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El negocio es jugar bien (siempre)

Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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El negocio es jugar bien (siempre)

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Buenos Aires

Tal vez debamos empezar por el concepto: ¿qué es jugar bien...? Uuuufffff, son muchas cosas.

Darle buen trato a la pelota, pasarla con acierto. Tener dinámica y movilidad para ofrecerle al compañero opciones de descarga. Presionar al rival para obligarlo al error y recuperar el balón, marcar de cerca, defender con orden y concentración. Jugar rápido, cambiar el ritmo en tres cuartos de cancha buscando sorpresa, ocupar bien los espacios, moverse en bloque. Tocar por abajo, no tirar pelotazos. No meterse atrás y, sobre todo, atacar. Sin agresividad no hay buen juego.

Hay muchos tópicos más, pero si un equipo armoniza estos aspectos centrales, juega bien. Y si juega bien, gana.

Es el negocio más rentable del futbol. Y el camino más seguro hacia el éxito. ¿Y si el rival hace lo mismo? En ese caso define la capacidad individual del jugador. La mayor riqueza de un equipo.

Pero, esencialmente, hay que querer jugar, tener esa vocación. Dos ejemplos contrapuestos ofrece esta eliminatoria.

Uno es Colombia. Años estuvo confundido, se le extraviaron los papeles y lo pagó con la ausencia en tres Mundiales. También en esta clasificatoria arrancó con las ideas difusas. Supo cambiar a tiempo, llevó a José Pekerman y en cuatro fechas se le aclaró todo el panorama. Ahora es el favorito número uno a viajar a Brasil.

El otro es Paraguay. Basó todo su libreto en la fuerza, el temple indiscutible de sus futbolistas. Le fue bien mientras otros se descuidaban o perdían tiempo.

Sin embargo, apostó poco a jugar bien, a priorizar lo técnico, a aquellos preceptos que enunciamos más arriba. Antes de la final de la Copa América, a la que llegó sin ninguna victoria y en la que jugó horrendamente, miles de hinchas se ufanaban: “No jugamos a nada, pero estamos ahí”.

El análisis debió ser a la inversa: “Estamos ahí, pero no jugamos a nada”. De haber tomado otra orientación en el estilo, tal vez hoy no estaría último.

Lo que siempre debemos mirar no es el resultado, sino la forma en que lo conseguimos. Si llegó mediante aquellos postulados, el futuro es promisorio. Sino... Tampoco confundir BIEN con BONITO. Son cosas diferentes.

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Fantástica. Así es esta eliminatoria, con seis equipos prendidos arriba y un Perú que ha merecido en el campo algunos puntos más de los que le otorga la tabla. Hablamos de 7 contendientes sobre 9. Bolivia y Paraguay, hoy, parecen condenados. Cada vez es más apasionante porque la paridad se debe al crecimiento de los de abajo. Crecimiento futbolístico y de aspiraciones. Paraguay fue a dos Mundiales en 40 años; y era feliz. Luego clasificó a cuatro consecutivos. Y ahora, porque quedó relegado, el diario Última Hora tituló con letras gigantes: “FRACASO”. Reflejo de cómo ha cambiado su mentalidad.

Magnífico. Si el 4-0 sobre Uruguay causó impacto, el triunfo de Colombia en Chile fue aún superior. En una eliminatoria es casi extraño imponer semejante superioridad en carácter de visitante.

Parecía que jugaban en Barranquilla, no en Santiago. Repitió la receta del juego ante Uruguay. Se paró bien lejos de su arco, atacó sin miedos, tomó las precauciones que corresponden a un equipo bien plantado, aunque sin exagerar. Y aprovechó su tremendo potencial atacante. Mucha gente dice “esto no es por Pekerman, es por los jugadores que tenemos”. ¿Y antes por qué no jugaban así?

Batman y Robin. Falcao y Teófilo pueden llegar a conformar una dupla como fueron en otros tiempos Bebeto y Romario, Marcelo Salas e Iván Zamorano o en la misma actualidad Luis Suárez y Diego Forlán. Falcao es más espectacular, Teo más talentoso.

Toqueteo. En la misma línea de Colombia fue lo de Venezuela. La siempre difícil visita al Defensores del Chaco la hizo fácil. Hundió a Paraguay, ¡y con qué futbol! Aprovechó toda la desesperación paraguaya, entró a tocar y enloqueció a los atribulados guaraníes.

Fue la Sinfónica de Caracas. Gran actuación de varios: el goleador Salomón Rondón, el bajito Luis Seijas, de una zurda picantísima, Arango, el lateral Roberto Rosales, Vizcarrondo, el notable arquero Daniel Hernández (Farías sentó a Renny Vega). Llegó con varios suplentes y juveniles Venezuela. Y dio una lección. Anoten un nombre: Josef Martínez, debutante. Promesa de muy buen jugador.

Excelente. El desempeño de Ecuador en Montevideo, también inscripto en la línea de los anteriores. Planteó el partido con autoridad, con futbol, sin temor. Fue decidido a ganar en el Centenario.

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En problemas 1. Uruguay sigue en el lote de arriba. Hace un tiempo ha perdido la potencia ofensiva, la frescura, el dinamismo que lo encumbraron en los últimos dos años. Y la defensa ya no se ve tan sólida. Lo insólito es que cayó abruptamente. Incluso el propio Maestro Tabárez lo reconoció: “Estamos jugando mal”. Tiene, como venimos apuntando hace meses, un problema de generación de juego: no hay una idea, una gota de talento que haga la luz entre tanto empuje. Es muy bonita la leyenda del coraje, y mil veces lo alabamos, pero también hay que jugar. ¿Se olvidaron?

En problemas 2. Chile tiene otra dificultad, se quedó sin pólvora arriba: Humberto Chupete Suazo, grandísimo jugador, está apagado, sin la chispa del goleador. Se lo ve gordo. ¿Y Alexis Sánchez...? El mejor elogio que podemos hacerle es que es un delantero sin gol. De los 12 tantos chilenos en esta carrera, sólo uno marcó su dupla de ataque: Suazo a Perú. Y de penal.

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