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Equidad en méritos y errores

La justicia impuso su ley en un epílogo de infarto

Actualizado el 11 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Las opciones de gol fallidas y el cansancio le pasaron la factura al Deportivo Saprissa

Puerto se recuperó en el complemento y logró igualar, más allá de sus carencias

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La justicia impuso su ley en un epílogo de infarto

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Puntarenas. Si un juego es intenso y espectacular, no admite anticipos de pitonisa ni falsas teorías, como esa de que una ventaja parcial de dos goles induce a engaño.

Ayer, al tenor de un mediodía con sol, asfixia y sensación de olla mágica, presenciamos un duelo de poder a poder entre el toque y la proyección del Saprissa en muchos lances, y la ulterior entrega porteña en un cierre de infarto.

Del 0 a 2 parcial para los morados al final de los 45’, el marcador derivó en un 2 a 2 que resultó tan justo como definitivo. ¡Juegazo!

En el arranque, el buen toque y las punzantes corridas tibaseñas denotaban que la filosofía de Rónald González comienza a trascender del pizarrón al césped.

Con el envidiable despliegue de Eder Nelson y de Moisés Hernández por los costados; con el pulmón y el talento de Diego Madrigal, Saprissa empezó a pesar en la zona represiva rival, sin olvidar el respaldo de Yeltsin Tejeda y de Luis Diego Cordero, convertidos en poleas de arrastre.

Toque, avance y ¡bombazo! En tránsito por el minuto seis, uno de esos avances lo tomó Cristhian Lagos. El artillero lanzó un dardo que desvió el arquero Carlos Díaz en forma espectacular.

El rebote lo tomó Madrigal, dio a Yelstin y un obús con curva aterrizó en las redes. 0 a 1 y ventaja.

Entre tanto, sin atenuar del todo el dominio del rival, los hombres de Victorino Quesada procuraban buscar el área adversaria.

Entonces, el partido se tornó de ida y vuelta. En ese afán destacaba Diego Brenes con su perfil de arquitecto, bien secundado por el quehacer de Johan Venegas y la picardía de Bryan Sánchez.

La presión porteña pareció que surtía efecto al 38’. Pero De Lemos transmutó en felino y desvió un trallazo de Roberto Wong.

Cuando los equipos se disponían a ir al descanso, Cristhian Lagos persiguió un pase largo de Tejeda, le ganó el viaje al guardameta Díaz y anotó el 0 a 2 parcial.

De doble filo. En el primer cuarto de hora, en instantes en los que los hombres de González controlaban los tiempos del juego, el arquero Adrián de Lemos pidió un chance para cambiar sus botines.

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El árbitro Henry Bejarano contabilizó el trámite. Más allá de la veracidad en la intención de De Lemos, cabe mencionar que la táctica del congelador se convirtió en arma de doble filo.

A nueve minutos del último pitazo, De Lemos rebotó un balón que aprovechó Bryan Sánchez. 1 a 2.

Y en un giro de sobrevida, al 93’, la presión de Bryan volvió a explosionar en el fondo del tejido. 2 a 2.

La justicia impuso su ley.

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