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Liga de Campeones de Concacaf

Saprissa fabricó la magia con toda superioridad

Actualizado el 24 de octubre de 2014 a las 12:00 am

Con táctica y riñón, Saprissa superó al Kansas City por 2-0 y ganó el grupo 2

Mora y Rodríguez anotaron los goles con el empuje de una Cueva muy motivada

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Saprissa fabricó la magia con toda superioridad

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Ariel Rodríguez (fuera de foco) ya cerró la pinza para anotar el segundo gol. Keilor Soto (19) y David Guzmán (20) comienzan el festejo, mientras sus rivales sufren la eliminación. | RAFAEL PACHECO

El ensueño que vive el fútbol tico Saprissa no lo podía desentonar, menos faltarle a la cita que Alajuelense y Herediano le habían propuesto en los cuartos de final de la Concachampions . Avanzó y lo hizo con la lección que enseñó la Sele , que la magia se fabrica con buena táctica y mucho riñón.

A la noche mágica que proponía la feligresía morada solo le faltó el ingrediente del sufrimiento, porque el Monstruo solo metió los dos que ocupaba, mas tuvo para golear y el Sporting Kansas City en nada se pareció al campeón de la MLS o al equipo que tan bien jugó en su patio por allá de setiembre.

Si la calidad del rival fue exigua, eso poco o nada le puede importar a una S que hizo un partido inteligente, supo explotar las cuantiosas debilidades de la visita y manejó el influjo de la Cueva para mantener vigente el sueño de que este año, este gran 2014, el balón corre con los colores azul, blanco y rojo.

Y eso que lo de la magia fue menguado, pues la realidad indica que el triunfo se amasó con mucha ciencia y poco secreto. Lo logró el buen planteamiento de Jeaustin Campos, lo incansable de Heiner Mora, el goleo oportuno de Ariel Rodríguez y el buen toque que David Guzmán y Juan Bustos Golobio –ya como los caciques del equipo– ejercen en la mitad del terreno.

Cuantificar el dominio. A Saprissa le tomó un cuarto de hora descifrar al rival y meter a la Cueva en el partido. Y cuando lo hizo no volvió a compartir el protagonismo.

Fueron más de cinco minutos de insistencia que encontraron premio al 21’, con la complicidad del portero Eric Kronberg, quien soltó el cabezazo de Alexánder Robinson para que Mora pateara al fondo.

El encuentro cambió de dimensión con la apertura del marcador. Los jugadores del Sporting empezaron a caer lesionados –el capitán Benny Feilhaber al 40’ y Juliao al 44’–, y la S a perdonar las opciones que con facilidad creaba.

En particular dolieron un centro de Mora que Saucedo envió a la grada, y un contragolpe que Guzmán falló en finiquitar, ambas sobre el final de la inicial, cuando la afición seguía comiendo uñas.

Para fortuna morada el vendaval no paró con el entretiempo y apenas reiniciado el juego ya estaba el Sporting otra vez encimado.

Un minuto tomó que Mora devolviera la bola al área chica para que Rodríguez ascendiera a la cima de la tabla de goleadores de esta Concacaf y ratificara la presencia saprissista entre los que pelearán por boleto al Mundial de Clubes.

El resto fue ejercer de Monstruo benevolente: perdonar una y otra vez al rival vencido. Cuando se fue Saucedo entró David Ramírez a fallar goles, pero la noche tibaseña era demasiado fresca y agradable como para que mediara ese refrán que castiga al que perdona.

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