| Con humildad y trabajo, su mejoría es ejemplar

La historia de película de Lagos

El delantero no para de sorprender y ya lleva 13 goles en el Invierno 2012

Su éxito en el país está probado y ahora busca mostrarse con la Selección Nacional

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La historia de película de Lagos - 1
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El delantero del Santos de Guápiles Cristian Lagos refrescó el futbol costarricense por todo lado.

Su fuerte historia, su humilde verbo, su gran crecimiento deportivo y su alto número de goles son para hacer una película de superación, dentro de un ambiente comúnmente cargado por personalidades confundidas por falsa fama y expectativas de cheques gordos.

Ya hubo presentación del personaje y el respectivo desarrollo. Además, aconteció el obligatorio tropiezo. También uno diría que el guión, el cual anda por la búsqueda de un segundo título de goleo y el próximo estreno con la Selección, vive actualmente su clímax.

No obstante, está en el propio Lagos, el héroe del filme, decidir la certeza de esa última premisa.

¿Adonde estaría este jugador corpulento y de casi 1,90 metros de estatura de haber tenido una crianza futbolística normal? Es decir, escuela de futbol, liga menor y un debut profesional bien llevado. Si sin nada de eso está triunfando, ¿qué hubiese pasado con eso?

No fue así. El protagonista todo lo hizo sobre la marcha. Fue lo único que le permitieron sus posibilidades. Lo único que le permitió una dura vida.

Poco tiempo y espacio tuvo para depurar su técnica y limar sus debilidades, pues la mitad de sus años los distribuyó entre bananeras y el plantel del ICE. El futbol casi siempre era una recreación para algunos ratos libres..., pero no muchos.

En la cancha. Empero, un olfato goleador como pocos han aparecido en las últimas décadas en el país (tal vez el de Álvaro Saborío, por citar a un jugador con características similares), lo mantuvo ligado al futbol. Posteriormente, lo metió de lleno. Primero con Turrialba, luego con Brujas y después con la Liga. Hasta ahí todo bien.

Los colores rojinegros lo despertaron del sueño. La presión de ganar a diario, tanto del técnico, como de la afición y de la directiva le desnudaron sus limitaciones a más no poder. La puerta de atrás y el retiro en silencio lo acosaron... Resistió.

Ese carácter, curtido al igual que sus manos de peón, lo sacaron adelante.

Decidió darle una oportunidad más al futbol y la pegó.

Encontró casa en Guápiles y puso en práctica lo que aprendió como esponja durante los dos años y medio anteriores. Volvió a sacudir las redes y con su cabeza y sus pies puso a Santos en una final, la cual perdió. no sin antes lucharla solo como él sabe: a muerte.

Desde ahí, todo fue sobre ruedas. No paró de crecer. Mejoró su peso, su juego aéreo, sus desplazamientos, su pivoteo, su juego con izquierda, su remate con derecha, su pique en corto, su conducción. En fin todo. Ahora es el delantero más temido del futbol tico. Colaboró con la entrevista Harold Leandro C.

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