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Análisis de la eliminación morada

A Saprissa le faltaron piernas para llegar a la final

Actualizado el 11 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

La ausencia de los lesionados y el poco aporte del banquillo fueron cruciales

Las decisiones técnicas y la falta de corazón también se reparten la culpa

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A Saprissa le faltaron piernas para llegar a la final

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Conferencia de prensa: Alajuelense vs Saprissa (René Valenzuela)

Las razones para explicar el fracaso morado en este Torneo de Invierno podrían ser tantas y tan variadas como aficionados tiene Saprissa, pero nadie puede ocultar que hay una que todos tienen en común: la falta de piernas.

Si alguien duda del golpe que representó la maratón de bajas en Tibás, la estadística no miente: desde aquella lesión de Mynor Escoe ante la UCR, los morados perdieron perdieron cinco juegos, empataron dos y ganaron otros cinco.

Ahí hubo de todo, desde las aparatosas caídas ante Herediano y Alajuelense hasta aquellas menos presupuestadas como la de Uruguay, pero todas decisivas en que al final el que fuera líder invicto clasificara como tercero.

Que quede claro, los morados ya demostraron que la ventaja deportiva no es una garantía de éxito, pero sin duda sí es un factor que hubiese cambiado todo el panorama.

Pero si se hila más fino, los florenses también tuvieron sus episodios de mala suerte, con lesiones puntuales como las de Yendrick Ruiz y Víctor Núñez o las recurrentes sanciones del Mambo, pero en todas ellas el banquillo respondió, eso es lo que no pasó en Tibás.

Saprissa no solo extrañó a sus titulares sino que naufragó en hombros de los suplentes, un banquillo que en principio se decía profundo pero cuando la urgencia llegó se vislumbró demasiado escaso.

También pasó que aquellos que estaban llamados a ser las grandes revelaciones del Invierno no lo fueron, una lista encabezada por Diego Estrada, ese talentoso creativo que está claro sufre de largos episodios de intermitencia.

Y finalmente está el peso del pizarrón, una responsabilidad de la que difícilmente algún técnico se escapa y donde Rónald González tampoco es la excepción.

En partidos cruciales el timonel falló, como en aquel furibundo clásico del 4-4 que acabó con paridad solo gracias al coraje que aplicaron sus dirigidos aún bajo el peso de un sistema diferente.

También podría meterse este último duelo con Alajuelense, donde Óscar Ramírez volvió a darle una lección de cómo, aún dejando el espectáculo de lado, se puede acceder a una final.

Si a todo eso se le suma que en esta joven planilla no a todos les pesa la camiseta por igual, el resultado final es tan evidente como preocupante para la S, que desde el lunes empezó a vivir con el peso de la que ya es su peor sequía de títulos en la historia: siete torneos sin final y contando.

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