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El exilio voluntario dejó renovado a Óscar ‘Machillo’ Ramírez

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Ramírez estuvo cuatro meses lejos de cámaras y micrófonos; ahora vuelve a la carga

En entrevista con La Nación el técnico manudo llenó algunos vacíos de su partida

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El exilio voluntario dejó renovado a Óscar ‘Machillo’ Ramírez

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Óscar Ramírez volvió al banquillo tras cuatro meses en la sombra. Perdón, no en la sombra, más bien bajo el sol de su finca en Hojancha, Guanacaste, sitio donde se recluyó luego de renunciar sorpresivamente a dirigir a Alajuelense.

Nadie lo entendió. Justo acababa de obtener su cuarto título en cinco torneos. Justo se acababa de convertir en el entrenador más ganador de la historia rojinegra.

Óscar Ramírez, entrenador de Alajuelense
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Óscar Ramírez, entrenador de Alajuelense (Alexánder Otárola)

Fue un 3 de enero cuando el Machillo salió muy campante del Alejandro Morera Soto sin decir absolutamente nada de la carta con el "no más" que le dejó en las manos al presidente Raúl Pinto.

Fue un 14 de mayo en que evadiendo por completo la polémica de su salida volvió a aparecer firmando un nuevo contrato con los manudos como si fuese lo más normal del mundo.

Fue un 8 de agosto cuando finalmente decidió llenar gran parte de los vacíos que había dejado en su historia con una entrevista exclusiva a La Nación.

No fue fácil, pues asumió la misma con la inteligencia con la que antes jugaba y ahora dirige: enfrenta cuando tiene ventaja, regula cuando se le complica.

Pero sí fue amena, ya que el tiempo lejos de la cancha le recargó las pilas y le devolvió la ilusión. El Machillo viene renovado para este Invierno 2013.

Tanto así, que lo que inició como una entrevista con uno de los técnicos más reservados de la Primera División, terminó siendo una conversación de casi una hora,la cual tuvo que finalizar solo porque sus jugadores lo esperaban en el terreno de juego para entrenar.

Nadie duda de que usted necesitaba descansar, pero ¿hubo o no hubo algún problema con la dirigencia?

Yo aclaré esos problemas con el presidente (Raúl Pinto) el 25 de diciembre. Hablamos y me dijo que iba a haber mejoras. Entonces me fui a Hojancha, pero ahí pasé ocho días en que no conciliaba el sueño. No estaba bien, no tenía ganas de nada. Hasta mi señora me decía que me veía diferente, que era como un fantasma. Me decía: 'Papi, lo veo tenso, lo veo gordo, en las madrugadas da vueltas para acá y para allá, estoy preocupada'. Ya el 3 de enero (día de la renuncia), cuando venía camino al estadio, sentía como un rechazo hacia todo. Ahí dije 'o me intereso en mi o nadie lo va a ser', porque Dios guarde pasará algo, más que todavía tengo a los chiquillos pequeños.

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Se habló de que una de las molestias era las ventas de jugadores y hasta que un jugador le dijo a la prensa la alineación de la final ante Herediano, ¿tuvo eso que ver?

Vos me decís eso, pero (Marcelo) Sarvas se fue, (Jonathan) McDonald se fue, pasé muchas de esas. Sí preocupa, porque son cosas acumulativas, pero en ese momento fue más lo que estaba sintiendo físicamente que cualquier otra cosa.

¿Pero entonces qué pasó?, porque el día que ganó el título, todo el país se dio cuenta que usted salió molesto...

Es que había cosas a lo interno. Hubo una situación "x" en la que hasta estaba incluida la prensa y yo no pude defenderme. Eso me tenía molesto. Es más, hablémoslo claro: fue aquella situación con el muchacho de Limón (Luis Fernando Fallas) durante la semifinal. Yo ya le había dicho a la dirigencia (que ya se había acercado a Fallas) que no lo quería a la par mía en el banquillo, pero la prensa le puso morbo de que, como yo lo había desechado, si me ganaba, me podía quitar el puesto. Sentí como que todo lo estaban planteando para quitarme. Jugar esa semifinal fue más difícil emocionalmente que hasta la misma final, porque él mandaba mensajes a los periodistas y a mi preguntaban que qué opinaba, como tratando de hacerme entrar en un juego que no quería. Por ética preferí callarme.

¿Por qué?

Porque así soy yo, si siento que puedo hacer más problemas hablando, prefiero guardarlo. Va con mi personalidad. Yo soy el mayor de mi casa y siempre tuve sacrificarme en algunas situaciones por mi familia y mis hermanos. Creo que fue una decisión acertada, porque no jodí a nadie.

A uno desde pequeño le dicen que guardarse las cosas es malo...

Es que también tengo buen control de las emociones. Yo sabía que si decía algo se iba a armar un polvorín. Es cierto que cuando hay mucho acumulado se puede perder el control, pero por dicha esa parte mía me dijo: 'ojo, mejor no diga nada'

¿Se sufre tanto en el banquillo? Por que en otro caso conocido,  Josep Guardiola también tuvo que descansar, pues parecía que tampoco estaba disfrutando...

