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El libreto que encontró el camino hacia el 30

Actualizado el 11 de mayo de 2014 a las 12:00 am

En el torneo donde por primera vez la afición pidió su cabeza, Rónald González guió a la S a esa perseguida gloria, esa que se fraguó a base de tropiezos y sudor

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Tres años, 360 días y cuatro técnicos después, Saprissa encontró el libreto que finalmente lo guió hacia la gloria del título 30.

Fue el tercer strike de Horizonte Morado y del propio Rónald González, ese timonel que por un breve momento también agotó la paciencia de la afición cuando el Verano apenas calentaba.

Hoy, con la reseca de un festejo tan esperado, pocos recordarán que el técnico al que la historia le apuntará el final de unas de las sequías más fuertes de la S en el pasado reciente, fue el mismo al que un estadio, casi al unísono, le pidió que diera el paso a un lado.

Él, directo y calmo como acostumbra, acogió la tormenta como el precio que todo estratega paga ante la impotencia y la frustración del público, y pidió perdón con la honestidad que solo los que sienten una camiseta pueden.

Era la primera fecha del torneo y las dudas afloraban junto a los mismos fantasmas de tantos fracasos previos, era una derrota ante un Pérez Zeledón que ganó con nueve hombres en Tibás, el inicio incompatible con un proceso, el primer paso hacia el campeonato.

Aprendizaje. Rónald González apareció en Tibás igual que lo hizo Alexandre Guimaraes poco antes, con una aura de salvador y la promesa de un cambio, todo adornado con el cartel de “hombre de la casa”.

Junto a él llegaron un puñado de refuerzos suyos, pedidos expresos para rodearse de nombres de confianza y alcanzar así una revolución que al final no pasó, pero que de alguna forma sentó las bases para lo que anoche se gestó en Tibás.

Ese torneo fue clave en el 30 porque le hizo ver a González el camino hacia la mejora, alejarse del pelotazo para apostarle al toque y la velocidad, un quiebre que quedó reflejado en aquel duelo ante Cartaginés que la S ganó luego de un violento golpe de timón.

El Invierno siguiente alcanzó para reforzar lo aprendido y dejar ver que se transitaba por el camino correcto, pero que al final la experiencia y la profundidad del banquillo aún faltaban.

Por eso aquel inicio con derrota en este 2014 era incompresible, y por eso tuvieron que comprar el perdón con un invicto de 20 juegos, un par de victorias a Alajuelense y un título para la historia.

Este Verano dejó ver por fin a un Saprissa de respuestas, un equipo que no se arrugó ante la presión o la desventaja y que, ya sea por convicción o por urgencia, siempre intentó ir hacia el frente.

Eso lo trajo González, con un libreto que casi siempre fue fiel a la ofensiva y que se instauró permanentemente en los suyos.

El timonel trazó tan bien el camino que Saprissa casi nunca tuvo que arriesgarse al terreno de las sorpresas, porque le bastó con apegarse a un sistema demasiado conocido pero difícil de contestar.

Así se curtió el libreto del 30, entre ensayos y penas, con esfuerzo y satisfacción.

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