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La huella que queda es grande

Actualizado el 04 de enero de 2013 a las 12:00 am

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La huella que queda es grande

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Ayer Óscar Ramírez abandonó las filas alajuelenses, pero lo hizo dejando una gran huella.

No exhibió el futbol más vistoso del mundo, pero fue tan efectivo como se puede ser. Eso a veces cuenta mucho más. A continuación el por qué.

El Machillo fue campeón costarricense en cuatro de cinco torneos que dirigió a los rojinegros, luego de que el club viviera cinco años de una agobiante sequía.

Ganó el título en su debut en el banquillo manudo durante el Invierno 2010, para repetir en el Verano 2011 e Invierno 2011. No clasificó a semifinales por un punto en el Verano 2012, pero retomó la ruta del éxito en el Invierno 2012.

Además, los regresó al plano internacional con dos participaciones al hilo en la Liga de Campeones de Concacaf y una más que ya está asegurada. Aquí aparece su única deuda, pues no pudo avanzar a la ronda de los cuartos de final en las ediciones 2011-2012, ni 2012-2013. Ya no estará en la del 2013-2014.

Asimismo, reenamoró a la afición eriza de su equipo: las encuestas de la empresa Unimer para La Nación de los últimos años señalan a la Liga como el equipo con más seguidores del país y los datos de Unafut indican que sus taquillas fueron las más altas de toda la Primera División.

Y quizás, gracias a todos los factores anteriores, hasta fue pieza clave en la recuperación económica de la institución, que poco a poco va saliendo a flote de millonarias deudas con entidades estatales.

Sin duda no será fácil encontrarle un sustituto a quien hoy comparte el premio del entrenador más exitoso de la historia de la Liga junto a Salvador Soto, el Indio Buroy.

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