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La calle fue su universidad

Un gringo peculiar abre la cancha en Facebook

Actualizado el 18 de mayo de 2013 a las 12:00 am

El nuevo administrador del Herediano sufrió mucho en el colegio por su forma de ser

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Hace poco David Patey caminaba con una de sus hijas por Multiplaza viendo tiendas, cuando de pronto una señora de 70 años lo detuvo, llamó a gritos a su marido –unos metros adelante– y le dio las gracias por los comentarios en Facebook.

“Usted no sabe cuánto nos gusta su Facebook, entre nosotros tenemos una regla, no podemos leer sus post si no está el otro (presente), nos hace mucha gracia y, le confesamos algo, antes éramos liguistas, pero ahora nos hicimos heredianos”, le dijo la señora a Patey.

La anécdota retrata fielmente el fenómeno de este estadounidense desde que hizo su aparición en el futbol tico como pretendiente –hoy administrador– del Herediano.

Y es que Patey, nacido en Israel hace 36 años, ha caído como bálsamo en una institución que mañana iniciará una serie que podría darle el título número 23 de su historia.

Esa forma de ser espontánea, con mucho de tica linda, mas sin llegar a bombeta, le ha valido el “abrazo de gol” de amigos y rivales.

Pero, aunque hoy la vida, el futbol y el Facebook le dan “me gusta”, hubo momentos en los que ser extrovertido no era del todo bueno.

“Nunca terminé el colegio, a los 16 años me salí porque era una distracción en las clases, hablaba mucho. Recuerdo que en sexto grado, cuando tenía 11, una maestra, miss Dorothy Foster, le dijo a mis papás: ‘David va a ser una de dos cosas: una autoridad en la iglesia o va a la reforma’”, recuerda Patey.

Ante tal sentencia, el desafío era grande en un chico que vio cómo su padre, Kenneth, pintor de rótulos y vallas, perdió la vista cuándo él tenía 10, y su madre, Sharon, tuvo que hacerse cargo de los dos hermanos menores y los ocho mayores.

“Floté en la vida... nadie me preguntaba si había hecho las tareas o no. Sabía que tenía que estar en mi casa en dos momentos: al almuerzo y a la cena, pero en el resto del día andaba por donde quería”.

A los 16, cuando ni la iglesia –es mormón– le importaba, dejó las aulas y se fue a trabajar con Mark y Mike, hermanos mayores, quienes tenían una empresa constructora y otra que vendía jacuzzis.

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“Me dediqué a trabajar y ganar plata, entendí una cosa: trabajo duro, gano dinero. Le prestaba plata a mis amigos, a veces $5 o $10, o les compraba comida rápida”.

Un año después se fue a vivir con su hermana mayor Candis y con Rob, esposo de esta, y con ellos, según dice, cambió la vida.

“Rob, quien murió hace como seis meses en un accidente de avión, fue espectacular, me llevaba desde temprano a su finca a recoger paja y dar de comer a las vacas, empezaba desde muy tempranito”.

A los 19 se fue al servicio de dos años que hacen los mormones fuera de casa, regresó, y a los 22 conoció a Lori, con quien se casó.

“Me compré un camión y tres contenedores para montar una empresa de recolección de basura en las construcciones, además de que vendía cercas para jardines”.

Costa Rica. En el 2003 vendió ambas compañías, la primera ya con tres camiones y 60 contenedores, y se vino a tierras ticas junto a Lori y dos de sus hijas a estudiar español.

En su primera etapa estuvo dos años, volvió a Utah, y en el 2006 regresó al país como obispo de Escazú de su iglesia, cargo ad honórem que desempeñó por cinco años.

“Mi esposa puso una constructora –de casas– y yo la empresa que gestiona préstamos: uno necesita plata, otro la tiene, yo hago el contacto y luego recibo comisión”.

Aquel que sufrió por ser “hablantín” hoy abre la cancha con abrazos de gol, y, hasta ayer, 28.188 seguidores de Facebook.

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