se siente envidia de la buena

Actualizado el 09 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Cuando se siente envidia de la buena - 1
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Cuando se siente envidia de la buena - 1

Venir a El Salvador siempre es una experiencia edificante, pues al comparar este bello país con el nuestro depara grandes sorpresas y uno que otro motivo de envidia de la buena.

Y como no va uno a sentir cierto sentimiento de impotencia si tomamos algunos parámetros para comparar la forma en que viven sus días los cuscatlecos y sacamos algunas conclusiones.

Para empezar, la vía que une el aeropuerto con la ciudad de San Salvador, trayecto en el que se emplean unos 40 minutos, es expedita y libre de presas.

Nada como nuestra “autopista” General Cañas con su pletina y su hueco, verdaderas verguenzas nacionales que ningún presidente o presidenta ha logrado erradicar de una buena vez.

Contrario a la nuestra que es de asfalto, la de aquí es de cemento y está en perfecto estado.

Alguna razón de mucho peso debe existir para que nuestras autoridades no construyan nuestras carreteras con cemento, algo que producimos en el país y que es más barato que los derivados del petróleo, tan caro y lejano.

Esta pista cuscatleca desmiente a los expertos, a los que una vez oí decirles que las calles de cemento no eran buenas. Habrá que darle un turcito por aquí para que les dé un poco de pena o que cambien sus teorías, porque las de El Salvador los descalifican del todo.

Más ruina. Cuando a inicios de setiembre del 2008, mi compañero Luis Díaz viajó a Haití para cubrir un partido de la Selección, a su regreso nos contó algo digno de una novela de García Márquez.

Esa isla caribeña, excolonia francesa, azotada por una sufrida historia de infinitas luchas sociales, por dictaduras despiadadas, por terremotos, por huracanes y sabe Dios qué otros horrores, ¡tiene mejores carreteras que la Suiza de Centroamérica!

Me cuentan amigos panameños que una forma de saber cuándo se ingresa a territorio tico es por las carreteras, pues en las nuestras predominan los huecos. Igual oigo de los nicaraguenses.

Y ojo que no las comparamos con países europeos, Japón, Estados Unidos no Canadá. Se trata de naciones de similar desarrollo humano y social que Costa Rica.

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Cuando ayer el taxi que me trasladó de la terminal aérea de este país a la Federación Salvadoreña de Futbol transitó raudo y sin problema alguno, no pude evitar comparar con las de Tiquicia.

Y confieso que me dio envidia de la buena. Ojalá llegue el día en el que tengamos una vía así de bien construida y mejor cuidada.

¡Cuánto ganaría el país en tiempo, ahorro de combustibles y dolores de cabeza de la gente?

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