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Se salieron del canasto para ganarse el respeto de todos

Actualizado el 20 de julio de 2013 a las 12:00 am

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Se salieron del canasto para ganarse el respeto de todos

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Evaristo Coronado, César Hines y Ricardo Chacón fueron una minoría dentro de una añeja época del fútbol tico; unos de los pocos que se brincaron la cerca.

Los tres fueron de los casos contados de futbolistas que en los años 80 combinaron ser un jugador de Primera con el estudio de una carrera universitaria.

Ahora sus apellidos no solo se ligan con la palabra exfutbolista, sino que se leen así: el ingeniero Coronado, el abogado Hines y el administrador Chacón.

Estos hoy profesionales totalmente consolidados, ayer futbolistas de renombre, contaron que tuvieron que hacer grandes sacrificios durante sus etapas como jugadores, pero que el respeto que siempre generaron entre sus compañeros, además de la tranquilidad que les dio una profesión, hicieron que todo valiera la pena.

“Definitivamente sí se percibía un respeto. Yo sentía que otros jugadores pensaban que por qué ellos no lo intentaron. Como que sentían que uno estaba haciendo algo más con su vida”, explicó Coronado.

“Lo percibía más aún después de situaciones como cuando en una gira con la Selección por Italia, todos iban para el Coliseo, me dijeron ‘vamos’. Mi respuesta fue: ‘No puedo, tengo que estudiar porque tengo examen al volver’”, adujo el exariete, quien jugó siempre en la S .

“Había una deferencia hacia nosotros y estoy seguro que no era solo por la condición de futbolistas. Era también porque había un deseo de superación personal y profesional”, comentó Hines, quien jugó con Limonense, el Team, Sagrada Familia, la Liga, la S y Curridabat.

“Yo entendí desde los 17 años que el futbol era un medio, no un fin. Por eso recibí mucho apoyo del técnico Iván Mraz y de jugadores como Álvaro Solano y Omar Arroyo. En general, el respeto en el camerino por mi decisión de estudiar fue total”, afirmó Ricardo Chacón, quien solo jugó con la Liga.

Sin embargo, tampoco fue que los salvó de que de vez en cuando fueran el blanco de la chota tica.

“En mis últimos tres años de universidad trabajé también en una empresa de mercadeo, entonces apenas terminaba el entrenamiento tenía que ponerme el saco y la corbata... Todo el equipo me vacilaba, qué para donde iba”, recordó. Colaboró Randall Corella

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