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Sí se sufre mucho. Más cuando uno jugó 15 o 16 años. Ahí uno sabe que es uno más de los 22 jugadores, si acaso con nua responsabilidad del 4% o 5%. Además, uno jugaba y botaba toda la tensión. Como técnico no se puede, es algo más mental. Se está inmiscuido en todo, no hay desahogo. Por ejemplo, uno gana y está contento, pero se va al calendario y dice 'puta, viene este otro'. Vas para la casa y vas recordando el partido. Hasta cuando uno es campeón lo que piensa es que ya el otro torneo está encima. No hay ese espacio para gritar.

¿Entonces cómo disfrutarlo?

Es que hay que tener pasión. Podés preguntarle a Mauricio (Montero), es algo que está impregnado en nosotros. Igual debe ser en periodismo, que te pueden decir, esta otra carrera tiene más ventajas, pero no te gusta.

Pero entonces lo que sentía era muy serio, por que básicamente lo que usted hizo por todo ese tiempo fue recluirse en Hojancha. Incluso, La Nación lo fue a buscar allá y usted ni siquiera salió. Nunca habló con nadie...

Es que en ese momento yo lo veía muy simple. Yo solo no quería más. No quería explicarle a nadie nada. Igual me pasó cuando salí de Alajuelense como jugador (1993), porque obvio que pasaron cosas para que yo tomara una decisión tan jodida. (Jorge) Chévez me lo dijo cuando yo era un notavo: entre más lejos de la prensa, mejor. Acepté el consejo y siempre fui así.

Los periodistas de más experiencia dicen que efectivamente usted también era callado como jugador...

Yo pude haberme aprovechado de muchas cosas, pero no quería. Los dos primeros años que jugué fueron los más lindos, porque no sabía lo que implicaba estar en Alajuelense. Luego me di cuenta de lo que era el fútbol profesional, de lo que implica la fama. Vi todo eso y no se si será Dios o que, pero dije 'opa, eso es peligroso'. Preferí no ser famoso. Sé que suena contradictorio, ser futbolista y no famoso, pero lo que quería era que no me reconocieran mucho. Todavía quiero ese intermedio.

¿Cuál fue su rutina en esa reclusión?

El primer mes y medio solo quería levantarme y tener la mente descansada; no preocuparme por el fútbol. Extrañaba el hecho de despertarme y tener la mente en blanco, saber que la doña me iba a poner en la mesa una taza de café y unas frutas y lo demás en blanco. Recordé que era ir a cortar el zacate sin que nada más importara. Antes, por dos años y medio nunca tuve un día tranquilo.

¿Vio fútbol?

Al principio veía el tele de pasadita y ya. No quería involucrarme más porque sabía que estaba muy saturado. Busqué como liberarme, no saber más de fútbol en ese momento.

¿Su familia le reclamó el algún momento falta de tiempo o descuido?

No, no, mi señora se preocupó por mi salud. Cuando me dijo que no me veía bien, era por mi, no por ella. Ella es muy incondicional. Ya tenemos 22 años juntos. Es más, cuando me le declaré, cuando hablamos de ser novios, le dije que tenía que adaptarse a que si una muchacha llegaba a darme un beso o que le firmara algo, lo nuestro no serviría si era celosa. Nunca tuvimos un problema.

Ya conociendo todo esto, ¿dejaría a alguno de sus hijos meterse en fútbol?

Yo tengo fotos de un año ya con una bola, así que el fútbol siempre estuvo muy arraigado en mi. Pero hay una cosa que yo le agradezco a mi papá: nunca me criticó ni obligó a nada. Yo sabía que estaba en algún lado de la cancha, pero nunca influyó en las decisiones que tomé. Ahora, con mi hijo menor, Andrés, (está en ligas menores de Belén), yo quiero hacer lo mismo que mi padre. Que él tome sus propias decisiones. Lo único que le he dicho es que 'si querés mejorar en esto, dejá de jugar nintendo o ver téle, trabajá más en esto', pero nada más. Nunca lo voy a invadir, ni para sí, ni para no. Es igual con los demás: la mayor, que estudia odontología, tomó esa decisión.

Tras ese descanso, ¿se verá a un Óscar Ramírez más sonriente en el banquillo?

Esa es la idea. Yo quiero disfrutar más. Intentaré estar más tranquilo, no quiero volver a sentirme como esa vez.

Ese cambio de mentalidad se relaciona con el cambio físico, porque lo veo más delgado que en mucho tiempo...

He perdido cualquier cantidad de kilos. La bicicleta me ayudó mucho, la dieta también. Más bien, estoy feo con el tema de la ropa; las camisas y los pantalones me quedan muy grandes. Me da risa porque me pongo algo y tengo que decirle a mi mujer que ya no me sirve porque parezco un payaso. Pero gracias a Dios por el cambio, me siento mejor.

También hay cambio de look... El peinado, la vestimenta...

Me han dado consejos. No voy a cambiar como soy, porque yo soy este Óscar Ramírez en la calle y en mi casa, pero pensé que en esto también está envuelta la institución y tengo que reflejar cosas de ella. Antes me enfoqué más en lo deportivo, pero aprendí que también está la parte externa. Vamos a ver cómo me va.

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