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El optimismo de los ticos se tiñó de rojo

Actualizado el 08 de junio de 2013 a las 12:00 am

Al ser las 5 p. m., los alrededores del Estadio Nacional ya parecían un hormiguero, en el que los carros dejaron de ser dueños de las calles.

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El optimismo de los ticos se tiñó de rojo

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Aquel triunfo obtenido ante Jamaica, en la tercera fecha de la hexagonal le devolvió el optimismo a una afición que anoche se adueñó por completo del Estadio Nacional.

Casi 33.000 camisetas tricolores se hicieron presentes a la casa de la Selección, en el juego que enfrentó a ticos y catrachos.

Mas, aunque en el nuevo Estadio Nacional todos los asientos son numerados y se puede llegar a úiltima hora, desde la tarde ya se notaba la efervescencia por el juego del equipo patrio.

Ni siquiera la lluvia que cayó entre las 3:30 p. m. y 4 p. m. amainó el ímpetu que tenía el país por sacar los tres puntos.

Y es que de cara al partido del próximo martes, en el estadio Azteca, casa de los mexicanos, anoche el triunfo valía oro.

Al ser las 5 p. m., los alrededores del Nacional ya parecían un hormiguero en el que los carros dejaron de ser dueños de las calles.

La afición comenzaba a aglomerarse y adueñarse del lugar.

Para las 6 p. m., la euforia se adueñó del sector oeste del estadio, pues el autobús que transportó a la Tricolor arribaba al inmueble.

Todo es parte del culto que se le debe a un deporte que convierte cualquier momento de amargura en alegría, pues el fútbol logra poner en pausa a la tristeza cuando llegan los goles.

Uno de los tan esperados momentos que tiene la afición se dio cuando las dos selecciones salieron a la cancha; el estadio se tiñó de blanco, azul y rojo, en miles de partículas de polvos tricolores que emanaron de las graderías.

La pasión por este deporte es tal que Jorge Díaz, un catracho que trabaja en fontanería pidió permiso para venir a ver el partido y disfrutar de unos días en suelo costarricense.

Díaz, amigo desde la secundaria de Evan Jensei, un costarricense, esperó pacientemente la llegada del pitazo inicial colado entre las miles de camisas rojas.

“Ojalá y logremos un empate, para nosotros sacar un punto de aquí es muy importante”, expresó Díaz frente a una taza de café.

A sus 30 años, y por segunda vez en el Estadio Nacional, él, en su soledad, emanó el mismo optimismo que casi 33.000 gargantas costarricenses gritaron ayer antes y durante el juego.

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La noche se tiñó de fútbol y el optimismo de rojo. Una vez más los ticos pudieron disfrutar de la pasión que otorga la Tricolor.

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