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El orden de la UCR enturbió al Saprissa

Actualizado el 17 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

Giacone planteó un partido ordenado que llevó a la S a errar y perder con justicia

El autogol de Kevin Briceño fue anécdota entre el desconcierto y la desidia

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Kevin Briceño (centro) intenta despejar un córner pero acaba marcando autogol a favor de la UCR. En medio aparecen el también morado Jordan Smith y el universitario Josué Martínez. | MARIO ROJAS

Guadalupe. Del asfixiante pressing celeste emergió la zozobra en la defensa y –¡sobre todo!– en la portería morada. La UCR controló, Saprissa bajó revoluciones de lo que venía haciendo y, a final de cuentas, el autogol de Kevin Briceño solo fue una anécdota más, en medio de lo que fue una clase académica en el estadio Colleya Fonseca.

El libreto de José Giacone, ese que tiene tallados en piedra el orden defensivo, el presionar con ahínco y el tocar siempre con criterio, es el principal responsable de que a la U aún le quede un “hilito” de vida y la S prácticamente se haya despedido del liderato del Invierno.

Tres infranqueables atrás, cuatro fajados en cintura y tres para tomar pases largos y empujar al error rival. Se escribe fácil, pero se desarrolla con horas y horas de práctica, algo que evidentemente tienen los celestes.

Por eso no puede cargar Briceño ni la desidia de sus compañeros con toda la responsabilidad. Jeaustin Campos terminó admitiendo que ni todos los cambios posibles –e imposibles– iban a quebrantar el orden del local.

Heiner Mora y  Gabriel Badilla intentan cabecear. Atrás los ven David Ramírez  y Julio Cascante.   |  MARIO  ROJAS
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Heiner Mora y Gabriel Badilla intentan cabecear. Atrás los ven David Ramírez y Julio Cascante. | MARIO ROJAS

Llevar al pecado. Así como tienta el diablo, los atacantes de la UCR fueron incisivos hasta empujar a Keilor Soto, Gabriel Badilla, Alexander Robinson y Briceño a un ataque de nervios.

El autogol de Briceño fue espantoso, un manoteo hacia atrás en un tiro de esquina que no pintaba para complicaciones... Mas pasó al 22’, después de varios errores que permitieron a los académicos acorralar al Monstruo y clavarlo en el terreno de la duda.

Hay que decirlo, Saprissa a veces parece un castillo de naipes: se desploma ante el primer titubeo. Un día gana el clásico y habla de bicampeonato; otra tarde tiene a Campos justificando los mismos yerros que se arrastran desde la era de Rónald González.

Con el marcador a su favor, Giacone dejó de buscar superioridad en ataque y escogió el manto del dominio. Ese rostro en el que su equipo primero presiona, luego se apertrecha atrás y, de seguido, contraataca para rematar.

De ahí vivieron las oportunidades para que Briceño indemnizara, en parte, su craso error.

También la corrida en la que Josué Martínez terminó asistiendo a Jonathan Sibaja para rematar con el 2-0 el marcador, al 62’

El resto fue constatar que los tibaseños estaban secos de ideas. Intentaron jugar al toque, lanzar directo para sorprender, llegar con velocidad por las bandas... Ninguna receta funcionó porque nunca apareció la creatividad en la media y la U no regaló ni una oportunidad de revivir.

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