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Una flaqueza de Allen Guevara inclinó la balanza del clásico

Actualizado el 02 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Una flaqueza de Allen Guevara inclinó la balanza del clásico

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La patada artera, la flaqueza o la irresponsabilidad de Allen Guevara, como quiera llamarle, le dio ayer un giro al clásico cuando aún la Liga saboreaba el empate.

Al minuto 55 de juego, con un Saprissa impetuoso, pero controlado, el pequeño futbolista erizo cometió el pecado de agredir a Michael Umaña sin balón a poco menos de dos metros del juez.

De inmediato, el silbatero corrió hacia la escena y, sin dudarlo, se llevó la mano derecha al bolsillo del mismo lado para mostrarle la roja al manudo.

Dicha acción, punible desde todo punto de vista, desvió hacia el bando local el encuentro, que hasta ese momento podía ser definido por cualquier equipo.

El gran error de Guevara, imperdonable en un futbolista profesional, desordenó el planteamiento de Óscar Ramírez, quien tenía en el guanacasteco a su mejor hombre en ofensiva, siempre punzante.

Guevara no puede creer que le hayan expulsado, pero la seguridad del juez central no deja la menor duda de que es culpable.  | ALEXÁNDER OTÁROLA
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Guevara no puede creer que le hayan expulsado, pero la seguridad del juez central no deja la menor duda de que es culpable. | ALEXÁNDER OTÁROLA

Apartando el yerro, Allen había sido el mejor rojinegro.

En el primer tiempo, en dos y hasta en tres ocasiones, él había llevado la voz cantante de una ofensiva pobre, pues solo contaba con Jerry Palacios como delantero nato.

Los buenos momentos de Guevara, habilidoso y veloz, tuvieron su éxtasis al minuto 23, frente a tres defensores saprissistas a los que dejó mareados al costado derecho del área tibaseña.

Él y Manfred Russell fueron en la primera parte los mejores.

Mas todo cambió cuando, tras una aproximación manuda, por demás inofensiva, vino la patada de Guevara a Umaña, quien es cierto que “tocó” a Guevara y le agarró de la pantaloneta, pero eso no justifica la agresión.

Para conocer la razón de tal flaqueza, al final del partido, y luego de una espera de 45 minutos frente al silencioso camerino rojinegro, se le quiso preguntar a Guevara por qué lo había hecho, pero, escoltado por Carlos Chamberlain, directivo manudo, respondió: “No me dejan”, y señaló a la persona que lo acompañaba.

De seguido el dirigente emitió una respuesta tan poco oportuna como la anterior: “Mañana”.

Aunque el silencio le escudó, Guevara no pudo ocultar que su flaqueza inclinó la balanza.

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