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Rónald González: El campeonato que se gestó entre lágrimas

Actualizado el 12 de mayo de 2014 a las 12:00 am

El técnico morado recordó los tropiezos de un Verano que inició mal para la S

También reveló episodios de su lucha personal y las dudas que hubo en el camino

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Rónald González: El campeonato que se gestó entre lágrimas

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“Ese día cuando llegué a mi casa hicimos una oración mis hijos, mi esposa y yo, lo pusimos todo en manos de Dios. Mi hija la hizo porque yo no podía ni hablar, estaba demasiado afectado, pero de ahí tomamos fuerza como familia y eso fue el pilar, lo que me levantó”.

Así acabó el 12 de enero de 2014 para Rónald González, aquel domingo en el que el campeón nacional se estrenó en su Verano, la primera vez en todo un año que la afición pidió a viva voz la salida del estratega que por fin encontró el camino hacia el prometido 30.

Era la respuesta a perder contra un Pérez Zeledón que no solo salió con tres puntos de Tibás, si no que, para vergüenza morada, lo hizo con dos hombres menos.

Ahí se agotó la paciencia de una feligresía que le había perdonado a González dos fracasos previos y otros tantos más a sus tres antecesores en el banquillo tibaseño.

“Fue un momento duro, uno como técnico sabe y está expuesto a eso, pero que un estadio con 10 o 12 mil personas te cante tu nombre para que salga de lo que uno cree que está haciendo bien es muy duro.

“Ahí me cuestioné si haber venido de Guatemala y dejado cosas importantes allá valía la pena, pero decidí enfocarme en que llevarme ese leñazo de entrada en Costa Rica era porque así lo quería Dios, y que ya que estábamos en esto, había que echar para adelante”, aseguró el timonel morado.

No fue fácil, a esa caída le siguió un sufridísimo triunfo como local ante la UCR y luego dos empates consecutivos: el primero contra Carmelita en un partido que parecía ganado , el segundo ante Limón con el peso de aquel penal que Daniel Colindres desperdició.

Fiel a la costumbre, Rónald González levantó la copa junto a Gabriel Badilla, su capitán.  | RAFAEL PACHECO
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Fiel a la costumbre, Rónald González levantó la copa junto a Gabriel Badilla, su capitán. | RAFAEL PACHECO

“Ese partido de Pérez Zeledón y el de Limón fueron los momentos más duros de este torneo, porque futbolísticamente íbamos bien pero faltaba más y había que tener paciencia, y paciencia era lo que no había en la grada”, añadió.

Pero mejoró, al punto de que en su tercer mandato se llevó el cetro como el líder de la fase regular, con el equipo más goleador y el menos batido, con el único de 12 equipos que solo perdió dos veces.

Ese fue el sufrimiento que sus lágrimas lavaron el sábado por la noche, el desahogo que aquel abrazo efusivo con Randall Row, otro pararrayos de críticas, coronó.

“Esas lágrimas significan cosas que no les puedo decir, cosas que se dieron en el camino y que como entrenador pasé, porque no fue fácil, porque este título no se gestó hoy...

“Tuve que aprender, cambiar cosas y corregir, costó, por eso termina el partido y lo único que hago es darle gracias a Dios, se me vienen a la menta mi esposa, mis hijos, mi mamá y mis hermanos que sufren por mí siempre, y también después me alegro por la gente, porque sé lo que esto significó para todos”.

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