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Una lección de orgullo, un corazón de campeón

Actualizado el 05 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Una lección de orgullo, un corazón de campeón

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                         Mínor Díaz se destapó con dos goles, el primero de penal.  Besó la gramilla del Rosabal Codero como agradecimiento. | EYLEEN VARGAS
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Mínor Díaz se destapó con dos goles, el primero de penal. Besó la gramilla del Rosabal Codero como agradecimiento. | EYLEEN VARGAS

Heredia. Frente a la orfandad en la que vive desde hace meses y las vergüenzas que afronta, el Herediano antepone algo que no se puede erradicar de los seres humanos que luchan: orgullo.

Anoche, tras una semana en la que se entrenó solo una vez, pues la administración sigue engordando las cuentas pendientes, el campeón nacional dejó ver que su corazón es tan grande como el apoyo que le da la afición.

Cuando se juega con orgullo y “hambre”, más que con cualquier otra cosa, la falta de entrenamientos no cuenta, pues el combustible es el coraje.

Así fue como Herediano entró al juego, sabiendo que solo con victorias llevarán gente al estadio y el dinero a sus bolsillos.

La reciente expulsión de Waylon Francis, titular en la banda izquierda local, deparó ayer la sorpresa de un Mauricio Núñez con poca participación, pero que anoche destacó con despliegues que mantuvieron a raya a Andrey Francis, hermano de Waylon.

Sin muchas variantes en el esquema táctico, con cuatro en el fondo, dos contenciones, dos laterales, un enganche y un delantero, el Team se apostó en la cancha dispuesto a no generar lástima.

En el otro bando, Limón quiso aprovecharse de la situación florense y colocó tres delanteros (Cameron, Cooper y George).

Mas fue Herediano el que golpeó primero, gracias a una falta que Jesús Camacho le cometió a Esteban Ramírez dentro del área.

La jugada fue una de las tantas que tuvieron los locales en la primera parte, mientras que de Limón las noticias fueron escasas.

El castigo de penal lo cobró y materializó Minor Díaz, quien confirmó su comunión con los colores del club al besar la gramilla.

Tal gesto de Díaz, que mantuvo un cerrado pique con Ricardo Allen y Alvin Bennett, fue acicate para sus compañeros, quienes pelearon cada balón sin dejar nada.

Y es que los florenses, huérfanos en un club sin rumbo, han construido un equipo rebosante en temple, aunque la plata no alcance.

Y fue ese mismo temple el que marcó el 2-0, cuando Díaz cerró con cabeza un centro de Elías Aguilar, otro “chico” de enorme calidad.

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Limón estuvo irreconocible. No pasó de remates insulsos y atolondrados. Herediano, por su parte, fue orgullo y corazón.

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