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El ejemplo de que hay que sufrir para triunfar

Actualizado el 12 de enero de 2013 a las 12:00 am

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El ejemplo de que hay que sufrir para triunfar

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Alajuela. Hay unas historias que son propias de mártires. Algunas que son de leyendas urbanas. Otras que pertenecen a ejemplos reales de perseverancia.

De esta última clase es la del portero Patrick Pemberton , designado tanto como el mejor portero del Invierno 2012 , así como el mejor futbolista. Punto.

Todos conocen sus más recientes atajadas, basadas en reflejos felinos producto de una mezcla de su raza y su trabajo duro.

Sin embargo, no muchos conocen su pesada historia.

Una que lo llena de alegría cuando su memoria viaja a su infancia y adolescencia y recuerda sus primeros pasos en el futbol.

Una que lo carga de nostalgia cuando regresa en su cabeza a esos primeros contactos con el profesionalismo, los cuales le presentaron de golpe con el lado oscuro y cruel del deporte.

Una que lo hincha de orgullo cuando finalmente se ubica en el presente y saborea todos los éxitos que está cosechando.

Pemberton compartió ayer con el diario La Nación, de forma exclusiva, una conversación tan rica como reveladora, que lastimosamente no cabe de forma completa en estas líneas.

Momentos. Habló de cuando recibió ocho goles en un solo tiempo y, con un berrinche por los errores de sus compañeros, dejó los guantes por un rato. También de cuando quiso ser volante de contención y no lo hacía del todo mal.

Ambas experiencias vinieron cuando estaba en una filial l de la Liga en su natal Limón. Todo esto lo dijo con una sonrisa.

Luego se refirió a tres fracturas que sufrió en su carrera: una de ellas en el codo, que casi lo deja sin futbol y otra en el cráneo que casi lo deja sin vida. Tampoco pudo obviar el desastroso partido de vuelta de la final en el Invierno 2008 ante la S, el cual le costó el título, el puesto y el respeto.

Todo antes de poder afianzarse con un nombre en el primer plantel de Alajuelense. Aquí el gesto fue pura amargura.

Finalmente, mencionó cómo desde el banquillo entendió qué tenía que mejorar, cómo el preparador de arqueros Paul Mayorga lo pulió y cómo Óscar Ramírez le dio otra oportunidad. A su vez, no dejó a un lado su primer roce con la Sele y el impacto de las palabras de Jorge Luis Pinto cuando le ofreció adjetivos de excelencia.

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Esta es su realidad y se ve que la disfruta. Para este instante su rostro ya es solo satisfacción.

Hasta ahí llegó el relato. No porque tuviera un mal final, si no porque aún está lejos de darse. Si duda, a sus 30 años, Patrick Pemberton todavía debe capítulos.

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